En busca del horizonte







Por Julio Ignacio Cardoze


Los nicaragüenses conscientes a veces se desesperan ante la imposibilidad, como dar coces contra el aguijón, de poner en practica un sistema político, ya no digamos perfecto, sino tan solo un poco racional.

Nuestra realidad política es absurda, incoherente, contradictoria, chocante, incomprensible, irracional. La actitud de nuestros políticos, los de la mentada oposición, es igual, y además es miope, sin visión, sin carácter, acomodaticia a sus ambiciones y codicias.

Buscamos desesperadamente soluciones sin encontrarlas o sin que reciban aceptación de las elites políticas, (tampoco de la sociedad civil y grandes empresarios que pescan en río revuelto), que más bien parecen empecinadas en mantener el statu quo porque les conviene a sus intereses la situación caótica existente. A moros y cristianos por igual les conviene el relajo innegable.  

O, a veces, tal vez, por falta de experiencia en política coherente, racional y democrática, dejamos de percibir lo obvio, que ha sido estudiado por los entendidos o dejamos de ver el ejemplo que tenemos en nuestra propia historia nacional.

Como ejemplo para los políticos faltos de carácter, tenemos el de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, deberían de seguirlo los políticos veletas que nos gastamos.

Es imposible negar, nadie podría, que una de las cualidades de PJChC, fue su carácter, firme, empecinado y tenaz. Una vez que se fijaba una meta para sus propósitos políticos, no había quien lo apartara de la ruta que se había trazado, ni acción que lo intimidara.

Como dijo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, “Cada quien es dueño de su propio miedo”. Posiblemente, y es seguro, que como ser humano, mas de alguna vez sintió miedo, quién no, es natural, pero la verdad es que ninguna acción amenazadora, lo apartó de sus principios políticos, ni valores éticos personales, en los que creyó. No lo hicieron las amenazas de muerte, ni las carceleadas, ni las torturas, ni los exilios, ni los destierros, ni las censuras.

Es una pena para Nicaragua que ya no tengamos políticos como Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Los políticos que nos gastamos, y los dirigentes de la sociedad civil, de ahora, se acomodan, se intimidan, se escabullen, buscan pretextos, pactan, rinden sus principios, son faltos de valores éticos y morales.

Es una pena, que no imiten el ejemplo, de una actitud firme, fundamentada en principios y carácter personal, y defenderlos sin importar las consecuencias, como lo hizo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. No imagino a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, claudicar o cambiar de opinión, al ruido de los caites como hacen ahora los representantes de la mentada, incapaz, oposición.

Es falso lo que afirman algunos como que: "no existe otra salida más que la Amnistía...  y que, esta amnistía podría ser el último esfuerzo democrático..." todo lo contrario, las acciones arbitrarias del poder judicial de Ortega, restan legitimidad a su gobierno.

Las acciones del poder arbitrario y sin legitimidad de Somoza acumularon desprestigio contra su régimen que al final se derrumbo por su propio peso. La acumulación de ilegitimidad del régimen de Ortega es en realidad el último esfuerzo democrático...ES SU SUICIDIO.

La solicitud de amnistía, es mas bien, hacerle el juego al régimen arbitrario de Ortega y es darle legitimidad encausar por medio de un proceso legislativo sus abusos porque demuestra ante el mundo que sus abusos tienen encausamientos democráticos y legítimos lo cual es falso, porque el sistema judicial y legislativo, como el electoral, están fundamentado en arbitrariedades.

En cuanto a como cambiar el sistema, deberíamos ilustrarnos con otras lecciones a nivel internacional, deberíamos instruirnos y analizar, ante todo, para ver cuales son las causas de nuestras desgracias y pesares, e identificar los problemas, para despues enfrentarlos.

Hace poco leí un escrito de Álvaro Vargas Llosa, un analista de la situación política latinoamericana, donde menciona, un famoso articulo del académico Dankwart Rustow, “Transitions to democracy”, publicado en la revista “Comparative politics”, que mereció a su autor el titulo de “transitólogo”.

Según Vargas Llosa, en ese ensayo, el autor defiende la idea, después de estudiar la situación política en Turquía y Suecia,  de que, una transición política tiene como factor indispensable el consenso de las elites. Según el autor, una transición finaliza, cuando la población se habitúa a las nuevas reglas y valores (producto del consenso de las elites).

Según Vargas Llosa, las transiciones exitosas en España y Grecia, que se dieron poco despues de que Rustow publicara su ensayo, parecieron validar su teoria. Lo mismo ocurrió en Chile, algunos años mas tarde. En todo caso el consenso de las dirigencias sobre un objetivo democrático fue claro y decisivo en el cambio.

El escrito de Vargas Llosa me llamó la atención sobre el detalle de las elites, porque tomando como modelo las teorías, en el mismo sentido, sobre las elites, de José Ortega y Gasset, yo he insistido, que el problema de Nicaragua, radica históricamente en unas elites mediocres, oportunistas, acomodaticias y clientelistas.

No hay que buscar mucho, para identificar nuestro problema básico. Lo encontramos en nuestras elites. Mientras tanto, seguiremos como el viajero sediento, arrastrándonos en el suelo, en medio del desierto, que busca en el horizonte un Oasis y solo alcanza espejismos.


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