El derecho de Radio y TV de los Dodgers es más caro que el equipo







Poniéndome el micrófono en Dodger Stadium -1988

Por René Cárdenas
fitoiii@aol.com

Con cariño recuerdo mi debut como narrador de Grandes Ligas en 1958. Las escenas retrospectivas del 18 de ese mes de abril y de ese año de gloria en el majestuoso Coliseo de Los Ángeles, viven con todo su esplendor en mi mente. A pesar de la alegría de mi debut, los Dodgers terminaron en el séptimo lugar en una liga de únicamente ocho equipos. Mi primera narración de un juego en vivo que se efectuó contra los Gigantes de San Francisco, fue presenciado por 78,672 espectadores.


Con Jaime Jarrín en Dodger Stadium (1987) y en Dodgertown en 1994
En 1959, los Dodgers terminaron empatados en el primer lugar con los Bravos de Milwaukee y barrieron la serie de tres juegos de desempate para ir a la Serie Mundial contra los Patiblancos de Chicago. La alineación inaugural de ese año, para mí fue algo inolvidable: Ron Fairly, jardinero derecho; Wally Moon, jardinero izquierdo; Johnny Roseboro, receptor; Charlie Neal, segunda base; Gil Hodges, primera base; Don Zimmer, torpedero; Jim Baxes, tercera base y, Don Drysdale, lanzador. El dirigente fue Walter Alston.

Admirando mi propia foto en el Paseo de la Fama de Arlington Stadium  - 1997

Desde temprana edad yo era el único dodgeristaentre todos los yanquistas de mi barrio la Bolsa de Managua. Yo amé a mis Dodgers a mi manera, en forma inconcebible. Los defendía con todas las fuerzas de mi corazón cuando perdían, tanto era mi ardor que las discusiones terminaban en peleas de las que siempre resulté con la peor parte. Los puñetazos que recibía en mi rostro no dolían porque mi pasión era tan sublime que el dolor no tenía importancia. Siempre fue así, quizá por mi tendencia innata de siempre ir a favor del desvalido.

Cuando trabajaba como corrector de pruebas en la primera Estrella de Nicaragua, mi tío político  Leonardo Lacayo Ocampo, graduado de periodista en Chicago, era el Jefe de Redacción y uno de los más distinguidos cronistas de beisbol del país. Sus crónicas acerca de los Yanquis, Dodgers, Cachorros y otros equipos ligamayoristas, eran fascinantemente salpicadas de humor y de su propia experiencia adquirida en los estadios de Los Estados Unidos y, para mí, era la mejor lectura de mi vida. Mi gusanillo periodístico nació allí, con él como maestro. Más tarde, fue catedrático de periodismo en la Universidad en Managua. Cuando Lacayo falleció, era el representante oficial de la UPI. Sus estudiantes se convirtieron en los más distinguidos periodistas del país.

Narrando beisbol en Managua - 1946

También recuerdo los insultos que yo recibía por ser admirador incondicional del equipo azul y blanco. Mientras los yanquistas se ufanaban de llamarse Mulos de Mahattan y Bombarderos del Bronx, me echaban en cara que los dodgeristas éramos simplemente Maletas de Brooklyn. No solamente una vez se me humedecieron los ojos. La década del 40 fue de puro sufrimiento porque mis Dodgers a pesar de haber sido anunciados como poderosos a principios de 1941, perdieron la Serie Mundial de 1947 en siete juegos frente a los Yanquis y, más tarde, en 1949, perdieron otra vez ante los mismos Mulos.

Con el resultado del primer juego del clásico de otoño en 49, los Yanquis clavaron una flecha en mi corazón cuando Tommy Henrich desembarcó un cuadrangular contra el tercer lanzamiento de Don Newcombe en la novena entrada para ganar el partido.

Una vez cenando con Newcombe en el club del palco de prensa de Dodger Stadium, le pedí me describiera ese tercer envío: "René, fue mi mejor lanzamiento de la noche, porque sabía que "el viejo confiable" (Henrich) era un bateador efectivo y poderoso", dijo Don transportándose al pasado. Según los datos de ese choque, fue un partido de película entre Newcombe y Allie Reynolds. Los dos serpentineros fueron seleccionados para el primer encuentro de la Serie debido a la fama de ser fieros competidores. "El relámpago de las cinco de la tarde", era el otro apodo que tenía el temido bateador.

