El caudillismo, el continuismo y la amnesia colectiva







Por José Antonio Luna
Periodista

El domingo recién pasado, el ex presidente de Nicaragua Enrique Bolaños Geyer, declaró en el programa dominical “Al Punto” de Univisio,n con Jorge Ramos, que dos de los grandes defectos de los nicaragüenses durante su historia política han sido: El caudillismo y continuismo.

El caudillo en el poder desarrolla una obsesión por perpetuarse en la presidencia que lo lleva a violar toda ley que se oponga a su continuismo.  

Yo agregaría la “dualidad política” a estos dos “males” mencionados por Bolaños Geyer. Dualidad que ha permitido pactos y componendas para que el caudillo siga  mandando, hasta que otro grupo dirigidos por otro caudillo, lo derroca usualmente por la fuerza –de los votos (por fraude) o de las armas- después de un largo periodo gobernando.

En  la entrevista, el ex presidente de Nicaragua no pudo explicar bien esa obsesión de los presidentes por perpetuarse en el poder y todos los malabares que estos políticos  realizan para seguir reeligiéndose  y lógicamente convertirse en un dictador, un autócrata, un nepotista.

Bolaños  afirmó que existe un pacto secreto entre el ex presidente Arnoldo Alemán y  el actual presidente Daniel Ortega que permitió al segundo ganar las elecciones de 2006 con una cifra mayor al ridículo 35 por ciento legal establecido por el pacto. Componenda  que avaló la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Supremo Electoral.

Ortega, el ex guerrillero autócrata, anti estadounidense, autoritario, caudillo, castrista, chavista, dictador,  es ahora un millonario empresario, aliado del Imperio Islámico de Irán, del grupo Bolivariano de Chávez y ferviente amigo del Cardenal Miguel Obando y Bravo, ex arzobispo de Managua. Ortega es un personaje millonario que critica a Estados Unidos, especialmente a los Republicanos.

Reiteró Bolaños que este pacto fue el que permitió que Ortega volviera al poder como un nuevo caudillo, como fueron Emiliano Chamorro, Anastasio Somoza García, Anastasio Somoza Debayle, concretándonos al caso de Nicaragua, pero hay en Latinoamérica otros famosos caudillos: Fidel Castro, Pérez Jiménez, Perón y Trujillo, para no alargar la lista. Todos estos caudillos derivaron en terribles dictadores, violadores derechos humanos y reformadores de la constitución para perpetuarse en el poder.

Si Bolaños Gayer considera el caudillismo y el continuismo como obsesiones ideológicas de los políticos nicaragüenses, también habría que considerar la carencia de una memoria histórica del nicaragüense. Mas bien la falta de registros históricos que ubiquen en su verdadera dimensión a hechos y personajes de la política. Algunos han llamado a esta aparente incapacidad del nicaragüense de recordar a los malos gobernantes: amnesia colectiva.

Algunos nicaragüenses quieren olvidar los bombardeos  indiscriminados de la Fuerza Aérea de Nicaragua (FAN) a ciudades como Esteli y León, Masaya y Managua  en 1979 solo para mencionar algunas ciudades.  Otros nicaragüenses quieren olvidar que durante el gobierno Sandinista hubo ejecuciones sumarias en cárceles y hasta se dio muerte a un periodista: Pedro Pablo Espinosa (El poeta Carpintero). Y que los 9 comandantes vivían como millonarios en un país devastado por la guerra y saqueado por los oportunistas de ambos bandos: somocistas y sandinistas. Sucesos como estos sobran y los casos de amnesia colectiva abundan.

Y es necesario referirme a este aspecto del perfil socio-ideológico del nicaragüense porque, la misma reelección de Daniel Ortega, nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué votaron los nicaragüenses por Ortega? si solamente 16 años antes habían votado masivamente para quitarse de encima al Sandinismo.

Lo mismo pasó en el Perú. Los peruanos aceptaron  el regreso de Allan García y lo volvieron a elegir presidente, pese al desastroso gobierno anterior y a su exilio. Similar situación vive  Republica Dominicana con Leonel Fernández, quien ha tenido dos gobiernos desastrosos.

