El peligroso coqueteo de los empresarios con Ortega







La mayoría de la clase empresarial nicaragüense ha mantenido, a través de la historia, una conducta proclive a la complicidad con las castas gobernantes, a fin de mantener o aumentar los privilegios, que como dádivas otorgadas por los gobiernos de turno, son entregados como parte del cálculo político que se hace, en interés de mantener el estatus qu[o tan necesario para que el poder y los negocios caminen en perfecta armonía. Nunca el “Comed y Comamos” fue tan efectivo como en estos aciagos días, en que una dictadura se consolida a vista y paciencia de todos los nicaragüenses, incluidos una gran cantidad de empresarios, que como borregos camino al matadero, esperan un milagro para no ser sacrificados, que es el equivalente a que el dictador de turno no los desplace de sus negocios.

Durante el somocismo, Anastasio Somoza García fue categórico en su relación con la empresa privada, sencillamente los privaba de sus empresas. Negocio o propiedad que le gustaba, negocio o propiedad de la que se adueñaba. Una recua de mensajeros llegaba a transmitir los deseos del Jefe y su propuesta de compra a las víctimas seleccionadas por la voracidad del fundador de la dinastía. Eran, al mejor estilo de don Vito Corleone, propuestas que no se podían rechazar. Vendía o vendía y siempre al “precio sugerido”. En caso contrario, las opciones eran simples: confiscación, destrucción o muerte.  

Su sucesor, Anastasio Somoza Debayle fue más fino en su relación inicial con los empresarios: Comían todos y se respetaban las áreas de trabajo de cada grupo empresarial, las que estaban convenientemente divididas y para garantizar la estabilidad, altos oficiales de la Guardia Nacional al frente de Aduanas y Hacienda. Fue el terremoto del 72 quien propició el rompimiento del amoroso e interesado Kupia Kumi entre el dictador y los empresarios, cuando en el primero se despertó la voracidad por echarle mano a los cuantiosos recursos que provenían de la generosa ayuda internacional, destinada a la reconstrucción del país. Tímidamente al comienzo y frontalmente después, la clase empresarial rompió con su socio de años, mas por sentirse desplazados en el reparto del nuevo pastel, que por inconveniencias políticas o ideológicas.

Durante los años 80´s, la relación entre Daniel Ortega y el empresariado que se quedó en el país, fue en exceso accidentada. Represión, control gubernamental de las divisas, nacionalización del comercio interior y exterior, nacionalización de la banca, confiscaciones, tomas de tierras, encarcelamientos y el asesinato de  Jorge Salazar, principal dirigente empresarial del COSEP, fue la tónica que marcó la época.

En los años 90´s Ortega tuvo un discurso dual. Por una parte despotricaba de los empresarios hasta más no poder. Vende patrias, agentes imperialistas, lacayos del imperio, vampiros y sanguijuelas eran los epítetos preferidos, pero en la medida que se acercaban las elecciones, bajaba el tono y se mostraba más conciliador y pacífico. Eran entonces los momentos de cambiar el discurso y de repente aquellos se convertían en los “hermanos empresarios”, con el objetivo de acercarlos, como arañas en su tela a las moscas, a la eterna Convergencia. Camuflados unos con la falsa vestimenta de nuevos y modernos magnates, producto de la rapiña y el oportunismo de los últimos meses de la “revolución” y Ortega con su atuendo blanco virginal, trataban de atraerlos para que les levantaran el veto, producto de la desconfianza cultivada durante tantos años de tirantez. Luego de las derrotas, tres consecutivas, volvía al mismo discurso confrontativo y áspero, culpándolos de sus desgracias personales.

De la mano de otro “empresario de ocasión”, que de comerciante de huevos devino en nuevo millonario, gracias al siempre condescendiente, mudo y ciego erario público, Ortega logró la presidencia en el 2006. Con la lección aprendida durante los 16 años de “neo liberalismo brutal y salvaje”, optó, en lugar de la venganza, la coexistencia pacífica con sus viejos enemigos. Nuevamente el somocismo de nuevo cuño se abría paso a través de la historia.  Mejor amigos y aliados, siempre y cuando coman de su mano. La vieja enseñanza de los dos Somoza, “Comed y Comamos” de nuevo en acción, para mantener la estabilidad de la economía y la tranquilidad de un estado de cosas, en la que ambos sectores están contentos con los roles asignados. Uno, el nuevo patrón que comparte las riquezas provenientes de la ayuda venezolana. El otro, los eternos comelones que se sienten satisfechos por la generosidad del primero.

Sin embargo, detrás de tantas muestras de cariño y de recíproca complacencia, se esconde la soga con que, tarde o temprano, los nuevos aliados, el GPC de los empresarios, a como los llamó, serán ahorcados. En el documento “Socialismo del Siglo XXI, Hermandad Revolucionaria”, se leen íntegramente las intenciones y los objetivos de tanta zalamería: Impulsar una Alianza táctica con los empresarios, concentrando nuestros esfuerzos en el otorgamiento de prebendas y políticas que les generen ciertos espacios mínimos, en la que se constituyan un aliado y no en un enemigo del FSLN. Concentrarse en las características de liderazgos personales para ganar su apoyo a nuestro sistema.


Hasta el momento Ortega y su grupo empresarial - familiar se ha concentrado en la Industria Energética como punta de lanza para consolidar su poderío económico. Monopolio en la importación del Petróleo, monopolio en el almacenamiento del crudo, amplia participación en la distribución de combustible, sólida y creciente participación en el pastel de la generación energética y con la mira puesta en el monopolio de la distribución de energía. Paralelo a esto, está en proceso la consolidación de su grupo en la industria de las comunicaciones, televisión y radio, como principales medios para llevar la única verdad, “la verdad revolucionaria”. Posee además la exclusividad para la exportación de todo tipo de productos a Venezuela, pasando por encima de las plañideras solicitudes de la cúpula empresarial de crear un TLC con este país, de manera que puedan participar, en igualdad de condiciones, en el reparto de las ganancias de esta relación, que han crecido exponencialmente de 2 millones en los 90´s, a más de 300 millones de dólares actualmente.

Pragmático en este nuevo asunto de los negocios y de la mano de su millonario asesor principal, mantiene 17 mil millones de córdobas depositados en tres bancos, como para mantener a los banqueros tranquilos y calladitos; da a otra parte una generosa participación en el sector de la generación de energía y a través de su “micro financiera” facilita al Estado el crédito suficiente para el pago de las deudas contraídas con los generadores; les mantiene las exoneraciones y es bondadoso en lo que respecta al pago de impuestos. En correspondencia, el Gran Capital respalda al gobierno en su Venta de Nicaragua, un país estable y seguro, donde la gente rebosa de felicidad, come a tiempo los tres tiempos y es casi una réplica del paraíso terrenal.  

Hasta dónde y hasta cuándo durará este “affaire” entre Ortega y los empresarios, nadie lo sabe. Mientras las muestras de cariño se sigan prodigando por parte del primero y los otros estén contentos, la estabilidad estaría asegurada. A como dice el viejo refrán, “dan darán suenan las campanas”.

Publicado por Roberto Samcam en su blog personal





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