En Nicaragua se ha demolido la institucionalidad







Tomado de El Diario de Hoy de El Salvador


El periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, con una herencia sanguínea ineludible -hijo de Pedro Joaquín Chamorro y la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro-, es un duro crítico del gobierno de Daniel Ortega, quien está a 80 días de competir por la reelección, antes prohibida por la Constitución.

Chamorro, quien dirigió el diario sandinista Barricada, afirma que el FSLN se vació ideológicamente y ahora se aprovecha de los símbolos históricos, pero que se trata nada más de un "orteguismo".

Critica también a la oposición nicaragüense, de quien lamenta no hayan, en sus palabras, podido liderar el descontento popular durante las elecciones de 2008, un proceso con fuertes señalamientos y pruebas del fraude electoral.

Cree que por esa inamovilidad Ortega no necesita "reprimir", pero está convencido de que los gobiernos autoritarios se enfrentan con un nivel de confrontación igual. A la oposición también le achaca no haber logrado conectar con la población al haber, según él, un divorcio entre el discurso de quiebra de institucionalidad, y las demandas de la gente, falta de oportunidades, pobre economía, entre otras cosas.

Considera que la situación que vive Nicaragua no es coyuntural, sino algo más profundo, un problema "estructural" que arrancó en 1999 con el pacto entre Ortega y Arnoldo Alemán, el ex presidente encarcelado y luego liberado, y ahora nuevamente candidato presidencial.

Define al gobierno de Ortega como autoritario en lo político -por "dinamitar la institucionalidad"; populista en lo social, por llevar alivio social a los más pobres a través de inversiones privadas derivadas del petróleo venezolano-Albanisa; pero "promercado" en lo económico, al no seguir el patrón estatizante de los negocios como los gobiernos de izquierda del sur.

En esta entrevista analiza muchos de los aspectos más críticos del país centroamericano, y pese a haber puntos coincidentes entre situaciones de aquel país con El Salvador, considera que son los salvadoreños quienes deben o no buscar coincidencias para ver si el país podría llegar a tal punto.

Daniel Ortega competirá por la reelección cuando la Constitución lo prohibía, gracias a una Corte politizada, según afirma, ¿Es la vía judicial la parte débil de las democracias nuestras?

En el caso de Nicaragua es claro que la inscripción de la candidatura del presidente Ortega es ilegal e inconstitucional de acuerdo al Artículo 147. Nunca debió haber sido aceptada esa inscripción por el Consejo Supremo Electoral. Ellos alegan que la inscripción está permitida por una resolución de la Corte, pero es también ilegal porque no puede la Corte reformar la Constitución, sólo la Asamblea podía reformar la Constitución. En relación a la pregunta, acabamos de ver otro ejemplo contrario en Guatemala. La Corte de Guatemala, los tribunales de Guatemala, no aceptaron la inscripción de la ex primera Dama Sandra Torres. De alguna manera vemos dos caras de la misma moneda: Nicaragua y Guatemala.

Cada país es diferente pero ¿es la judicial una vía de entrada para romper la institucionalidad?

Lo que está claro es que la fortaleza de las instituciones, su apartidismo, su autonomía, su respeto a la ley y la institucionalidad es un factor clave para traer estabilidad, porque lo que hoy parece inestable en Guatemala y lo que hoy parece estable en Nicaragua puede cambiar. Ortega está inscrito, todo indica, según las encuestas que puede ser el próximo presidente de la república. Sin embargo, eso no le garantiza legitimidad, siempre existirán amplios sectores de la población que van a estar cuestionando que su presidencia es ilegal e inconstitucional y eso es un elemento de inestabilidad a mediano plazo.

Usted afirma que el gobierno de Ortega es autoritario en lo político populista en lo social y promercado en lo económico. Una mezcla extraña pero efectiva. ¿Qué opina de los sectores incluso en su país que argumentan que todo está bien mientras Ortega no intervenga la economía?

Creo que hay algunos sectores en Nicaragua, particularmente asociados al sector privado, que se sienten cómodos con ese esquema de gobierno de Ortega. Efectivamente que manipula las instituciones pero no interviene en sus negocios económicos. Creo que esa es una visión muy cortoplazista, porque si no hay democracia plena, si no hay institucionalidad, esos negocios que hoy están son favorecidos por la discrecionalidad de Ortega el día de mañana puede modificarse. Nuevamente no sabemos cómo va a ser el tercer gobierno de Ortega, pero en la medida que la regla que funcione en el país sea la discrecionalidad del presidente y que todo lo otorga como que si está dando favores y dádivas. Creo que eso es un elemento de inestabilidad a mediano plazo para el sector privado.

