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En Nicaragua hay que estar, como en Venezuela, en el lado correcto de la historia

En Nicaragua hay que estar, como en Venezuela, en el lado correcto de la historia







Por Edmundo Jarquín


Hace tres meses, en Costa Rica, estuvimos reunidos largamente con Leopoldo López, el ahora y encarcelado dirigente de la oposición venezolana.

El propósito de la reunión, en la cual también participaron cubanos residentes en Cuba, que con las tímidas medidas de apertura de Raúl Castro ahora pueden viajar al extranjero aunque sean opositores al régimen, y a la cual lamentablemente no pudieron llegar dirigentes de Bolivia y Ecuador, era analizar la situación de nuestros países, en el ánimo de crear un proyecto, que hemos llamado “Solidaridad Democrática”. El propósito del proyecto es crear una red de solidaridad entre quienes nos oponemos a las nuevas modalidades de autoritarismos o dictaduras   -llamadas del “socialismo del siglo XXI”-  desde una perspectiva progresista, o si se quiere, de izquierda democrática. Demás está mencionar el propósito de subrayar el carácter reaccionario, conservador, y hasta atávico de esos regímenes, que falsamente se llaman de izquierda. 

En la reunión, privada pero no secreta, concebida como un seminario de análisis y reflexión, Leopoldo fue categórico en explicar que la oposición en Venezuela, integrada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que ha tenido como candidato a Henrique Capriles, buscaría la salida del régimen chavista ahora encabezado por Nicolás Maduro, a través de medios pacíficos y constitucionales. Concretamente, Leopoldo mencionó dos: el referendo revocatorio, o bien la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Leopoldo no era partidario del referendo revocatorio, no tanto porque al mismo habría que esperar hasta el 2016, pasada la mitad del período de Maduro, según lo establece la constitución venezolana, sino porque un referendo revocatorio polariza, divide al país, y lo que es peor, señaló Leopoldo, en un referendo revocatorio un sector gana todo y el otro pierde todo. Y no se trata de eso, indicó, porque en una democracia hay que considerar los intereses de todos, incluyendo los de aquellos sectores que fueron reivindicados  -aunque equivocadamente para muchos efectos-  por Chávez.

Leopoldo claramente se decantaba por la convocatoria a una Asamblea Constituyente, en la cual ningún sector gana o pierde todo. Una Asamblea Constituyente, si las elecciones son limpias y se cuentan bien los votos, conduce a un buen proporcionado balance de intereses.

¿Qué pasó entre la reunión en Costa Rica y ahora? En Costa Rica todos los presentes reivindicamos el derecho de protesta y manifestación pacífica, que es un derecho democrático, y en el caso de Venezuela y Nicaragua, constitucional. En Venezuela, además de la privación de las libertades democráticas, hay una corrupción rampante, un desabastecimiento atroz, la más alta inflación de América Latina, y un crecimiento pavoroso de la delincuencia. Una pradera seca y desolada, que cualquier chispa enciende. La violación de una joven estudiante en el alejado Estado de Táchira fue la chispa, y se desencadenaron protestas estudiantiles que rápidamente se extendieron a otras partes,  enlazándose con los otros agravios a la población que hemos mencionado, incluyendo una censura bestial a los medios de comunicación que ha conducido a la cancelación del permiso a los corresponsales de CNN en español, y Leopoldo hizo lo que tienen que hacer los verdaderos dirigentes: ponerse al frente de esas protestas.

La violencia que se ha desencadenado, en particular la responsable de las tres primeras muertes el miércoles 12 de febrero y las de los días sucesivos, es de la cuenta del gobierno y sus grupos de paramilitares llamados “colectivos”, como ha sido ampliamente documentado con fotografías y videos.

