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El ambivalente ambientalismo sobre el San Juan y un canal

El ambivalente ambientalismo sobre el San Juan y un canal







En foto de la izquierda, la Mina "La Libertad", en La Libertad, Chontales, Nicaragua, en el año 2010-2011. A la derecha, la imagen de la misma mina en 2012. ¿Y los ambientalistas nicaragüenses?


Por el Lic. Julián Frech Ayunb

Toda obra que implique un trazado de una nueva carretera, lleva intrínseco un cierto grado de sacrificio ambiental de la flora que a su paso debe ser desplazada para dar espacio a la nueva vía. El que contradiga esta realidad se miente a sí mismo y engaña a su prójimo por ignorancia, o por malicia que conlleva algún objetivo de índole distinta, como el ideológico, por ejemplo. El progreso, desgraciadamente conlleva maltratos ineludibles a la “Madre Naturaleza”. Es el costo que toda nación debe pagar. Sin embargo, una nación responsable minimiza esos daños previamente, o los repara posteriormente.

En el caso de la vía 1856 por la rivera del Río San Juan, no puede estar exenta de haber incurrido en ese maltrato ambiental. Para desgracia el país, las obras cayeron en manos inescrupulosas que usurparon fondos públicos y causaron más daños de lo debido.  Sin embargo, un gobierno consciente, una vez terminada la obra, debe reparar o minimizar ese daño reforestando los bordes de la vía y compensando lo faltante con una sabia reforestación de las áreas que ya carecían del preciado tesoro natural.

En Costa Rica, existen organizaciones ambientalistas muy reconocidas internacionalmente; además, éstas carecen de la ingerencia gubernamental y son entidades 100% autónomas que nunca han temblado o acusado incertidumbre en hacer que el gobierno cumpla con la reparación de los daños causados cuando éste vacila o trata de evadir sus responsabilidades al respecto.

La desgracia de la presidenta Laura Chinchilla es que ha estado rodeada de “mafias oportunistas” que le han provocado demasiado daño en sus objetivos; y como dicen en el argot popular: “ya solo falta que la orine un perro”.

Paralelamente, el problema de la corrupción y las anomalías que ésta produjo en la construcción de la vía 1856, son un problema 100% interno, ocurrido en territorio nacional; problema sobre cualquier intervención de gobierno o instituciones foráneas, caben estrictamente en la violación de la “no ingerencia en asuntos de otros estados”, o sea, una violación a la autonomía y soberanía nacional, como ha sido el constante hostigamiento por parte de Nicaragua.

Los ambivalentes ambientalistas de Nicaragua

Contrariamente a la autonomía de las organizaciones ambientalistas costarricenses, las nicaragüenses deben seguir los lineamientos que les indique el gobierno (Ortega en este caso), pues de lo contrario, algunos de sus miembros pueden llegar a gozar del futuro de mis queridos y recordados amigos Hertig Lewitez y Alexis Arguello (por mencionar los más recientes). Este es un procedimiento típico de esa nueva ideología que califico como “izquierda-capitalista”, y que a muchos de sus simpatizantes, ese calificativo ya les ha afectado el hígado con mi artículo anterior, al grado de que por parte de uno de ellos, recibí una amenaza solapada. ¡Pobre!, cree que se dirige a un “varón domado”, y no a uno que sabe defender la “Libertad de Pensamiento” a cualquier costo.

Recientemente, las “organizaciones ambientalistas” (de esas ambivalentes) de Nicaragua, FONARE y FUNDENIC, a través de su vocero Camilo Lara; ante el fracaso que tuvieron con la artimaña a través de la Corte Centroamericana de Justicia en su ensañamiento contra Costa Rica, amenazan con venir a demandar a la presidenta en su propio territorio. Es decir, vendrán a gozar de las garantías ciudadanas y la auténtica libertad en la aplicación de la justicia que en este país sobresale y que en Nicaragua se desconoce.  Lo más preocupante, son los calificativos irrespetuosos y agresivos que este señor profiere contra una presidenta de un país ¡soberano!, y me causa extrañeza que se empeñe en problemas que no le atañen, cuando en Nicaragua existen muchos problemas ambientales sin resolver.  Además, manifiesta en su comunicado contar con el apoyo de la Universidad de Costa Rica como institución, sin que aquí hallamos escuchado hasta el momento, que dicha Universidad en su contexto global institucional haya manifestado algo al respecto. Probablemente, me atrevo a pensar, que el señor Lara se refiere a algún grupúsculo afín a la “izquierda-capitalista”, y que por alguna razón se encuentre dentro de esa Universidad gozando de la Libertad que en Costa Rica se goza.

¿Qué han hecho estas “ambivalentes” organizaciones nicaragüenses por reforestar la tala indiscriminada de bosques en la Zona Norte de Nicaragua, entre los departamentos de Matagalpa y Zelaya Norte llamada RAN?

¿Qué han hecho estas “ambivalentes” organizaciones nicaragüenses en la Zona Sur, ante las enormes talas de árboles, indiscriminadas quemas agrícolas y forestales, extracción ilegal de madera preciosa y desplazamiento de la fauna,  en áreas protegidas de la zona de San Miguelito, jurisdicción del departamento del Río San Juan, que dañaron el ecosistema de dicho Río?

¿Qué han hecho estas “ambivalentes” organizaciones contra la contaminación del Lago Cocibolca o Lago de Nicaragua donde se depositan todos los desechos fecales y productos químicos de las industrias aledañas de las ciudades de Managua y Masaya?

¿Qué hicieron para evitar en 2010 la instalación de la mina a cielo abierto (con sus graves y conocidos daños ambientales) en el municipio de la Libertad, Chontales (tierra natal de los Ortega y Miguel Obando), por la canadiense B2Gold, misma compañía que no fructificó ante los Ambientalista costarricenses?

¿Ya habrán calculado estas “ambivalentes” organizaciones los enormes daños, no solo a la flora, sino también a la fauna, que la construcción del canal interoceánico provocará en los cientos de kilómetros de su trayecto a lo profundo de ambas riveras del Río San Juan?

Podría seguir mencionando innumerables casos de daños ambientales dentro de Nicaragua y que incluye graves daños al ecosistema del Río San Juan, causas por las que estas “ambivalentes” organizaciones nicaragüenses deberían luchar y dejar a su vecino Costa Rica, solucionar sus problemas con la experiencia que le han galardonado las organizaciones ambientalistas y gobiernos internacionales. 






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