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En el nombre de la cruz

En el nombre de la cruz







Por Jorge J. Cuadra V.


Definitivamente, nunca veremos a monseñor Báez de candidato a un cargo político y jamás como presidente de la República. No fue para eso que abandonó novia y carrera y se enfrentó a la negativa de su madre.

Monseñor Báez es el Juan Bautista del que ha de venir a poner a Nicaragua en el concierto de las naciones civilizadas que se rigen por los preceptos de la democracia. Pero no se crea que el papel que puede jugar monseñor Báez es inferior al que va a jugar el líder político que saldrá de las entrañas del pueblo. En cierto sentido es más duro el papel de hacer conciencia entre el pueblo, que el de recibir un pueblo concienciado y listo para ser guiado. Y por ese detalle me voy a permitir comentar la entrevista que Silvio José Báez Ortega, obispo auxiliar de Managua, le brindó a LA PRENSA el pasado domingo 30 de diciembre de 2012.

Yo le hubiera preguntado a monseñor Báez que cuál fue el evento más crucial en su vida entre los 19 y los 54 años. Prometía ser un buen ingeniero eléctrico, un hombre de familia y de éxito, pero optó por ir al encuentro de su Monte Carmelo y ahora es obispo con un futuro luminoso.

Su contestación debería ser, el segundo llamado de Dios. El llamado que lo tiene al frente de una lucha que va más allá de la política, con el coraje suficiente para hablar claro de los abusos del poder y para darle a esa lucha un sesgo espiritual que es el que hace la diferencia.

Su señalamiento de la ausencia de Cristo crucificado en la propaganda irreverentemente religiosa que lleva a cabo el gobierno de Daniel y Rosario, es original y nuevo. Fíjense bien, dijo el obispo Báez, nunca sale la cruz en la propaganda de confusión que dirige doña Rosario para aparentar que son religiosos. Todo lo de ellos se basa en las victorias: María victoriosa, caridad victoriosa, pero no en la cruz, ni el crucificado, porque morir en la cruz para ellos no es victoria.

Pero la labor de monseñor Báez no sería completa si no carga su cruz, la cruz de la lucha política. ¿Cómo se podría llamar a la lucha del clero mexicano con la cruz por estandarte contra la dictadura de Plutarco Elías Calles, política o religiosa? ¿Podrían haber tenido éxito los cristeros si no hubieran salido de sus iglesias y conventos para luchar a las calles y campos de México? El padre Pro, sacerdote jesuita, murió fusilado gritando ¡Viva Cristo Rey! por defender su fe y la fe de los mexicanos católicos, en una guerra cuyo origen fue la dictadura política de Calles.

La respuesta tajante a la pregunta que si lo vamos a ver como candidato, con la que monseñor Báez termina su entrevista: “No, absolutamente. Ni pensarlo”, confirma el concepto que tiene de que en Nicaragua ser político es ser corrupto. Muy rápido su juicio, como clara su misión, si no, ¿para qué tanto involucramiento con la realidad política y social de Nicaragua? ¿Para qué tanto vigor en sus declaraciones desde el púlpito y desde los medios de comunicación, si no es para preparar el terreno haciendo política de lucha, sin pensar en compensaciones materiales?

Ahí está la cruz y si no la toma para guiar a este pueblo desorientado y empobrecido por los regímenes corruptos, la renuncia a la ingeniería eléctrica, a la novia y al mundo se quedaría sin sentido.

Cada quien recibe el llamado de Dios, algunos para cargar cruces pesadas, como la que cargó Jesucristo camino al Calvario.

Con su elegancia y su inteligencia, monseñor Báez tiene asegurada una carrera burocrática dentro de la Iglesia católica, que lo podría llevar al cardenalato o a un elevado cargo en el Vaticano. Posiciones que luchando por la redención de Nicaragua, nunca va a lograr.

Nicaragua necesita un guía, un líder con valores morales. Ahí está la cruz; ahí está el liderato.


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