Los culpables del regreso de Ortega Saavedra al poder







Por Roberto Escobedo Caicedo

Creo que en primer lugar, los miembros del Directorio Político de la Resistencia Nicaragüense, los que a partir de las Pláticas de Paz de Sapoá, aceptaron la desmovilización unilateral de sus efectivos. De esta manera, el Ejército Popular Sandinista, Policía Sandinista, Tropas de Combate del Ministerio del Interior y los de la siniestra y tenebrosa Dirección General de Seguridad del Estado, se convirtieron en el poder coercitivo del Estado. Todavía esperaron hasta 1995 para cambiarles el nombre, pero la mayor parte de sus cuadros de mando son los mismos que reprimieron al pueblo nicaragüense, condenaron a la juventud a ser carne de cañón de las ambiciones imperialistas de la URSS e incorporaron la región centroamericana al conflicto este-oeste.
 
Una vez electa Presidente de la República, Violeta Chamorro, nombró Coordinador del llamado Período de Transición a su nefasto yerno, Antonio Lacayo Oyanguren. Se negoció el futuro del pueblo nicaragüense, permitiendo al FSLN quedarse con las armas y, además, "gobernar desde abajo". Se les permitió también llevar a cabo el mayor saqueo de los recursos públicos y privados de Nicaragua, la famosa "piñata" sandinista. El editorial del diario "La Prensa", 25 de abril de 2011, mencionó que todas esas concesiones delictivas eran necesarias, porque la Dirección Nacional del FSLN se negaba a reconocer el triunfo en las urnas de la señora Chamorro y no estaban dispuestos a entregar el poder. ¿Por qué no llamaron a los Cascos Azules de la ONU y efectivos de la OEA para desarmar a soldados, policías y restantes esbirros uniformados? De esa manera, no tendríamos que estar manteniendo a tantos empresarios "uniformados" que cometen toda clase de delitos, desde saquear el fondo de pensiones de los trabajadores asegurados con el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) hasta formar parte de cárteles de la droga. Constituyen una falacia las afirmaciones de quienes allanaron el regreso al poder del orteguismo, diciendo que los cuerpos represivos del FSLN eran respetuosos de la "institucionalidad democrática".
 
Las sucesivas amnistías que se dieron a quienes cometieron toda clase de violaciones de los derechos humanos, incluyendo desapariciones forzosas, torturas, trabajos forzados, crímenes de lesa humanidad que según el Código Penal tienen acciones penales imprescriptibles, etc., el Presidente de Facto de Nicaragua, Lacayo Oyanguren, nunca  trató de declararlas nulas de nulidad absoluta en la Corte Suprema de Justicia, como ocurrió con las amnistías que se recetaron los militares de Argentina, Brasil, Chile y Perú. Esto permitió que luego surgieran bandas de asesinos sandinistas, como las de Frank Ibarra, Pedrito "El Hondureño" y otros, los que a su vez fueron beneficiados con nuevas amnistías.
 
 El FSLN y toda su mafia de ladrones y asesinos sobrevivieron a la aceleración de la historia, después del colapso de la URSS y su derrota electoral a lo interno de Nicaragua en las elecciones generales del 25 de febrero de 1990. Pero gracias a las traiciones de los integrantes del directorio político de la Resistencia Nicaragüense y a la complicidad descarada del Presidente de Facto, Antonio Lacayo Oyanguren, quedaron los sandinistas con las armas en su poder y, además, investidos de poder coercitivo del Estado. Y en la subcultura de nuestro país, el que tiene en sus manos las "cañas huecas", tiene a su favor el poder real.
 
