El eco de 2008 resuena en Wall Street







Suena inquietantemente familiar. Las acciones caen en picado. La economía se ralentiza. Los políticos se las ven y se las desean para encontrar soluciones, pero se enredan en discusiones. Muchos estadounidenses se preguntan si les espera una repetición de la crisis financiera de 2008. La respuesta es objeto de un encarnizado debate entre los economistas y los expertos en mercados. Muchos afirman que los riesgos son menores en la actualidad -al menos en lo que se refiere a una crisis inmediata- porque el sistema financiero en general goza de mejor salud y hay menos problemas ocultos. Pero añaden que hay motivos para preocuparse y no descartan una rápida caída en espiral si los políticos en Estados Unidos y en Europa no pueden tranquilizar a los inversores afrontando los retos financieros primordiales.

Igual que hace tres años, el problema básico es un exceso de deuda que los prestatarios tienen problemas para devolver, pero esta vez se trata de deuda soberana en vez de privada. "De momento la cosa no está tan mal como en 2008, pero podría ponerse mucho peor porque la preocupación por la deuda soberana es de escala mucho más mundial que el riesgo de las hipotecas basura de 2008", opina Darrell Duffie, catedrático de Finanzas en Stanford y experto en el sistema bancario. La creciente falta de confianza es quizá el elemento en común con 2008 más inquietante y la principal preocupación. "Hay un grado de temor ahí fuera que se parece un poco", puntualiza Michael Hanson, un veterano economista del Bank of America Merrill Lynch.

"No son sólo los fundamentos. Es el miedo a lo desconocido", añade. La mayor parte de la atención se ha centrado hasta ahora en la volatilidad de los valores y los inversores están aterrorizados con los tres retrocesos de infarto registrados en los últimos cinco días de Bolsa, incluida la caída del 4,6% que sufrió el miércoles el índice industrial Dow Jones. Pero lo que más inquieta a muchos financieros y funcionarios públicos son los indicios de tensión en los mercados de crédito europeos, esenciales para financiar la actividad diaria de bancos y empresas del continente. A diferencia de la crisis de 2008, que se inició en los Estados Unidos y se extendió por todo el mundo después del desplome de Lehman Brothers y de que la gigantesca aseguradora American International Group (AIG) estuviera a punto de quebrar por los impagos de las hipotecas basura, la situación actual empezó fuera de Estados Unidos. Lea reporte completo en El País

Carta Bodán




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