Europa rumbo a la derecha







Por Héctor Mairena
Abogado y Periodista nicaragüense
residente en Berlín - Alemania



El adelanto de las elecciones parlamentarias en España, que deberán dar paso a un nuevo gobierno, y el atentado terrorista en Oslo del pasado  veintidós de julio, con  la crisis financiera  que alcanza ribetes graves  en la zona euro como telón de fondo, delinean  de forma dramática el contexto en que se efectuarán importantes eventos electorales en los próximos meses en  países de la Unión Europea.

La convocatoria anticipada de las elecciones en España responde a la severa crisis, económica y de desempleo juvenil en primer lugar, que vive el estado español. Crisis que ha redundado en un notable desgaste del gobierno de Rodríguez Zapatero, asediado además por la frontal oposición  del Partido Popular y la creciente movilización de “los indignados”, inédito fenómeno de auto convocatoria ciudadana que cuestiona tanto la gestión de la actual administración como  la representatividad del sistema político.

La acción terrorista del noruego Anders Behring Breivik, reivindicada por él mismo como un "castigo a la socialdemocracia" por traicionar al país "importando" musulmanes, sólo puede comprenderse atendiendo la constante exhortación xenófoba que la derecha radical y los movimientos nazis hacen en varios países europeos. Ante la crisis, azuzan el odio contra los inmigrantes- sobre todo árabes y turcos- entre  los sectores que más la padecen, por desplazar - dicen – a los nacionales de las fuentes de trabajo y beneficiarse en demasía de la ayuda social estatal. No es casual que los musulmanes en Noruega resientan en los últimos años una creciente hostilidad.

El  Partido del Progreso - al que alguna vez perteneció Breivik- tiene un fuerza considerable  en Noruega: es la segunda  fuerza en el Parlamento y uno de los ejes permanentes de su discurso es la  supuesta “latente islamización” de la sociedad noruega .

Si bien los movimientos radicales de derecha son  minoritarios en Europa, no debe subestimarse su actividad y una creciente aceptación de sus planteamientos. Existen los que actúan como partidos políticos en el marco de la institucionalidad de cada país y los que operan como movimientos ilegales y hasta clandestinos. Si bien no es comprobable el  vínculo orgánico entre ellos, sus coincidencias no son pocas.

No es casual que las derechas europeas (en plural, atendiendo los matices de cada uno) ostenten en las últimas elecciones nacionales un claro avance, tendencia que muy probablemente se mantenga en los próximos comicios.

En España las últimas encuestas electorales dan al Partido Popular una ventaja de hasta 16 % sobre el PSOE, el cual estaría experimentando la pérdida de al menos cuatro millones de votantes. En Holanda la derecha radical oscila en un 17 % de preferencia y cuenta con una decisiva representación en el parlamento que le permite terciar en las grandes decisiones. El año pasado su líder, Geert Wilders, fue juzgado -aunque finalmente absuelto- por incitar el odio contra los musulmanes. El tribunal admitió que sus comentarios fueron “ofensivos y groseros”, pero no delictuosos.

En Francia, el partido  Frente Nacional (de derecha dura) no  disminuye el 15 % de base fija  y aunque las últimas encuestas indican como ligeramente favorito a François Hollande (eventual candidato socialista ante la salida de escena de Dominique Strauss-Kahn), frente a Nicolás Sarkozy  de cara a a las elecciones del 2012, estas alternativas no significan grandes variantes en las políticas económicas o de migración. El actual presidente francés, junto con la Canciller alemana, Angel Merkel, son en la práctica los rectores de las principales políticas de la UE  y quienes sostienen, entre otras cosas, que la integración de los inmigrantes en Europa ha sido fallida.

En Suiza se realizarán elecciones federales en octubre próximo y tanto los resultados de los comicios en los cantones (Suiza es un estado confederado), como las encuestas previas, colocan a la Unión Democrática del Centro (xenófoba y reticente a la integración de Suiza a la UE) entre  los ganadores. En Finlandia, el llamado partido de los Verdaderos Finlandeses, de extrema derecha, opuesto al euro  y a la política de la Unión Europea, ha presentado un verdadero salto en su base electoral al aumentar en un 500 % sus votos y pisar literalmente los talones al partido ganador con apenas décimas de diferencia (19.1 % frente al 19.8 %).

En septiembre próximo se realizarán elecciones en Berlín, que presenta la triple condición de capital ,ciudad y estado, por lo que sus resultados  marcarán de alguna forma la tendencia  de los votantes de cara a las elecciones parlamentarias nacionales a realizarse en el 2013.

Recientemente un informe de la ONU señala un aumento de la pobreza en Alemania y una degradación de los salarios para el  que no existe un mínimo legal. De forma sorprendente el informe señala que “uno de cada cuatro niños asiste al colegio sin desayunar”. Y aunque el gobierno federal reaccionó rápidamente descalificando el informe, lo cierto es que  Alemania vive un recorte del gasto social que ha afectado a cerca de cinco millones- gran parte de ellos inmigrantes- que viven de la asistencia del estado. En ese contexto, enfoques como el de Thilo Sarrazin (Alemania se desintegra) encuentran caldo de cultivo, especialmente en el interior del país y en las capas inferiores de la sociedad.

En Hungría, antigua república socialista,  el  partido antisemita Jobbik captó en octubre del 2010 el  16,7% de los votos, convirtiéndose en el tercer mayor partido de Hungría. La primera fuerza es el partido conservador de derecha Alianza de Jóvenes Demócratas que obtuvo un  52,7 % de los votos. De forma nada casual en Budapest la comunidad judía percibe un ambiente cada vez más evidentemente  hostil .

Mientras, la crisis que no presenta visos de solución al corto plazo, ha revelado gobiernos que indistintamente del signo que asuman, se han mostrado incapaces de controlar el mercado o que sencillamente  se han puesto al servicio del mismo: Más mercado y cada vez menos Estado.

Los ciudadanos europeos, sobre todo del centro y el sur, perciben que la existencia de la UE ha significado más costos que beneficios. Las operaciones de salvataje (a veces disfrazadas) de las economías de los países periféricos a costa de los erarios nacionales, la emigración procedente  de los países ex socialistas y del norte de  África, así como la  sistemática labor de los  radicales de derecha, dan como resultado un firme avance de estas propuestas y el cuestionamiento al proceso de integración más viejo del planeta que hoy perciben lejano a sus orígenes y motivaciones.

Mientras , seguramente la inconformidad se expresará en las calles como en España y hasta con violencia, como ya lo ha hecho en Grecia y más recientemente en Londres, donde el ingrediente  de rebelión racial - amén del social- está presente. Las izquierdas tardan en encontrar claridad y realismo en sus propuestas y la derecha -la radical también- avanza, aunque por ahora no parezca cercana una nueva edición de la Noche de los cristales rotos.



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