En las elecciones generales de octubre de 1996, el candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Doctor Arnoldo Alemán Lacayo, derrotó en las urnas a Ortega Saavedra, iniciando un gobierno que concedió énfasis a las obras de infraestructura económica y social. Cuando se produjo la quiebra fraudulenta del INTERBANK, llevada a cabo por altos oficiales del Ejército Nacional (Popular Sandinista) y miembros de la mafia orteguista, lo sometieron a una encerrona cuando se preparaba a abordar un helicóptero que lo trasladaría a una de las dos regiones de la Costa Atlántica. Los encabezaba el jefe del mencionado ejército, Javier Carrión McDonaught. El gobernante se vio obligado a no emprender ninguna acción penal contra los responsables de esa quiebra bancaria. Fue a partir de ese momento y bajo la presión de las "cañas huecas" del ejército del FSLN, que se iniciaron las pláticas que dieron origen al llamado Pacto Alemán-Ortega, satanizado aún por los que antes y después han pactado tanto con el sandinismo como con el orteguismo.
 
Alemán Lacayo impuso en la Gran Convención del PLC como candidato a la Presidencia de la República a su futuro verdugo, Enrique Bolaños Geyer. Este ganó en las urnas con los votos de poco más de 1 millón 200 mil liberales, teniendo en la Asamblea Nacional 54 diputados. Pudo realizar toda clase de reformas, pero prefirió perder el apoyo del partido político que lo llevó al poder, con tal de destruir el liberalismo a través de la división. Acusó a Arnoldo Alemán Lacayo de corrupto y ladrón ante los jueces sandinistas, de común acuerdo con Ortega Saavedra, pactando con éste la creación de las condiciones necesarias y suficientes para que regresara al poder mediante elecciones fraudulentas.
 
Todos sabemos que conforme las tradiciones políticas imperantes en los diferentes países latinoamericanos, los gobernantes meten las manos en las arcas nacionales para realizar sus "ahorros" y disponer de los recursos necesarios para llevar una vida sin sobresaltos después que entregan el poder. Bolaños Geyer no fue la excepción a esta tradición delictiva, pero lo hizo utilizando como mampuesta a varios de sus ministros y presidentes de entes autónomos, por lo que es considerado ahora como un gobernante que dio muestras de probidad. Sería el primero en aplaudirlo si también hubiera demandado la nulidad de todas las leyes de amnistía que se recetaron los sandinistas con sus aliados del gobierno de Violeta Chamorro, como el Presidente de Facto, Antonio Lacayo Oyanguren, acusándolos también de robos de recursos del Estado y de particulares, designando también a los miembros de una Comisión de la Verdad.
 
Bolaños Geyer tenía un capricho, alimentado por algunos embajadores que ejercían gran influencia sobre un individuo de mente política estrecha. Con tal de encarcelar a Alemán Lacayo y destruir el liberalismo mediante la estrategia de la división, poco le importaba que nuevamente Ortega Saavedra se apoderara de Nicaragua mediante elecciones fraudulentas, como en efecto ocurrió. Designó como su delfín al Licenciado Eduardo Montealegre Rivas. el que en las elecciones generales de noviembre del 2006 pactó con Ortega Saavedra, reconociéndole el triunfo anticipado, evitando de esta manera que se contaran el 8.5% de los votos duros del PLC, con lo que se hubiera forzado una segunda vuelta entre el Doctor Rizo Castellón y el mencionado secretario general vitalicio del FSLN.
 
Pero a Montealegre Rivas, lo mismo que a Bolaños Geyer, solamente les importaba la destrucción del liberalismo nicaragüense. Se cruzaron de brazos cuando Ortega Saavedra llevó a cabo el fraude en los comicios municipales del 9 de noviembre del 2008. Hicieron otro tanto cuando recurrió a "sus" magistrados de la Corte Suprema de Justicia y magistrados electorales, para que a través interpretaciones festinadas del Arto. 147 Cn., declararan que no existían limitaciones para el ejercicio de la primera magistratura de la nación. De esta manera, Ortega Saavedra puede reelegirse cuantas veces quiera, auxiliándose también con megafraudes electorales.
 
Hace muchos años leí en un libro escrito por el que fuera asesor político de Margaret Thatcher, ex-primer ministro del Reino Unido, el reconocido historiador Lord Hugh Thomas, que platicando con unos amigos austriacos en la Viena de 1945, dividida entre cuatro potencias ocupantes, que después de la derrota de la primera guerra mundial y desaparición del imperio austrohúngaro, endosaban la culpa de todas sus desgracias a los otros países. Pero que la derrota de 1945 y sus lamentables consecuencias, eran únicamente culpa de ellos, como lo sería cargar con el pago de las compensaciones económicas a la URSS por los daños reales o supuestos causados por sus soldados en el desaparecido imperio stalinista.
 
