Los verdaderos Paladines de la Libertad







Por Roberto Escobedo Caicedo
bert.caido@gmail.com


Se están cumpliendo veinte años de la desmovilización unilateral de los efectivos de la Resistencia Nicaragüense. Sus Fuerzas de Tarea se nutrieron con los miles de campesinos liberales y restos de la Guardia Nacional de Nicaragua que empuñaron las armas para devolver al pueblo nicaragüense el conjunto de sus libertades fundamentales, sin esperar nada a cambio más que el derecho de regresar al territorio nacional y vivir sin el temor de ser "ajusticiados" por los sicarios sandinistas, encarcelados y condenados en parodias de juicios en tribunales populares, ni ser obligados a enrolarse en el gigantesco aparato represivo creado por el FSLN y sus miles de asesores provenientes de los países del Pacto de Varsovia y de Cuba.

Varios fueron los movimientos armados que se organizaron antes de que se aglutinaran en lo que se llamó la Resistencia Nicaragüense. La Legión "15 de Septiembre', constituida en su mayor parte por efectivos de la Guardia Nacional de Nicaragua que se internaron en territorio hondureño y se les sumaron buen número de liberales nacionalistas. El "Ejército   Nacional de Liberación (E.N.L.)", organizado por el ciudadano de origen español -aunque naturalizado en Nicaragua-, Pedro Ortega Macho, el que firmaba sus comunicados bajo el pseudónimo operativo de Comandante "Juan Carlos".Fuerza Democrática Nicaragüense (F.D.N.), la que se organizó en Fuerzas de Tarea.

Contaron con la ayuda y tolerancia del gobierno y Ejército de Honduras, para operar desde zonas cercanas a su frontera con Nicaragua. Recibieron en sus comienzos ayuda logística y de entrenamiento de militares argentinos, los que se retiraron después de la llamada Guerra de Las Malvinas, siendo reemplazados por los Estados Unidos. Pocos años después se establecieron otros grupos armados en territorio costarricense y cuando se fusionaron los efectivos que operaban en los dos países fronterizos con Nicaragua, es que recibió el nombre de Resistencia Nicaragüense.

También es digno de mencionarse que el 1 de octubre de 1979, el entonces Presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, quizás como una reacción tardía por los nefastos efectos de su Política de Derechos Humanos Selectivos, firmó una directriz, ordenando la formación  de las "Fuerzas de Despliegue Rápido (F.D.R.)", las que serían utilizadas para operaciones fulminantes y contundentes en el Caribe y el Golfo Pérsico, lo mismo que la formación de una fuerza paramilitar de 900 efectivos en Honduras para impedir el envío de terroristas, armas y municiones de Nicaragua a El Salvador. Es importante tener en cuenta que ya para entonces, lo que perseguían los estrategas norteamericanos era evitar la toma del poder en El Salvador por los guerrilleros y terroristas urbanos del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). A esa Fuerza Paramilitar se incorporaron bastantes soldados y oficiales de la Guardia Nacional de Nicaragua.

La prensa izquierdista del mundo entero llamó Contrarrevolución a esos movimientos armados, más que nada para confirmar el axioma que no hay revolución sin contrarrevolución. Pero un movimiento contrarrevolucionario genera sus propios cuadros de dirigentes políticos y militares, no siendo  el caso de los nicaragüenses, porque los integrantes de ambos Directorios fueron nombrados por los Estados Unidos. Esto es muy importante tenerlo en cuenta, porque a la hora de iniciarse las Pláticas de Paz entre los representantes de la Resistencia Nicaragüense y los plenipotenciarios sandinistas, los que empuñaron las armas fueron traicionados por grupos de oportunistas que en su mayor parte eran antiguos sandinistas que operaron como una efectiva quinta columna.

La prensa de izquierda tergiversa la realidad de los hechos. Igual ocurrió en Honduras con la sucesión constitucional que destituyó al Presidente Mel Zelaya y designó en su lugar al parlamentario y empresario, Roberto Micheletti. A esa acción enmarcada dentro de la Constitución de Honduras le llamaron, "golpe de Estado" y así se quedó, lo mismo que Micheletti como gobernante de facto.

Los Estados Unidos pusieron en práctica en la región centroamericana la Doctrina de los Conflictos de Baja Intensidad, la que requiere muy poco esfuerzo militar y económico de la superpotencia que los implementa, mientras obliga al adversario a destinar todos sus recursos a hacerle frente, descuidando por completo las inversiones en los sectores de salud, educación y vivienda. En Nicaragua, la aplicaron contra un gobierno dependiente del social imperialismo soviético y sus aliados y satélites, mientras que en El Salvador se trataba de fortalecer a un gobierno amigo agredido por el terrorismo internacional. De esta manera, la Resistencia Nicaragüense careció de una estrategia propia para desmantelar política y militarmente al régimen sandinista, lo que a la larga tuvo fatales consecuencias.

Tres son los ejes estratégicos de la Doctrina de los Conflictos de Baja Intensidad. La Contrainsurgencia Clásica, aplicable a los países donde los llamados movimientos de liberación nacional representaran una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, sus aliados y vías oceánicas de comunicación, auxiliando al gobierno amigo con pertrechos bélicos, asesores militares y ayuda económica. La Reversión de los Procesos Revolucionarios Triunfantes, aplicable a los países donde el comunismo internacional  hubiera tomado el poder del Estado, formando movimientos armados que le disputaran el poder, suministrando también pertrechos militares a los insurgentes y asesores militares, combinando las acciones armadas con maniobras diplomáticas y veto a solicitudes de crédito en los organismos multilaterales de crédito. Finalmente, el Antiterrorismo o Contraterrorismo, caracterizado por acciones de retaliación u operaciones punitivas contra bases operativas o de entrenamiento de los movimientos de liberación nacional, incluyendo bombardeos quirúrgicos a las instalaciones militares e industriales de los países que apoyaran tales movimientos.