Esta es una fotografía tomada en 1964 frente a la cabina de narración del legendario Colt Stadium, de Houston, Texas, mientras el inolvidable Orlando Sánchez Diago y yo compartíamos la narración de un juego de los precursores de los Astros, Colt .45s. Para el año siguiente, el equipo cambió el nombre de Colt 45s a Astros y se mudó al Astrodome, el primer estadio techado en la historia del béisbol. El estadio que todavía existe, sigue siendo una joya en la pradera.
Mis primeros cuatro años con los Dodgers fueron interesantísimos (1958 - 61, inclusive). Aprendí un sinnúmero de cosas que no había soñado, especialmente durante mis dos primeras incursiones de entrenamiento primaveral en Mesa, Arizona (1958) y luego en Dodgertown (Vero Beach, Florida) en 1959. Por dicha que llegué a las Mayores como todo un profesional de la locución deportiva y con todos los conocimientos de radiodifusión obtenidos en una carrera en distintas radiodifusoras de Managua donde aprendí e hice de todo habiendo comenzado a muy corta edad.

Capeando el rocío de champaña en Oakland (Serie Mundial 1988)

Pese a todos mis conocimientos y experiencias en la rama de la narración de beisbol en radio, encontré cierta resistencia y envidias del personal de Radio KWKW de Pasadena, por ser nicaragüense y no mexicano. Un español, Alejandro Prada (redactor) y, un ecuatoriano, Jaime Jarrín (locutor de noticias), fueron los únicos que me respaldaron y me creyeron al instante. Los mexicanos de la emisora insistieron en que yo no era hombre de radio y presionaron para que yo leyera un comercial en los estudios de la radio en presencia de la mayoría del personal. Cuando llegó el día de la prueba y lo leí frente al micrófono, Alejandro y Jaime que estaban en un estudio adyacente, pegaron brincos de alegría, bello gesto que no olvidaré jamás.

Los locutores mexicanos no quedaron satisfechos e insistieron con la gerencia de la radio para que yo tradujera en vivo o al instante del inglés al español un juego de beisbol de los que se estaban transmitiendo desde la Florida. La radio me envió a los estudios de KMPC en Hollywood, la emisora de Gene Autry que estaba haciendo en inglés los juegos primaverales de los Dodgers en 1958. Me acompañó Ernesto Cervecera, el mexicano que más me odiaba y él sirvió de locutor comercial. Hice tres entradas con diferencia de pocos segundos en la traducción. Para mí fue como pegarle a un bolo, y, el tipo con la cabeza baja, finalmente dejó de molestar, por no decir una palabra fuera de tono.

Narrando beisbol invernal en Nicaragua - 1972 (Foto facilitada por el historiador de beisbol Tito Rondón)

La radio por no tener un experto en beisbol, me asignó de compañero a un mexicano que las hacía de DJ, (hombre que pone discos y lee comerciales) llamado Milt Nava. Era una buena persona de edad, quien no sabía un comino de beisbol, mucho menos de la fraseología y el arte de narrar pelota. Las agencias publicitarias de Nueva York que patrocinaban todo el paquete al igual las narraciones en inglés, decidieron que yo hiciera 6 entradas y Nava 3. Y así pasó el año de 1958  El pobre hombre no participaba en los juegos recreados en el estudio cuando el equipo estaba fuera, porque eso era imposible para su capacidad y conocimientos. Entonces yo tenía que soplarme las nueve entradas completamente solo.

Cuando comenzaron las protestas de los oyentes acerca de la actuación del compañero Nava, el Presidente de la KWKW, William Beaton, me preguntó que cómo lo estaba haciendo y yo le respondí que él ya sabía la respuesta. Es difícil aprender beisbol y más aún narrarlo cuando se está viejo.

Beaton me dijo que había consultado con la agencia principal, Gumbinner Advertising el plan de enviarme a Jaime Jarrín que era el locutor de noticias y deportes de la radio y que por su juventud tenía buena oportunidad de aprender a mi lado. Y yo recibí con los brazos abiertos a Jaime en 1959, fresco de mente, hombre sano y ansioso por aprender. Me hizo un millón de preguntas y un millón le contesté con el mayor gusto. Lo primero que hice fue enseñarle a anotar beisbol, que fue lo primero que yo aprendí en mi juventud cuando tenía unos diez años de edad. A los 16 aprendí a anotar boxeo con mi comentarista Nayo García (pugilista profesional de Nicaragua) y más tarde baloncesto, porque también narré esos deportes por muchos años en Managua. Pugilismo también narré en las Mayores, en Europa y Estados Unidos.

Narrando en TV de los Astros de Houston - 2008

A fines de la temporada de 1961 y a punto de concluirse la construcción de Dodger Stadium, la Agencia Gumbinner me contactó por medio de Stan Evans (aún vive) y Richard Blue (ya fallecido) me contactó para participarme que había invertido un millón de dólares por los derechos de radio y televisión con el nuevo equipo Colt .45s (que años más tarde llegarían a ser los Astros de Houston), y que quería que yo me encargara de todo el paquete en español con el equipo. Me dijeron que el dueño, Roy Hofheinz, me llamaría para ofrecerme los detalles de un contrato para trasladarme a Houston. Hofheinz, me invitó a Houston y personalmente discutimos las que él quería fueran mis nuevas responsabilidades y el salario que por ello me ofrecía. Habiéndonos arreglado, su primera orden fue que yo consiguiera a mi propio compañero, el que me secundaría en la narración de los juegos. Yo decidí contratar a Orlando Sánchez Diago, cubano, refugiado político en Venezuela y un distinguido narrador que yo había conocido durante la pelota invernal en Nicaragua. Entre nosotros nació una fructífera relación de trabajo y Orlando siempre fue leal compañero y amigo de primer orden hasta su fallecimiento. Además de esas cualidades, era una biblia en beisbol.  

