El aborto "terapéutico"







Por Silvio Avilez Gallo


El aborto es un tema recurrente no sólo en la política sino también en otros ámbitos. Sobre él se han publicado muchísimas opiniones favorables o condenatorias porque tiene relación con un asunto de la mayor importancia, como es la vida misma.  Hay aspectos jurídicos, éticos, religiosos, filosóficos, etc. que suscitan grandes controversias entre partidarios fervientes y adversarios acérrimos, lo que explica su actualidad en el mundo de hoy.

De partida, el aborto se define como la interrupción —espontánea o provocada— de un embarazo. La primera se presenta por causas naturales, cuando el organismo de la mujer embarazada expulsa, por alguna razón, el feto que se desarrolla en su vientre. En cambio, el aborto provocado es el resultado de manipulaciones o recurso a agentes externos tendientes a terminar un proceso que se desarrolla normalmente hasta ese momento.

Se comprende que en una sociedad que ha hecho de la defensa de los derechos humanos una bandera fundamental de lucha, todo lo que tiene que ver con el inicio y el fin de la vida humana es medular y suscita apasionados debates. Por lógica, si hablamos de derechos humanos, el derecho a la vida tiene primacía entre ellos, ya que si no se respeta la vida misma, todos los demás derechos derivados carecen de sentido. Pero si bien prácticamente todos aceptan el principio de la inviolabilidad de la vida humana, su interpretación no concita un acuerdo unánime. Sin entrar en consideraciones de fondo sobre el aborto, conviene enfocar un aspecto por lo demás curioso: el llamado aborto “terapéutico”, entendiéndose como tal el que se realiza intencionalmente en ciertos casos específicos.

Para comenzar, una terapia es un tratamiento o procedimiento médico para curar o aliviar determinada enfermedad. En el caso de tumores cancerígenos se recurre a la radioterapia o quimioterapia con el propósito de eliminar las células malignas.  Pero el embarazo, sea deseado, producto de una relación ocasional o inclusive de una violación, no es ninguna enfermedad. Hablar, por lo tanto de aborto “terapéutico” carece de sentido, porque el procedimiento no cura  ni alivia una dolencia, a no ser que se pretenda que la vida de un ser humano inocente e indefenso es un mal que conviene “tratar” mediante el aborto provocado para eliminarla…

Por desconocimiento o quizá por ignorancia del verdadero significado del término terapia, los partidarios del aborto provocado utilizan el adjetivo “terapéutico” sin saber exactamente lo que quiere decir, porque el calificativo suena bien y disfraza elegantemente la finalidad que se persigue: la eliminación arbitraria de un ser humano que tiene derecho a la vida.  De manera que, independientemente de la opinión que se tenga al respecto, el mal llamado aborto “terapéutico” es una falacia que pretende ganar adeptos en un mundo en que los vertiginosos avances de la tecnología y de la ciencia se acompañan paradójicamente de un retroceso evidente de la facultad de raciocinio, que es el don más preciado que caracteriza al ser humano.  Aunque parezca un contrasentido, a mayor progreso de la tecnología corresponde un empobrecimiento progresivo de la inteligencia.

Se puede estar a favor o en contra del aborto. Lo que no se puede es hablar de aborto “terapéutico”.  Las cosas por su nombre.



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