He dado los antecedentes de la reunión de Costa Rica, y la posición de Leopoldo López, para subrayar la injusticia de su encarcelamiento. Pero la cárcel, como lo ha recordado el ex canciller mexicano Jorge Castañeda en un artículo sobre este tema, y lo sabemos bien los nicaragüenses, es dónde “se crean los héroes, como bien lo sabría Hugo Chávez, quien se transformó en una figura mítica y tragicómica gracias a su estancia en la cárcel en los años noventa”.      

Desde la cárcel, Leopoldo ha enviado a quienes protestan en las calles el siguiente mensaje, que destaca su vocación de líder: “Estoy bien, no se rindan, yo no lo haré. Estamos del lado correcto de la historia”.

En Nicaragua aún no existen las condiciones de Venezuela, pero quienes y somos muchos, nos oponemos sin vacilaciones a Ortega, también estamos del lado correcto de la historia.

Entregar la tusa y quedarse con la mazorca

Bien hizo el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) en oponerse a un Decreto de Ortega en el cual, a título de reglamentar la Ley de Concertación Tributaria, creaba nuevos impuestos y se establecían algunas medidas fiscales con carácter retroactivo.

Pero despierta suspicacias que la decisión del gobierno de derogación de ese Decreto, después de una reunión con el Presidente del COSEP, se reivindique como otro paso más del “ejemplar” gobierno de “diálogo y consenso”.

La suspicacia tiene antecedentes. El año pasado, y a propósito de la ley de escáneres, el gobierno intentó poner un tributo que violaba los compromisos que el Estado nicaragüense ha adquirido con la Organización Mundial de Comercio (OMC), en el Tratado de Asociación con la Unión Europea y en el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Después de la legítima protesta de los sectores empresariales y los escasos medios de comunicación independientes que todavía quedan, el gobierno dio marcha atrás. Pero no ha dado marcha atrás en otros aspectos, como por ejemplo que había adjudicado la concesión de los escáneres sin ninguna licitación o concurso. ¿Alguien puede creer que el gobierno pensó que podía violar los compromisos descritos sin graves consecuencias para el país? Desde luego que no, sencillamente puso en la concesión algo que sabía tenía que  retirar, y así se quedaba con lo fundamental y de ipegüe (añadido) fortalecía su imagen de “diálogo y consenso”.

Posteriormente quiso obligar a que las poderosísimas empresas multinacionales, la Telefónica española que en Nicaragua opera como Movistar, y America Mobil, Claro en nuestro país, de la cual es dueño el hombre más rico del mundo, tuviesen que obtener la aprobación de Ortega para nombrar sus directores, gerentes y otros altos cargos. ¿Alguien puede creer que efectivamente Ortega pensó que podía obligar a esas empresas a semejante disparate? Desde luego que la disposición se cambió, pero alguna suerte de compromiso quedó por ahí circulando y, de nuevo, Ortega se quedó con el ipegüe.

Ahora “pretendió”, y lo pongo entrecomillas pues hay duda fundada que la pretensión haya sido real, establecer retroactividad normativa y legal en materia económica. Piensen en lo siguiente: ¿quién invertiría en Nicaragua si mañana le cambian las reglas del juego? ¿Alguien vendría a invertir si mañana le dicen que sus derechos ya no son sus derechos? Desde luego que no, y eso Ortega lo sabe. Obviamente esa disposición se puso en el Decreto a sabiendas que en la “negociación y el diálogo”, se retiraría. Veremos qué, de lo que verdaderamente pretende Ortega, quedará en el nuevo Decreto que se va a “consensuar”.

Todo esto me hace pensar en lo que pasó con las reformas a la Constitución. En el proyecto se pusieron cosas exageradas, a sabiendas que se retirarían después, para quedarse con lo fundamental: la reelección indefinida, legislar por decreto y la reforma al Código Militar. Ortega. Como me dijo un amigo “Ortega da la tusa para quedarse con la mazorca”. Hasta que como en Venezuela, y ocurrió aquí con Somoza, el pueblo en las calles exija la mazorca.

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