Cuando yo renuncié de los Dodgers en 1962, el nicaragüense José (Fat) García tomó mi lugar y falleció diez años más tarde. Para reponerlo, el equipo empleó al ya fallecido caballero mexicano y actor cinematográfico de Hollywood, Rodolfo Hoyos que más tarde se retiró delicado de salud. En su lugar los Dodgers me invitaron a regresar para secundar a mi propio pupilo. Jaime y yo, en la segunda etapa, pasamos 16 años narrando la pelota de los Dodgers. Tuve suerte, pues en 1959 -primera etapa- ganamos la Serie Mundial a los Patiblancos de Chicago y, en 1988 -segunda etapa- ganamos a los Atléticos de Oakland.

Después de esas notas históricas que acabo de compartir con ustedes, permítanme citar que en este 2012, según ESPN, sería mejor comprar el equipo (Dodgers) que comprar los derechos de transmisión.

"El contrato vigente por los derechos de transmisión de los Dodgers expirará después de la temporada 2013, y se anticipa que la guerra de licitaciones entre Fox y Time Warner va a ser encarnizada. Cabe señalar que por otro lado, Time Warner ya sobrepujó a Fox por los derechos televisivos de Los Ángeles Lakers a partir de la próxima temporada. Se estima que esa guerra va a ser tan fuerte que, de hecho, ambas empresas exploran si en estos momentos estarían en mejores circunstancias simplemente comprando el equipo, o una porción del equipo, en lugar de hacer una oferta por los derechos televisivos más adelante.

El diario The Wall Street Journal reportó la semana pasada que News Corp., la empresa dueña de Fox -- ciertamente, la misma empresa que quiso desprenderse y le vendió el equipo (Dodgers) a Frank McCourt en 2004 -- firmó un acuerdo de confidencialidad con Blackstone (representantes de McCourt para licitar el equipo) y tiene interés en adquirir una participación de 15-20 por ciento en el equipo".

El grupo Fox Entertainment y Robert Daly, vendieron el equipo a McCourt el 29 de enero de 2004. La Fox había comprado el club el 19 de marzo de 1998 a Peter O´Malley y Terry O'Malley Seidler. Recordemos que bajo el mando de O´Malley, de 1970-1998, los Dodgers ganaron 2,372 partidos y perdieron 2,035. Y en ese período ganaron cinco campeonatos de liga y dos Series Mundiales.

En mi oficina casera donde escribo y edito www.laestufacaliente.com - 2012


Jaime, que ha sobrevivido las ventas y las compras del equipo, ama a sus Dodgers y los considera como la bandera de su vida: "La campaña de Los Dodgers en 2011 fue de las más interesantes en los últimos años", explicó mi compadre. "Los Dodgers fueron como un barco atrapado en un mar embravecido que logró capear el temporal para salir avante viento en popa en medio de tanta controversia y denuncias contra su propietario Frank McCourt. La prensa atacó sin piedad pero el equipo logró sacudirse y en los últimos dos meses de la campaña se desenvolvió en el diamante como uno de los mejores conjuntos de la división. Lástima que fue demasiado tarde. Empero logramos ser testigos del advenimiento de dos elementos que han cosechado los máximos laureles en sus respectivas posiciones: el zurdo Clayton Kershaw y el jardinero Matt Kemp, ganadores del Cy Young Award y el Jugador Ofensivo de la Liga, respectivamente, que serán piedras angulares en el futuro de la organización".

De acuerdo a ESPN, la situación con respecto a los Dodgers es tragicómica porque hay en Los Ángeles una cabalgata de millonarios con platita en mano para comprarlos. En esta lista como ya vimos, está la Fox ofreciendo comprar un tanto por ciento.

Los súper millonarios del país entero no hallan qué hacer con su plata porque los intereses que pagan los bancos están por el suelo. Quizá por eso hay tanto oro disponible para invertirlos en equipos equipo de beisbol. La familia Ricketts pagó $850 millones por los Cachorros de Chicago. El grupo de Nolan Ryan pagó $608 millones y, Jim Crane de Houston, pagó $615 millones por los Astros.

De nuevo digo, esos Dodgers de hoy no son mis Dodgers. Los que yo considero mis Dodgers son los que pertenecían a los O'Malleys. De todas maneras, si yo tuviera mil millones de dólares para comprarlos y, unos quinientos más para operarlos y mantenerlos, los compraría.


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