Fraude, aunque así no lo llamen







Por Edmundo Jarquín

Mantener la esperanza

“No debemos perder la esperanza”, señala categóricamente la Conferencia Episcopal en su comunicado sobre las recientes elecciones. Agregan los Obispos: “No nos desalentemos ante lo que no se ha podido aún construir en materia democrática, sino más bien esforcémonos por hacer real lo que es todavía posible en Nicaragua”. Y exhortan “a todo el país a vivir este momento no con pesimismo, sino como un reto para nuestra esperanza”.

La exhortación episcopal resulta más que pertinente porque la impunidad con la cual ha actuado el Consejo Supremo Electoral (CSE), burlando abiertamente la voluntad del pueblo expresada en votos, y la impunidad con la cual han actuado las fuerzas de choque del orteguismo aplastando las expresiones de protesta pacífica, con la tolerancia y a veces hasta apoyo de la Policía Nacional, podría conducir a la resignación del “no hay nada que hacer”.

En verdad, hay mucho que hacer. Mientras las líneas específicas de qué hacer se irán decantando poco a poco, hay una línea de acción, gruesa por cierto, que es responsabilidad de los dirigentes de la Alianza PLI.

En el imaginario popular hay esa nueva realidad política, la Alianza PLI, en torno a la cual se aglutina toda la oposición al proyecto dictatorial y dinástico de Ortega.

Es cierto que nació como una Alianza electoral, pero sus dirigentes tenemos la responsabilidad de estar a la altura de esa expectativa del imaginario popular, y hay que convertirla en una Alianza política, con perspectiva estratégica y por tanto con mayores niveles de coherencia y organicidad. Fallar a esa expectativa sería fallar a mantener la esperanza que los obispos, y estoy seguro todos los ciudadanos, demandan como la tarea más urgente.

En la perspectiva de hacer el tránsito de una Alianza electoral a una Alianza política, se tiene como punto de partida tres grandes activos: primero, el simbolismo aglutinador del liderazgo de Fabio Gadea Mantilla; segundo, la demanda de los ciudadanos; y tercero, la enorme coincidencia programática en torno a la democracia y el progreso socioeconómico para todos, como ejes articuladores de la Nicaragua que se quiere y es posible tener.

Fallarle a la esperanza, sería fallarle a Nicaragua.

Fraude, aunque así no lo llamen

Los cuestionamientos a la credibilidad de los resultados electorales que el Consejo Electoral Orteguista presentó, han venido en aumento.

Como anotamos antes, la Conferencia Episcopal hizo pública su posición, y lo hizo de manera directa, inconfundible. Después de reconocer, con admiración, la decisión del pueblo de participar en un proceso electoral pese a las irregularidades que antecedieron al día de la votación, los Obispos señalan que esa actitud “madura y cívica de los nicaragüenses no ha sido respetada como es propio en un sistema democrático auténtico”, para llegar a la conclusión que “la legitimidad del proceso electoral y el respeto a la voluntad del pueblo han quedado totalmente en entredicho”.

Por su parte, la Misión de Observación de la Unión Europea hizo una segunda declaración. Como se sabe, son numerosos los informes  -el de la propia misión de la OEA, la primera declaración de la misión de la Unión Europea, y los de numerosas organizaciones gremiales y de la sociedad civil nicaragüense-  que dan cuenta de la serie de irregularidades antes y durante el propio día de los comicios. Pero es el caso que la Misión de la Unión Europea se ha visto en la circunstancia de hacer una segunda declaración, en este caso sobre la evolución del proceso con posterioridad al día de las elecciones.

En esa segunda declaración “la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE-UE) lamenta que la escasa transparencia de las autoridades electorales nicaragüenses señalada en la Declaración Preliminar de la Misión del 8 de noviembre se haya mantenido e incluso agravado durante la sumatoria de resultados en los distintos niveles de la administración electoral y su posterior publicación”.  Señala la declaración de la Misión que sus observadores, desplegados por todo el país, han logrado establecer “una pauta homogénea en casi todos los departamentos y regiones que se caracteriza por impedir o dificultar el acceso de los fiscales a las operaciones sumatorias de las actas de las Juntas Receptoras de Voto (JRV)”.

En definitiva, todas las anomalías observadas antes, durante y después del acto electoral, conducen a la Misión de la Unión Europea a concluir que hay “un grave retroceso en la calidad democrática de las elecciones en Nicaragua”.

De los numerosos informes que sobre las elecciones hemos mencionado, no cabe esperar que utilicen la palabra fraude para calificar a las mismas, pero si como señala el diccionario de la Real Academia Española fraude es la “acción contraria a la verdad y la rectitud….” qué duda cabe, según los hechos que dichos informes describen, que estamos ante un Fraude, y con mayúscula.

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