En El Salvador, aplicaron el primer eje estratégico de la Doctrina de los Conflictos de Baja Intensidad, mientras que en Nicaragua, el segundo. De esta manera, la victoria no se entendía ya en el sentido clásico propio de Von Clausewitz, rendición incondicional del enemigo, sino que la victoria era el logro de los objetivos políticos por los que fue hecha la guerra, cambios de comportamiento, concesiones al grupo patrocinado por los Estados Unidos, etc.

En agosto de 1981, Thomas Enders, Sub-Secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos de la Administración de Ronald Reagan, se reunió en Managua con los negociadores designados al efecto por el gobierno sandinista. Les explicó que la preocupación fundamental de los políticos de la Casa Blanca era el comportamiento geopolítico de la revolución popular sandinista, sus relaciones con los terroristas salvadoreños y su integración militar e ideológica con el bloque soviético-cubano. Les explicó que a los Estados Unidos los tenía sin cuidado lo que hicieran a lo interno de Nicaragua.

Pero los sandinistas estaban y siguen estando poseídos de la "locura cesárea". Le respondieron a Enders que estaban dispuestos a armarse hasta los dientes con armamento soviético; no negociar los objetivos finales de la Revolución; no negociar su voluntad de proyectarse regionalmente, estando dispuestos a ser flexibles en las concesiones tácticas e intransigentes en los objetivos estratégicos. Para ellos, las concesiones hechas en las Pláticas de Paz con los representantes de la Resistencia Nicaragüense, eran simplemente concesiones tácticas, pero que su objetivo estratégico era apoderarse del poder político del Estado, lo que prácticamente les fue aceptado por los negociadores designados por los Estados Unidos, lo que les permitió "gobernar desde abajo" y regresar al poder por la vía electoral.

Las Fuerzas de Tareas de la Resistencia Nicaragüense nunca recibieron artillería ni medios aéreos dignos de consideración. Tampoco se apoderaron de partes importantes del territorio nacional. Golpeaban, tendían emboscadas y luego regresaban a sus bases en territorio hondureño, porque los que estaban en Costa Rica, casi todos antiguos sandinistas miembros de una efectiva quinta columna, nunca hicieron nada al respecto. De esta manera, cuando se produjo el colapso de la URSS, los Estados Unidos, en lugar de equipar a los efectivos de la Resistencia Nicaragüense para desmantelar política y militarmente al FSLN, dijeron a los miembros del respectivo Directorio Político que negociaran su desmovilización y se reintegraran a la vida civil.

Fue así que clavaron el puñal por la espalda a quienes empuñaron el fusil para librar a Nicaragua de los sandinistas. Aceptaron la desmovilización unilateral de sus efectivos, dejando intacto el aparato de terror, intimidación y chantaje del FSLN, Ejército Popular Sandinista, Policía Sandinista y Dirección General de Seguridad del Estado, los que ahora han cambiado únicamente de nombre. Sus arsenales están intactos y constantemente los renuevan, sin que nadie se dé cuenta en Nicaragua, más que el personal de los puertos.

Nicaragua contempló con estupor cómo se concertaba un nefasto pacto, Directorio Político de la Resistencia Nicaragüense/FSLN/Antonio Lacayo Oyanguren, Presidente de facto de Nicaragua en su carácter de Secretario de la Presidencia de su suegra, Violeta Chamorro. Les permitieron llevar a cabo la "piñata sandinista", gigantesco robo de las propiedades confiscadas a sus legítimos propietarios e implementar la estrategia desestabilizadora de los gobiernos neoliberales, "gobernar desde abajo". A partir de entonces, todo gobierno elegido por el pueblo en las urnas, era rehén del aparato de terror y represión sandinista, hasta llegar al estado de abyección en que actualmente nos encontramos.

Los artífices de estas traiciones dicen ahora que los sandinistas se negaban a reconocer su derrota electoral del 25 de febrero de 1990 y que no estaban dispuestos a entregar el gobierno. Por eso fue que les asignaron cuotas importantes de poder en todas las instituciones del Estado, incluyendo el control total de las fuerzas militares y de policía. ¿Por qué, entonces, Violeta Chamorro y Antonio Lacayo Oyanguren, no solicitaron la intervención de una fuerza multinacional de paz -Cascos Azules- a la OEA y la ONU para desarmar a todos los grupos que estuvieran en posesión de armas de guerra? Nicaragua no tendría ahora ese gran pasivo nacional que representan el Ejército y la Policía del FSLN.

Los verdaderos "Paladines de la Libertad", hombres y mujeres surgidos de la entraña popular, con las manos encallecidas por el arado, pese a todas las traiciones sufridas, son los grandes héroes de Nicaragua. Al cumplirse los 20 años de su forzada desmovilización unilateral, lo que debe escucharse en todos los rincones de Nicaragua es un aplauso de reconocimiento y admiración para todos ellos, seguido de un Padre Nuestro por los que encontraron la muerte en esa gran cruzada por la libertad de Nicaragua. Su ejemplo debe inspirar a los que tendrán que empuñar nuevamente las armas para terminar de una vez por todas con el orteguismo, si este continúa en su afan de cerrar las vías cívicas para restaurar la institucionalidad democrática y la libertad de Nicaragua.
Todos estos grupos formados por auténticos patriotas dieron origen a la


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