La Costa Rica que escogeré el 7 de febrero







Por Roberto Escobedo Caicedo
bert.caido@gmail.com


Gran publicidad le han dado a los estudios de factibilidad del Proyecto Hidroeléctrico "Tumarín", el que llevará a cabo la Empresa Hidroeléctrica Centroamericana, S. A., del Grupo Brasileño Queiroz Galvao. Los accionistas de este negocio no han salido todavía a luz pública, excepto que el Instituto de Previsión Social Militar (IPSM) de los Generales y Coroneles del Ejército Nacional (Popular Sandinista), son propietarios de un modesto 20% del pastel del negocio energético, reforzando de esta manera el complejo comercial-industrial de la familia Ortega Murillo y los miembros de sus entornos político y militar.

Los aprovechamientos hidroeléctricos en Nicaragua no han recibido la importancia que realmente se merecen. Hasta ahora, el país dispone de dos centrales que utilizan el agua para impulsar las paletas de las Turbinas Pelton. La primera se inauguró en 1964, siendo la Planta "Centroamérica", capacidad nominal 50 MW, la que dispone del embalse conocido como Lago de Apanás, situado en Jinotega y la segunda central, en cascada con la anterior, la "Santa Bárbara", de la misma capacidad nominal. Esta entró en operación comercial en febrero de 1972.

Debido al despale a que han sometido la cuenca del Lago de Apanás, las precipitaciones pluviales han disminuido alarmantemente. Además, los sandinistas, con su inveterada mentalidad de terroristas, consideraron que cada árbol era el refugio ideal de un francotirador, por lo que incrementaron ese proceso de agresión a la naturaleza. Para evitarles facilidades a supuestos francotiradores y para realizar un excelente negocio con la comercialización de la madera, realizaron un despiadado despale, por lo que al poco tiempo disminuyó la cantidad de agua almacenada y por consiguiente, la capacidad de generación de energía eléctrica de las dos plantas en cascada.

Fue entonces que una empresa canadiense, "The Schawinigan Engineering Co.", les recomendó llevar agua a través de un túnel de los ríos adyacentes, financiándoles la ejecución del proyecto bautizado como "Asturias". Pero este dinero fue malversado por los sandinistas que administraban la empresa eléctrica, ENEL, introduciendo cambios en los diseños originales, por lo que al final las obras realizadas no resolvieron el problema.

Durante el segundo gobierno del General Somoza Debayle, se llevaron a cabo los estudios de factibilidad técnica y económica,  incluyendo diseños de un verdadero megaproyecto energético, el que se denominó "Copalar", 750 MW. Consistía en varias plantas en cascada en el Río Grande de Matagalpa. Cuando estaban listos los planos y especificaciones técnicas para una licitación internacional, incluyendo el financiamiento de parte del Banco Mundial, los medios de comunicación de Nicaragua que le hacían el juego a los terroristas del FSLN, se dedicaron a desacreditarlo. Dada la situación política imperante en el país y la campaña feroz contra la ejecución del mencionado Proyecto, el Banco Mundial le retiró el financiamiento a Nicaragua y se lo dio a Honduras para que desarrollara el Proyecto Hidroeléctrico del Cajón.

Durante el gobierno de Enrique Bolaños Geyer, un grupo de inversionistas mexicanos, brasileños y españoles, se propuso actualizar los estudios ya realizados del Proyecto "Copalar", incluyendo el financiamiento. Le presentaron la documentación necesaria, siendo imprescindible que antes el gobierno mandara a la Asamblea Nacional el Proyecto de Ley de Aguas de Nicaragua, el que estaba en el escritorio presidencial. Lo discutió con su asesor y encargado de la integración centroamericana, Ernesto Leal Sánchez, el que le manifestó que no era oportuno que durante su gobierno se iniciaran los trabajos del mencionado Proyecto, porque hedía a somocismo. Contestaron entonces a los inversionistas extranjeros que se encargaran ellos de conseguir que la Asamblea Nacional aprobara la Ley de Aguas. Fue el jaque mate a este megaproyecto energético.

Ahora que el orteguismo monopoliza todo el poder real del Estado y han iniciado un acelerado proceso de enriquecimiento ilícito, los Generales y Coroneles del Ejército Nacional (Popular Sandinista) y los Comisionados Mayores de la Policía Nacional (Sandinista), a través del IPSM (Instituto de Previsión Social Militar) y del ISSDHU (Instituto de Seguridad Social y Derechos Humanos), respectivamente, están incursionando en los negocios energéticos. Han comenzado por la geotermia y la energía eólica, pero cuando incrementan el valor del KWH entregado a la Distribuidora, Gas Natural, lo justifican diciendo que "aumenta el precio de la materia prima, vapor extraído del subsuelo y los vientos de la atmósfera), algo digno de Riplay y de la Tremenda Corte de Tres Patines.