O sea como, ¿pan para hoy, hambre para mañana?

El punto de fondo es si la inclinación autoritaria del gobierno puede mantenerse de forma permanente manteniendo un clima de inestabilidad. Nicaragua demuestra que no. Nicaragua demuestra que cuando Ortega ha sido cuestionado en su autoritarismo con fuerza como fueron con protestas de la oposición después del fraude electoral de 2008, reaccionó con violencia, reaccionó con represión de fuerzas paramilitares y de fuerzas de choque. Manipulando a la policía para que no protegiera los derechos ciudadanos. Entonces este modelo que aparentemente hoy brinda estabilidad, no es sostenible si enfrenta una oposición beligerante y una sociedad civil empoderada que reclama por sus derechos.

¿Piensa que un modelo de gobierno de este tipo es posible en El Salvador, dado que el partido oficial tiene su propia versión de inversión privada pero pública, con fondos del petróleo venezolano, Albapetróleos, similar al Albanisa de Nicaragua y que según afirma patrocina el asistencialismo?

No me atrevería a opinar sobre la situación salvadoreña porque no conozco lo suficiente y simplemente, básicamente creo que ese es el modelo que Ortega implementa en Nicaragua, los salvadoreños están en mejor condiciones o capacidades que yo para poder analizar si eso podría ser aplicable aquí.

Ese modelo que describe ¿Sólo es viable con una entrada de dinero, en este caso del petróleo venezolano?

A ver, el modelo implica autoritarismo que quiere decir concentración de todos los poderes, demolición de las instituciones democráticas, anulación de la ley y del estado de derecho. Para efectos prácticos es un gobierno de facto. Por el otro lado, se sostiene con los fondos de la cooperación venezolana que han sido privatizados para financiar la asistencia social que le permite apoyo político a corto plazo y por el otro lado, le da esta discrecionalidad para el funcionamiento del mercado al sector privado. Si a ese modelo le quitamos el componente de la cooperación venezolana no se va derrumbar de un momento a otro porque el modelo ha generado sus propios apoyos políticos. Obviamente le será muy difícil sostenerse a mediano plazo. Yo creo que una de las preguntas que habrá que hacerse al futuro, si Ortega logra la reelección, es si podrá consolidar su modelo a largo plazo si hay elementos de cambio en Venezuela como perfectamente podrían ocurrir en diciembre de 2012 (por las elecciones).

¿Cuáles son esos otros apoyos políticos que lo sostendrían si le cortan la ayuda venezolana?

Ortega tiene una base dura: hay un votante sandinista. Hay un votante orteguista duro que representa aproximadamente un cuarto de la población del electorado. Ha establecido una relación política con su liderazgo mesiánico y en la medida que Ortega y que también ha logrado capitalizar los símbolos de lo que fue el Frente Sandinista, los símbolos de la lucha, de la historia. Y en la medida que Ortega esté en el gobierno esa base social se siente evidentemente que el gobierno le ha estado brindando apoyo, programas. Esa base social la tiene, ahora lo que ha ocurrido en esta segunda parte de su presidencia es que ha logrado ir más allá de su propia base social y que ha logrado ganar el apoyo de sectores que tradicionalmente han sido independientes y que no han votado a favor de Ortega.

Se entiende que sectores que se benefician de prebendas que da el sistema respalden a Ortega, pero ¿cómo explica que la militancia orgánica dura, acostumbrada a pensar por sí misma y es de izquierda, está ideológicamente satisfecha con un caudillo que se parece tanto a Anastasio Somoza?

Yo creo que tiene que ver con la mutación, la deformación del sandinismo y su transmutación en orteguismo. Es decir, el Frente Sandinista ha vivido veinte años de transformación. Es un partido que se ha vaciado de contenido ideológico y político. Ortega fue miembro de la dirección nacional del Frente Sandinista en los años 80. Fue presidente y miembro de la dirección nacional dentro de una dirección colectiva a la cual él tenía que rendirle cuentas. A partir de 1996, estamos hablando de un liderazgo unipersonal, donde incluso importantes líderes políticos del partido, no solamente los que rompieron con él porque querían modernizar el sandinismo sino también otros que han sido apartados porque no tienen el nivel de confianza que él solamente comparte con su esposa y sus hijos, han sido apartados de liderazgos del partido. Pero este Frente Sandinista de hoy se parece más al viejo PRI, a una maquinaria electoral en la cual coexisten en su seno diferentes grupos de interés, cooperativas, grupos campesinos, transportistas, sectores empresariales, jóvenes, con la diferencia del PRI es que asociado únicamente al liderazgo personal de Ortega.

