Así paga Ortega a quien bien le sirve







Harold Rivas y Leticia Herrera


Por José Ramón Gutiérrez Martínez
Nicaragua sin Fronteras


El mensaje es claro: Lo que no lograron las balas ni la guardia de Somoza, doblegar a Leticia Herrera, sí pudo hacerlo un cuestionado funcionario que se mofa de ser bendecido por el cardenal Miguel Obando y Bravo.

El 23 de marzo de 2007 la comandante guerrillera y excombatiente Leticia Herrera fue designada por el presidente Daniel Ortega como Cónsul General de Nicaragua en Costa Rica, pero fue hasta 8 meses después de la solicitud, en febrero de 2008, que el gobierno costarricense otorgó el exequátur (aceptación oficial) a la ex comandante, aunque sin el privilegio de la inmunidad diplomática.

En aquel entonces, Leticia Herrera, conocida con el seudónimo de “Miriam” en las filas del sandinismo, tuvo que esperar durante un buen tiempo en Costa Rica la confirmación  final del gobierno tico. Su aceptación fue condicionada porque ella nació en Puntarenas, Costa Rica y goza además de la nacionalidad nicaragüense, pero además, no dejó de causar preocupación su experiencia en explosivos y organización de masas.

Aunque su trabajo es calificado como “bueno” por los nicaragüenses radicados en Costa Rica, principalmente en comunidades fronterizas, esa labor fue la que causó mayores fraccionamientos en las frágil relación que sostuvo con el investigado embajador Harold Rivas Reyes, en el sonado caso de presunta evasión fiscal por introducir al menos tres vehículos de lujo a suelo tico con exoneración diplomática, cuyo destino y uso no está cubierto por la legislación costarricense que regula estos casos.

Desde su llegada, además de enfrentar el silencio de las autoridades ticas en su aceptación, tuvo que contrarrestar los embates del embajador Rivas Reyes, quien administrativamente siempre pasaba encima de ella y trataba de aislarla, a pesar que Herrera es de de probada vocación sandinista, por cuya causa arriesgo la vida, incluso para sacar de la cárcel a Daniel Ortega, cuando Herrera participó en una acción de secuestro, en 1974, en la que Somoza aceptó intercambiar prisioneros por rehenes.

La labor que le destacan a Leticia Herrera dentro de las comunidades fue una señal para que Rivas Reyes la viera como competencia, especialmente porque ella le estaba ganando los espacios en los medios de comunicación.

Ahora, la ex comandante guerrillera será la nueva cónsul general de Nicaragua en Panamá, según información oficial del gobierno de Ortega, que casi nunca abunda en explicaciones, mucho menos en este tipo de casos.

La “comandante Miriam y colaboradora Vicky” guarda silencio, resignada por el momento, no olvidando  los ataques y marginación de que ha sido objeto en su cargo por parte del actual embajador, un hijo del  pacto liberal – orteguista.

Y precisamente es lo que más llama la atención para muchos que son conocedores de la trayectoria de Herrera, de cómo el embajador, un advenedizo dentro del FSLN,  pueda tener más importancia en un puesto público que la propia ex guerrillera a quien sí le costó la causa.

El mensaje que deja el gobierno orteguista es que de poco sirven los méritos de los verdaderos revolucionarios frente a personajes que son producto de pactos y repactos que solo daño siguen causando a la ya inexistente institucionalidad de Nicaragua.
La ex guerrillera no aguantó más los desmadres del embajador, la presión, las zancadillas y los despidos de su personal de confianza. Se hastió que la misma cancillería nicaragüense nunca le diera respuestas a los constantes correo de quejas que les enviaba a sus superiores por la indebida actuación de Rivas Reyes.

El embajador cumplió su promesa de hacer todo lo posible para que la alejaran de la embajada, la presionó tanto, que ella decidió pedir un traslado, siendo una salida diplomática en el submundo político nicaragüense.

Extraña como, el propio FSLN, deja que pisotean la memoria y los méritos realizados por verdaderos sandinistas, favoreciendo a  funcionarios sin ideología alguna… o mejor dicho que solo se han acostumbrado a bailar el son que le tocan.

La comandante Leticia  Herrera, ex coordinadora de los Comités de Defensa Sandinista, CDS, admitió que nació en Costa Rica y que adquirió la ciudadanía nicaragüense desde hace muchos años, pero dice: “Yo no fui a pasear a Nicaragua;  fui a luchar contra la dictadura de los Somoza, tampoco me vine a esconder en La Uruca, cuando la lucha insurreccional. Tiré plomo en Nicaragua y arriesgué la vida muchas veces, Sigo creyendo en las posibilidades del ser humano de transformar su realidad social, con lucha, con trabajo, con resistencia, con actitud consciente y crítica, con articulación de ideas transformadas en acciones, con organización y con el respeto a las distintas y variadas formas de lucha que escojan los seres humanos. Yo no niego ninguna forma de lucha. Yo sé que la lucha armada es una forma terrible, que algunos tuvimos que escoger porque se cerraron otras opciones en su momento”,  me dijo en una ocasión que personalmente la visité en su oficina del barrio La California en San José.
 
Para muchos que se consideran verdaderos sandinistas y combatientes históricos del FSLN es inaceptable y además, imperdonable, cómo Daniel Ortega sacrifica a la auténtica militancia por complacer los caprichos de un funcionario con una trayectoria familiar llena de antivalores, impuesto en el gobierno por obra y desgracia del pacto político entre Ortega y Alemán, vergüenza nacional para todos los nicaragüenses honestos, seamos miembros o no de algún partido político; pacto que mantiene al país al borde de una crisis institucional de consecuencias imprevisibles.

Pero, así paga Ortega a quien bien le sirve.

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