Ahora están con el negocio de la Central Hidroeléctrica "Tumarín", inferior en capacidad estimada al que no se realizó, "Copalar", consistente en el aprovechamiento de las aguas de ríos situados en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAN). Según la propaganda de sus apologistas, la capacidad instalada sería de 500 MW. Los que están detrás de este lucrativo negocio son militares brasileños, los que han constituido la Empresa Hidroeléctrica Centroamericana, S. A. Grupo Queiroz Galvao, asociados con los uniformados sandinistas.

La primera actividad que realizaron los militares sandinistas fue la compra de los terrenos que serían inundados por el embalse, amedrentando a los campesinos para que les vendieran, por precios inferiores a su verdadero valor, los terrenos donde han vivido desde hace muchos años y luego vendiéndoles otros, donde los están trasladando, pero con valores inflados. Esta es la primera etapa de ese gran negocio turbio en que están metidos los antiguos proletarios convertidos ahora en magnates sandinistas, dando origen a la burguesía castrense en cuyos fusiles descansa la confianza de la familia Ortega Murillo para perpetuarse en el poder.

Luego, esos terrenos serán vendidos a precios todavía mayores al conglomerado de accionistas de "Tumarín", una forma muy interesante de "beneficiar" a los pobres de Nicaragua. Pero el asunto de los terrenos no es más que la punta visible del icebeg de ese negocio turbio entre militares brasileños y sandinistas.

El escritor norteamericano, James S. Henry, en su libro, "Banqueros y Lavadólares", Editorial Tercer Mundo, analiza los procesos de endeudamiento externo de los países latinoamericanos, calificándolos de gangsterismo en escala sin precedentes en las finanzas internacionales. Explica parte del origen de la gigantesca deuda externa del Brasil, poniendo el dedo en la construcción de centrales hidroeléctricas que realizaron empresas propiedad de Generales y Coroneles del Ejército del Brasil, las que fueron estafas monumentales y costaron al Estado dos y tres veces el valor estimado inicialmente.

Entre esas centrales hidroeléctricas menciona los Proyectos Hidroeléctricos Angra I y Angra II, Balbina y Electronorte, adjudicadas a la Constructora Andrade Gutiérrez. Itaipú, Consorcio de Camargo, Andrade, Méndez Junior y Odebrecht. Tucuruí y Amazonas, adjudicados a los Consorcios de la Empresa Camargo Correa. Todas esas empresas son propiedad de militares brasileños.

En julio de 1979, cuando los sandinistas se hicieron con el poder del Estado en Nicaragua, la deuda externa era de 1 mil 200 millones de dólares. En abril de 1990, la deuda había ascendido a 13 mil millones de dólares. Nada habían construido en Nicaragua, ni siquiera le dieron mantenimiento a la infraestructura heredada del régimen somocista. Contradiciendo a Carlos Mejía Godoy, habían más cuarteles que escuelas y más soldados que maestros. Lo único que dejaron en abundancia fueron cientos de fosas clandestinas en diferentes puntos del territorio nacional, donde hacinaron los cadáveres de soldados y oficiales de la Guardia Nacional de Nicaragua, miembros del Partido Liberal, campesinos refractarios al marxismo-leninismo, victimas de crímenes de lesa humanidad del aparato represivo y de terror del FSLN.

Con los negocios energéticos de los uniformados orteguistas, no sólo aumentará el costo de la energía eléctrica en nuestro país, sino los procesos de endeudamiento externo. Con la experiencia delictiva acumulada por los militares brasileños en la construcción de centrales hidroeléctricas, éstas costarán más de dos y tres veces el valor nominal, el que será cubierto por el Estado.

El orteguismo se afana que terminó con los apagones en Nicaragua, lo que es completamente falso.  De Venezuela trajeron chatarra, la que usaron en las plantas térmicas Hugo Chávez y Ché Guevara. Dijeron que era una donación y luego se transformó en deuda pública. La energía generada en los parques eólicos, donde han aportado dinero los uniformados sandinistas, procedente sin duda alguna del fondo de pensiones de jubilación de los trabajadores asegurados con el INSS, rivaliza en el precio de venta del KWH con las plantas termoeléctricas. Otro tanto está ocurriendo con la energía producida por el aprovechamiento geotérmico San Jacinto-Tizate.

Si en realidad llega a entrar en operación comercial la Central Hidroeléctrica "Tumarín", el KWH producido es posible que supere al de origen térmico. Tienen que despacharse con la cuchara grande los militares brasileños y sus congéneres orteguistas. Las mismas estafas que se dieron en el Brasil con los militares se repetirán a escala ampliada en Nicaragua, porque los antiguos cachorros de Sandino son hoy grandes empresarios, echando mano de los recursos del Seguro Social, el narcotráfico, la venta de la chatarra bélica procedente de la desaparecida URSS, etc.

¿Hasta cuándo soportará el pueblo nicaragüense tantas estafas y humillaciones?

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