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Genocidio: Doble estandar

Genocidio: Doble estandar







Por Silvio Avilez Gallo

En las últimas semanas se ha hablado mucho del horrendo crimen de genocidio, con motivo del accidentado juicio seguido en Guatemala al Gral. Efraím Ríos Montt, de 86 años, a quien un tribunal de justicia condenó a la pena de 80 años de prisión, sentencia que posteriormente fue revocada por vicios de procedimiento y que se suma a la que el ex militar ya cumplía en una cárcel de la capital guatemalteca.  La decisión judicial provocó la airada protesta de unos y el respaldo de los seguidores del procesado.  Asimismo, los medios de difusión dieron cuenta del reciente fallecimiento en prisión del Gral. Rafael Videla, último dictador argentino, también condenado por genocidio.

Independientemente de la culpabilidad de los condenados y sin que esto se interprete como un presunto apoyo a las reprobables actividades que motivaron su condena, llama poderosamente la atención que cuando se habla de este crimen de lesa humanidad nos encontramos con dirigentes que militaron en las filas de quienes combatieron la guerrilla o el terrorismo de izquierda. Tal pareciera que los caudillos y militares de derecha cargan exclusivamente sobre su conciencia este monstruoso crimen que avergüenza a quienes creen y defienden la dignidad de la persona humana.  

Nombres como los de Trujillo, Duvalier, Batista, Somoza, Pinochet, Pérez Jiménez, Stroessner, Castelo Branco, Fujimori, Rojas Pinilla, Hitler, Mussolini, Franco, Salazar, etc. han estado invariablemente en boca de los defensores acérrimos de los derechos humanos, quienes “por casualidad” no tienen en sus listas, no recuerdan o no mencionan a verdaderas “perlas” de la talla de Lenin, Stalin, Ceaucescu, Honecker, Hoxha, Zhikov,Tito, Nagy, Gomulka, Mao Tse Tung, Pol Pot, Ho Chi Ming, Kim Il Sung y su dinastía o al “patriarca” de todos los genocidas, Fidel Castro y su príncipe heredero, quienes poseen una colección privada de cementerios clandestinos donde yacen miles de víctimas de la larguísima y oprobiosa dictadura cubana. Que se sepa, ninguna de estas “joyas” jamás fue enjuiciada en los tribunales por crímenes de lesa humanidad.  ¿O será que el concepto de genocidio depende del bando en que militen los presuntos inculpados?

Tampoco se entiende bien, al menos para quienes razonan, que siendo el Derecho una ciencia que no sólo se basa en la justicia sino también en la lógica, se pueda sentenciar a una persona de 86 años, que ya cumple una pena de prisión, a otra adicional de 80 años, salvo que la condena pase en herencia a sus descendientes.  En esa misma línea, en algunos países europeos, tan apegados al Derecho, se han dictado penas que superan los cuatrocientos años de prisión. ¿Dónde está la lógica, que se supone que también sirve de cimiento al Derecho? Quizá convendría contar los años como se hacía en tiempos de Matusalén…

En materia de derechos humanos solamente se puede tener una postura: la defensa a ultranza de todo aquello que atente contra la dignidad del ser humano, que defienda la vida como el primero de esos valores y que condene sin contemplaciones ni atenuantes a quienes cometen o incitan a cometer los más horrendos crímenes, con independencia absoluta de la ideología que profesen.  Durante la Segunda Guerra Mundial, el mundo contempló con espanto y horror el exterminio de más de seis millones de judíos en campos de concentración a manos de la bestia apocalíptica del nazismo, en nombre de una pretendida superioridad étnica de los arios. Casi 70 años después, vemos con impotencia e incredulidad   cómo en Gran Bretaña, que sufrió los embates de la demencia hitleriana, se ha suprimido en los textos de historia toda mención del holocausto para “no ofender” a extremistas musulmanes —liderados por el presidente iraní Muhammad Ahmadinejad— quienes sostienen que el holocausto jamás existió y que se trata de una patraña inventada por los sionistas. ¡Por favor! ¿Permitiremos que algunos irresponsables reescriban la historia a su manera, a fin de distorsionar o suprimir acontecimientos horrendos absolutamente documentados en los anales de la humanidad?

Como dijo recientemente el papa Francisco, el mundo moderno se halla convulsionado por todo tipo de crisis, pero la principal es aquélla que afecta de manera terminal al ser humano como persona pensante.

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