En el mes de julio de 1979 y años subsiguientes, los nicaragüenses que de vez en cuando ejercen la función de pensar, responsabilizaban a Somoza Debayle de haber caído en manos de los sandinistas; otros decían que era por culpa del entonces Presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter. No faltaban otros que señalaban la falta de efectivos, armas de apoyo y municiones en cantidad abundante en manos de los efectivos armados. También acusaban de todas sus desgracias a los que eran Presidentes de Costa Rica, México, Venezuela y Panamá, Rodrigo Carazo Odio, José López Porpillo, Carlos Andrés Pérez, Omar Torrijos Herrera.
 
A partir del 10 de enero del 2012, Ortega Saavedra inicia una nueva dictadura totalitaria, pero con un rostro fascista y populista. La antigua burguesía explotadora y vendepatria, se ha convertido en su principal aliada, considerándolo un socio prominente en sus negocios monopólicos, principalmente en los relacionados con la energía eléctrica. Estos son los mismos que traicionaron a partir de las Pláticas de Paz de Sapoá a los efectivos contrarrevolucionarios, gracias a los cuales lograron recuperar sus propiedades confiscadas, dándoles como recompensa la clásica puñalada por la espalda.
 
Los políticos que estuvieron al frente de gobiernos neoliberales, tal y como lo he relatado anteriormente, tienen su dosis de responsabilidad. Pero el peor de todos fue el que se impuso como política de Estado la destrucción del liberalismo, Enrique Bolaños Geyer, secundado por su frustrado delfín, Eduardo Montealegre, el que ya tiene en su haber varios pactos concertados con Ortega Saavedra.
 
Los diputados de la alianza PLI-UNE, donde figuran los orteguistas más radicales, como son los del MRS, no tienen escrúpulos de ninguna índole de convertirse en los nuevos políticos zancudos. Ya se integraron a la nueva Asamblea Nacional y fueron juramentados por el principal coautor del megafraude electoral del 6 de noviembre del 2011, Roberto Rivas Reyes. Estos no desempeñarán ninguna función de relevancia en el poder legislativo, no serán más que cómplices calificados de Ortega Saavedra en su estrategia de consolidar una nueva dictadura totalitaria.
 
En cuanto a las manifestaciones de protestas en las calles, como sugieren algunos, cuando los que están dispuestos a organizarlas y dirigirlas se convenzan que los diputados de la alianza PLI-UNE no son más que vulgares colaboracionistas del orteguismo. su entusiasmo se desinflamará como el de un globo pinchado.
 
Los miembros del directorio político de la Resistencia Nicaragüense. El ex-presidente de facto de Nicaragua, Antonio Lacayo Oyanguren. Los políticos que después de reclamar la devolución de sus capitales se entienden ahora a las mil maravillas con el secretario general del FSLN. Los que se impusieron como tarea prioritaria de sus respectivas administraciones la destrucción del liberalismo nicaragüense, como Enrique Bolaños Geyer y su frustrado delfín, Eduardo Montealegre y los socios del gran capital de Ortega Saavedra, son los verdaderos responsables de este nuevo secuestro de la democracia nicaragüense.
 
Si se produjera un nuevo movimiento armado contra la dictadura orteguista en Nicaragua, la factura debe pasarse no sólo a Ortega Saavedra y a los integrantes de sus entornos familiar, político y militar, sino que también a los grandes capitalistas que aplauden todos los abusos del mencionado aventurero, su saqueo de las riquezas nacionales y a los que entregaron amarrados de pies y manos a los heroicos integrantes de las Fuerzas de Tareas de la Resistencia Nicaragüense.
 
¡Dios proteja a los nicaragüenses de la suma de desgracias que les esperan!