Egipto: La Leyes de la historia





Por Héctor Mairena


La mañana del lunes  29 de noviembre del año pasado, Hosni Mubarak amaneció contento. En las elecciones legislativas del día anterior, su partido, el Partido Nacional Democrático (PND), había confirmado  el control de la cámara baja del Parlamento, obteniendo 209 diputados de un total  de 508.


Y aunque debía enfrentar una segunda vuelta el 5 de diciembre, ésta también sería resuelta a su favor. La oposición se retiraría alegando fraude y la población desmotivada se ausentaría de las urnas. En esa segunda ronda  confirmaría su “aplastante” victoria con 428 diputados y unas minucias para los independientes y opositores. Mubarak sabía desde antes que triunfaría. La oposición también. Un activista democrático señaló entonces que con frecuencia en Egipto se sabía con antelación el resultado de los comicios ya que el gobierno de Mubarak escogía  de previo a sus diputados y también a los opositores


Problemas “ menores “ fueron resueltos con presión a los ciudadanos, un poco de dinero y represión a la prensa independiente. La derrota de la oposición se la enrostró el propio Mubarak , aduciendo que era resultado de sus propias debilidades y no del fraude. Les dijo algo así como “chingastes”


La sucesión estaba asegurada  con su hijo menor  Gamal Mubarak. De alguna manera se garantizarían las formalidades  de la misma para los comicio de septiembre del 2011.

En las últimas elecciones presidenciales efectuadas en el 2005, y que se caracterizaron por  una altísima abstención ya  que solamente el 23 % de los electores acudió a las urnas, Hosni Mubarak  obtuvo  un 88 % de los votos. El principal líder de la oposición,Mohamed el-Baradei ,que no participó en ellas,  fue blanco de una orquestada campaña  gubernamental que lo acusaba de “agente de los Estados Unidos” .  Ayman Nur, líder del partido opositor Al-Ghad, que sí participó, terminó en la cárcel en razón de una supuesta falsedad de documentos


Pero 75 días después de aquella mañana de noviembre, el estado de ánimo del dictador egipcio era radicalmente distinto. Desde el 25 de enero del 2011, una cada vez mayor cantidad de pobladores se manifestaba en las calles de El Cairo, particularmente en la Plaza Tahrir (Liberación), demandando la dimisión del dictador. La llama fulgurante de la democracia encendida apenas unos días atrás en Túnez, había llegado a Egipto. Y finalmente,  menos de 24 horas después de haber asegurado en una comparecencia - que parecía originada en otra dimensión-que no se marcharía ni de Egipto ni de la Presidencia, Mubarak alzó vuelo dando paso a la mayor alegría colectiva vista en ese país y compartida simultáneamente por millones de demócratas en el mundo.



La historia nunca se repite de forma exactamente igual.Marx citando a Hegel decía que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces. A veces más de dos, agrego yo.Pero hizo una acotación certera y profunda  y dijo  que aquél  “olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.”


Pero  en la historia, como farsa o tragedia, es inevitable encontrar similitudes en los hechos que la definen. Y en las  similitudes, la persistencia de modelos y patrones universales. Como la demagogia y el autoritarismo recurrente en los dictadores. O el empeño - necesidad vital para sus fines-  de rodearse de incondicionales, de la familia fiel y de secuaces en primer lugar. O el papel definitorio de los pueblos como protagonistas principales en los cambios sociales y políticos.


Son las leyes de la historia que operan.


Si bien el desenlace definitivo de la  revolución en Egipto está por verse, ha quedado claro que sólo la presencia y la movilización de la  ciudadanía es capaz de forzar los cambios que cada sociedad demanda. Movilización a las urnas, a las calles y veces- bien lo sabemos nosotros- desbordando las formas pacíficas de resistencia o protesta.  El axioma de que todo problema político es una cuestión de correlación de fuerzas, se ha confirmado.



Pero en  la experiencia de Túnez y de Egipto resaltan dos elementos nuevos. Por un lado la presencia femenina, beligerante y protagónica, en las movilizaciones. Tal hecho, en una región del mundo en la que con una supuesta base filosófica religiosa se somete a la mujer a una opresión atroz, es verdaderamente revolucionario. De otro lado, el eficaz empleo de los medios y posibilidades que proporcionan las nuevas tecnologías de información, especialmente de los teléfonos celulares y de Internet con las redes sociales,  se han revelado como nuevas formas de comunicación y convocatoria a la movilización popular y por tanto como una experiencia invaluable. No es casual que los dictadores que todavía sobreviven, hayan establecido prohibiciones y restricciones para el acceso a la red mundial, estén procurándose vías legales para hacerlo o sencillamente las impongan.


Hay además, otro elemento. Y es que comunidad internacional que al principio se hacía de la vista gorda a lo que ocurría en Egipto, comenzó a hacer tibias críticas que subieron de tono solamente en la medida que el pueblo egipcio se tomó las calles y las plazas en exigencia de sus reivindicaciones democráticas. Es como aquella vieja anécdota que narra cuando un jefe emplazado negó unos minutos al solicitante. El subalterno ripostó entonces y le dijo si no me presta atención ahora, después tendrá que dedicarme día enteros. Días y noches enteras dedicaron los principales estadistas del mundo a los hechos en Egipto.


La pobreza en Egipto sigue siendo cierta. Un 40 % de la población sobrevive con menos de dos dólares al día. Su importancia estratégica es inamovible, y hay síntomas de caos que pueden facilitar opciones no deseables. Pero la sabiduría de los dirigentes egipcios, la persistencia de sus ciudadanos y las  singulares condiciones que caracterizan la actual coyuntura árabe, hacen suponer que la revolución democrática en Egipto se consolidará, creando mejores condiciones para enfrentar exitosamente la pobreza.


Mientras tanto, Mubarak  tal vez reflexione y piense que en su caso como en el de otros de su calaña, se ha cumplido y seguirá cumpliendo, la sentencia del escritor francés  Jean Cocteau : “El infierno existe, es la historia”



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