La amnesia colectiva  tiene -según mi criterio- dos grandes causas: La desinformación y el tiempo. Dos circunstancias que son las dos grandes aliadas para que los ideólogos políticos, de uno u otro bando, escriban sus diatribas tergiversando  la historia a su antojo. Se tergiversan hechos y situaciones para que  personajes vinculados a  actos delictivos y de abuso de poder sean olvidados y de pronto estos oscuros personajes surjan con nuevas credenciales, como el camaleón que cambia de color dependiendo de las necesidades y la ocasión.

Además de la desinformación premeditada y la  desinformación inconciente, el tiempo es vital para que se olviden hechos trascendentales de la historia. Está probado que de una generación a otra -tomando en cuenta 20 años como diferencia generacional- existen enormes  barreras de interpretación y concepción de la historia. Mas claramente de sucesos que ocurrieron, pero que su registro es mínimo o en otros casos controversiales.  Tres ejemplos que se me ocurren ahora son: La masacre del 22 de enero de 1967 en Managua y la masacre de Tlatelolco de la ciudad de México. Y la acusación de violación por parte de su hijastra contra Daniel Ortega.

Hace un tiempo le pregunte a un joven de Nicaragua nacido en 1979, ¿Qué quién era el General Somoza? Y la respuesta fue clara y sencilla: un militar ya muerto, no mencionó la palabra dictador. Y me dijo que no tenía interés en conocer más sobre Somoza y la guerra de 1979. Otro joven  se declaró desinformado sobre quien era Pedro Joaquín Chamorro y como murió. Para mi estas dos respuestas son insólitas. Pero la lógica me demostró que la desinformación y el tiempo, son vitales para olvidar.

Reviviéndome concretamente al gobierno de Reconstrucción Nacional (1979-1985) hay que recordar que los gobernantes de turno eran: Daniel Ortega, Sergio Ramírez Mercado, Alfonso Robelo Callejas, Moisés Hassan y Violeta Barrios de Chamorro.


Sobre todos estos personajes recae la responsabilidad de todos los actos de abuso de poder, violación de la libertad de prensa, violación de los  derechos humanos. Solo Alfonso Robelo dejó el gobierno meses después.

Por lo tanto estos personajes son los responsables de los sumarios contra supuestos somocistas y guardias nacionales. Juicios  ejecutados por ordenes firmadas por  el doctor Ernesto Castillo Martínez, Procurador de Justicia, quien también realizó miles de confiscaciones de inmuebles y empresas con el visto bueno de la junta de gobierno. Esta junta de gobierno es responsable de los despidos masivos de empleados públicos, del Servicio Militar Patriótico, (reclutamiento obligatorio de jóvenes para la guerra) y especialmente la desaparición de toda la estructura educativa de Nicaragua que convirtió al país en uno de los más deficientes del continente.

En un articulo titulado “Gobierno de Reconstrucción Nacional; Inicio”, publicado en END de Managua el 24 de febrero de 2006, el doctor Ernesto Castillo Martínez afirma: “Todos los decretos promulgados en esos primeros meses del Gobierno de Reconstrucción Nacional fueron firmados por la primera Junta de Gobierno así: Violeta Barrios de Chamorro. -Sergio Ramírez Mercado. -Moisés Hassan Morales. -Alfonso Robelo Callejas. - Daniel Ortega Saavedra”.

Para concluir estos breves apuntes sobre el conflicto de la amnesia colectiva, reproduzco un fragmento de un texto del periódico Hoy.com.es donde el historiador Gonzalo Ortiz Crespo destaca que: “La amnesia  colectiva es una enfermedad”.

Al respecto el periodista Claudio Mena Villar dice que: La memoria histórica más que atacada por la amnesia (pues los hechos en cierta forma se recuerdan) está atacada por las tergiversaciones, las falsedades, los olvidos intencionados, etc. En otros lugares, he destacado que en la historia "patria" ha existido la tendencia a construir una historia heroica, jalonada de héroes, heroínas y acontecimientos célebres que se conmemoran periódicamente. En cambio, se ocultan, se olvidan o se tocan levemente las traiciones, las derrotas, los hechos que duelen en la conciencia, relacionados con esa identidad que llamamos patria. Recordemos aquella frase de Unamuno: "España me duele".

Si nos atenemos a esta interesante definición de Ortiz Crespo, podríamos establecer la posibilidad de que esta enfermedad (amnesia colectiva), además de arraigada entre los nicaragüenses, es difícil de erradicar.


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