El portento de las urnas







Por Sofía Montenegro
Periodista

Tomado del semanario Confidencial de Nicaragua


   Agua que fluye para arriba

El inverosímil 63% con el que se está proclamando “reelecto” Daniel Ortega en unas elecciones a todas luces fraudulentas, movería a la risa si no fuera por las consecuencias trágicas que tiene para el país. En la víspera de las elecciones, Rosario Murillo dijo que esperaba que estas “sean las mejores en toda la historia de Nicaragua” y llamó a  seguir “trabajando y orando para que los prodigios, los milagros, los portentos de la mano de Dios, se sigan produciendo”. Al parecer la mano de la señora de los anillos no lo dejó todo a la mano de Dios, para producir al día siguiente el gran portento de las urnas. En las elecciones del 90 Ortega sacó 40% contra el 54% de Violeta Chamorro; en 96 sacó el 37% contra el 50% de Arnoldo Alemán; en el 2001 sacó el 42% contra el 56% de Enrique Bolaños; en el 2006 sacó el 38% contra el 28% de Eduardo Montealegre y el 27% de José Rizo. Con un gobierno de minoría de un 38% conseguido de manera amañada y una innegable derrota electoral en las municipales hace tres años, cuyos votos robó de manera descarada, hete aquí que Ortega como por arte de magia sube 25 puntos por encima de la única alternativa de oposición y alcanza el 63%.  El incuestionable hecho de que el agua siempre fluye de arriba hacia abajo, fue negado por Ortega que ha demostrado  en contra de la ley de la gravedad, que en su caso el agua fluye de abajo hacia arriba. Es que en la física orteguista el plomo flota y el corcho se hunde. ¡Todo un prodigio!

   Profecía autocumplida

Mejor no lo pudo haber expresado el jefe de la misión de observación de la Unión Europea, que “reconoció” que Ortega ganó, pero no de forma transparente. En palabras terrestres y pedestres: ganó robando. El consenso de los observadores nacionales y de la ciudadanía, es que el proceso no cumplió con los requisitos y garantías mínimas universales en materia de participación universal, campañas limpias, sufragio con garantías, conteo transparente y respeto a la voluntad popular. Según EyT de los 13 indicadores sobre estos temas, 11 fueron violados e incumplidos por el Estado de Nicaragua, por lo cual “el proceso no es justo, honesto o creíble”. Hay evidencias acumulándose de que el fraude fue realizado con “urnas preñadas” con boletas premarcadas desde la noche anterior, con el doble y triple voto y la falsificación de actas de escrutinio, operación para lo cual era indispensable la no acreditación y expulsión de los fiscales del PLI, particularmente en aquellas JRV donde Ortega siempre ha perdido. El resultado es el prodigio anunciado por el CSE como colofón de las espurias encuestas ordenadas por Murillo, que a partir de una definición falsa de la intención de votos convirtió una premisa sin fundamento en “verdadera”, por la magia del fraude. Si bien hay algunos crédulos entre la ciudadanía opositora que dan estas encuestas como buenas, han sido creadas para proveer de convicción a las filas orteguistas, para que el “triunfo” tan retorcidamente conseguido sea “defendido”  a morterazo y balazo limpio.

   Desaparecer electores

Como los magos de feria que hacen desaparecer conejos en un sombrero, los artífices del milagro de las urnas trabajaron desde hace tres años para disminuir el padrón electoral y hacer desaparecer electores, en una abstención fabricada y forzada. Según los cálculos de IPADE, de las elecciones del 2006 a las del 2011, la población electoral sólo creció en 60,901 votos, cuando el promedio histórico ha sido de 363,330 votos. Esto significa el equivalente de seis abstenciones en una JRV, en relación al antecedente de sólo una. Si a esto le sumamos el aliño previo de las urnas o el “cambiolín” de las mismas, la adulteración de las actas de escrutinio, el estado de sitio al que sometieron a la gente en los centros de votación donde siempre han perdido y encima, la “contada” unilateral de los votos, está claro que el triunfo del orteguismo ha sido producido artificialmente. El efecto en apariencia maravilloso e inexplicable, es lo que caracteriza los actos de ilusionismo que la jefa de las artes mágicas de Ortega espera aceptemos como legítimos y nos quedemos pasmados por el fenómeno. Pero parece que tanto esfuerzo no va a servirle de mucho: hay una sorda oleada de indignación que recorre todo el país y es cuestión de tiempo hasta que les restalle en la cara.

   Entropía

Sí de algo se puede calificar el proceso electoral ocurrido, es de entrópico. La entropía es la Segunda Ley de la Termodinámica, que puede definirse como el proceso por el cual hay en todo un deterioro general pero inexorable hacia el caos. En otras palabras, que todo va para peor o se arruina irremisiblemente. Esa es la tendencia del orteguismo, del pactismo, de la institucionalidad, del sistema político, del orden, la estabilidad, etc. La usurpación del poder como fruto de un proceso viciado e ilegítimo, según esta ley universal, sólo acelerará la entropía en el país, el desorden, la anarquía y la violencia, tras lo cual sucede una mutación. Nadie puede llamarse a engaño y en particular el orteguismo, de que los resultados de estas elecciones no van a tener consecuencias catastróficas. Por más que hagan políticas de “apaciguamiento”, llamados cínicos a la paz, a prometer estabilidad precaria, ofrecerle el mantenimiento del status quo al gran capital, presionen a las fuerzas políticas opositoras en el PLI, intimiden a la prensa independiente y a las organizaciones civiles. Por más que anuncien el maratón “chavideño” de la entrega de los bonos, de vehículos y títulos de propiedad en una Purísima clientelista y ejecuten ciudadanos para detener el proceso entrópico, la crisis y el conflicto ya está servido. Ese es el verdadero portento producido por las urnas.



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