Ha logrado sobrellevar crisis y ha logrado enfrentar contradicciones son sectores de su mismo partido como la penalización del aborto terapéutico. Muchas mujeres líderes del Frente Sandinista no estuvieron de acuerdo. Lo han asimilado por una cuestión de pragmatismo político, por una cuestión de respaldo al poder. Lo mismo puedo decir de los cuestionamiento éticos que se presentaron a Ortega cuando fue acusado por abuso sexual departe de su hija Zoilamérica, o señalamientos de casos de corrupción. Es decir, hay un pragmatismo descarnado en ese partido.

Sólo usa los símbolos históricos del sandinismo...

El símbolo de la bandera rojinegra, de la bandera del FSLN representa años de historia de lucha, de sacrificio para Nicaragua. Hay una construcción afectiva alrededor de eso que es inseparable para muchas personas y algunos se asocian con esos símbolos yo diría de buena fe, de buenas intenciones. Hay que reconocer que no todos los militantes del FSLN son inescrupulosos como Ortega, no todos son corruptos. Ahora Ortega tiene hoy el monopolio de los símbolos sandinistas y ha iniciado un proceso incluso de reescribir la historia. Hay museos en Managua donde Ortega ha borrado a otros líderes combatientes que tuvieron incluso un papel protagónico mucho más importante que él en la lucha contra Somoza y ahora resulta que Daniel Ortega estuvo simultáneamente en todos los frentes de guerra, una cosa que es incluso humanamente imposible.

Usted afirma que el pacto con Arnoldo Alemán en 1999 fue clave para la situación de vive Nicaragua, pero que ese aliado del sandinismo ahora es minoritario. ¿Ve posible que eso pueda pasar acá con el partido oficial con eventuales socios?

Nuevamente no conozco la situación salvadoreña. Supongo que me estás hablando del caso de Gana pero no conozco. Ese análisis deben hacerlo ustedes, pero el caso de Nicaragua es para entender cómo se produjo ese proceso de ese pacto político y cómo posteriormente llegó a ser monopolizado y capitalizado totalmente por Ortega, pero no conozco la situación de acá.

También critica a la oposición por no haber sabido defender los resultados de 2008 cuando hubo graves señalamientos de fraude. ¿Es clave la lucha de calle?

Frente a un gobierno autoritario que se opone por la vía de la fuerza que comete un fraude electoral como ocurrió en Nicaragua en 2008, la gente quería defender su voto, la gente quería protestar, la gente quería salir a las calles, evidentemente la estrategia de la oposición fue incapaz de darle la conducción y el liderazgo que la población estaba requiriendo en ese momento. Un gobierno autoritario no se doblega con comunicados de donantes internacionales. Por presiones económicas externas, solamente se doblega en la medida que es confrontado de igual a igual con la movilización de la población. Repito: cuando eso se presentó Ortega no tuvo más alternativa que recurrir a la violencia y a la represión. ¿Ahora, es sostenible un gobierno que está reprimiendo a la población? No, no es sostenible. Mi argumento es que la oposición perdió esta batalla de la defensa del voto y eso le permitió a Ortega consolidarse. Hoy no necesita reprimir porque no está enfrentando ese tipo de cuestionamientos.

Usted habla de un divorcio entre el discurso de la oposición y las necesidades de la gente. Es difícil que cale un discurso de amenaza a la institución porque es abstracto. ¿Cómo se le llega a la gente?

Esa es una pregunta que no ha podido dar una respuesta satisfactoria la oposición. Su discurso ha estado centrado principalmente en el tema de la violación a la ley, de la violación a la institucionalidad y establecer una conexión que eso tendría entre la economía. Se supone que al violarse la ley, al violarse la institucionalidad, se está creando un clima que desincentiva la inversión y por lo tanto desincentiva el crecimiento económico y el empleo pero no hay una relación automática a corto plazo entre una y otra. En Nicaragua se ha demolido la institucionalidad y al mismo tiempo ha habido expresiones de incremento de inversión, porque algunos inversionistas, inclusive salvadoreños, encuentran en Nicaragua condiciones favorables para invertir por razones que tienen que ver con seguridad ciudadana que hay en el país, y por el otro lado por esta relación discrecional de cómo se relacionan con el poder.

Pero volviendo al tema de la relación de la oposición con la gente. Yo creo que los grandes sectores populares de Nicaragua han estado, es decir, la oposición no ha logrado conectarse con las demandas de empleo, de salud, educación de las grandes mayorías. Para eso se necesitan liderazgos con vocación social, empresarios con vocación social, ONG también con vocación social.

El Diario de Hoy de El Salvador




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