Obando: Entre lo divino y lo terreno

Por Pedro Rafael Gutiérrez Doña

 

 



Pareciera difícil concebir hoy en día que existan sectores de la sociedad que crean que existe un divorcio entre la política y la Iglesia Católica. No lo concibo porque las claras señales que ha dado la Iglesia y muchos de sus principales líderes, así lo confirman. Tales han sido las acciones a plena luz mostradas por el Cardenal nicaragüense Miguel Obando Bravo, quien ha expuesto su rostro como político sin el menor rubor y ha desarrollado una participación activa en las estructuras de gobierno sandinista.


En la reciente visita del Cardenal Obando a Costa Rica, manifestó, haciendo recurso a una clara filosofía política, que “habían dos formas de hacer política desde la iglesia: en sentido amplio, enfocada ésta hacia el bien común de la sociedad y en ese sentido, estamos haciendo política… y de una forma estricta; teniendo como responsables de hacerla a los laicos, gestionar las cosas temporales y ordenarlas según Cristo nuestro Señor…” Este tipo de razonamiento lo que refleja es una clara participación de la Iglesia dentro de los asuntos políticos del Estado, marcando el terreno donde existen corrientes ideológicas en pugna, unos por obtener el poder divino y los otros por obtener el poder político/terrenal.

La señal más clara de este matrimonio iglesia/estado fue el nombramiento que le hizo el presidente Daniel Ortega como coordinador del Consejo de Reconciliación y Paz, un organismo a todas luces a los pies y bajo la sombra del Estado. En este contexto, Miguel Obando afirmó que “no veía ninguna inconveniencia que en el Gobierno, si hay gente católica, pueda manifestar su cariño, su amor a la santísima Virgen, que es la madre de Cristo y madre nuestra…” refiriéndose a la participación del gobierno en los cuestionados CPC (Consejos de Poder Ciudadano). Contrario a lo que manifiesta Obando, el Concilio Vaticano II (19) señala claramente la autonomía de las realidades temporales al señalar que “El Estado, no puede imponer la religión”.

En este sentido se hacen evidentes, una vez más, las divisiones internas que existen dentro de los dirigentes de la iglesia, cuando escuchamos decir al sacerdote Rolando Álvarez, portavoz de la Conferencia Episcopal: “Los señores obispos han manifestado su seria preocupación por la inquietud que ha generado en el pueblo nicaragüense la instalación de los ya conocidos CPC, que están siendo en este momento la manzana de la discordia”.

Juan Pablo II fue durante su vida el vivo ejemplo de lo que es vivir en esta dualidad. Por un lado demostró su capacidad para llevar un Evangelio que trastornó los cimientos políticos en Europa y convulsionó a las iglesias en América Latina. Fue en esta dualidad estado/iglesia cuando Juan Pablo II apoyó al gobierno de Ronald Reagan, para que éste derrocara al entonces gobierno sandinista, dirigido por el actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. Y fue él mismo, el que condenó el uso del condón en África, como método de evitar la mortal enfermedad del sida, convirtiéndose en este momento en corresponsable directo de haber causado más muertes por su radicalismo dogmático.

Por otro lado, Juan Pablo II dejó a un lado la política y se manifestó en el campo moral y de los valores cristianos al condenar la homosexualidad y pedofilia dentro de la iglesia, resumida en lo que llamó “cero tolerancia” en clara referencia a la corriente nihilista de relaciones entre personas del mismo sexo.

Sin duda alguna, el Cardenal Obando ha logrado obtener un liderazgo dentro de la Iglesia Católica durante más de cuarenta años, liderazgo que ha sabido manipular el presidente Ortega y su esposa para obtener una mayor simpatía, fuera del pírrico 38%, producto del pacto que lo llevó al gobierno. Lo que pasa que este liderazgo ha sido mal usado al darle, como dicen los Evangelios, perlas a los cerdos. Este mismo Obando fue duro crítico de Ernesto Cardenal y Miguel de Escoto, ambos sacerdotes y funcionarios del gobierno sandinista de los años 80, hoy el mismo se encuentra en la misma posición.

Las evasivas y el doble discurso que dio en Costa Rica durante su visita no eliminarán la mala siembra que está haciendo, porque todo lo que el hombre sembrare, eso va a cosechar. Usar las escrituras bíblicas para velar su discurso político es fornicación espiritual, como la llamó en su momento el Profeta Isaías. Usar la imagen del evangelio para ser cómplice de un modelo neocomunista pareciera ser el profundo deseo de Miguel Obando, al que la sotana ya no le cabe como religioso y reza en la oscuridad de su cuarto, para que las reformas constitucionales se lleven a cabo, logrando obtener una vez aprobadas un lugar de preeminencia política, el que pareciera por ahora se le ha esfumado.