Edwin Castro, Manolo Morales y la Constitución







Por Mauricio Díaz Dávila
Diputado suplente al Parlacen y Vicepresidente del Partido
Social Cristiano Nicaragüense



Al llegar a la UCA en búsqueda de un número de la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano , quedé sorprendido al ver al diputado Edwin Castro impartiendocátedra de Derecho Constitucional, ocupando el mismo asiento donde enseñaba Manolo Morales Peralta, el impacto emotivo fue demoledor:

El maestro sustituido por el leguleyo o el marrullero sustituyendo al pedagogo. La comparación fue inevitable: La valentía cívica y la competencia profesional desplazada por el sofisma y la chismografía. Me convencí entonces que la lucha es por restituir a la Ética en su posición en la Razón, el Derecho, la Política y la Modernidad y que pasa necesariamente por desplazar al inculto atrevido de las instituciones educativas; porque ver y oír a Edwin defendiendo la interpretación del arto. 201 Cn. que dice: “Los miembros de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral y las demás autoridades y funcionarios de los diversos Poderes del Estado continuarán en el ejercicio de sus cargos mientras no tomen posesión quienes deban sustituirlos de acuerdo a la Constitución”. Es lo mismo que presenciar una ignorancia oceánica, porque esa disposición establece como excepción para que los funcionarios a quienes se les venció su período, continúen en el ejercicio de sus cargos que: “No tomen posesión quienes deban sustituirlos de acuerdo a la Constitución”.

Si no han sido electos los que deban sustituir a quienes se les venció su período; éstos no pueden continuar en el ejercicio de sus cargos porque la condición para que sigan en sus cargos es que los electos no tomen posesión.En los nombramientos constitucionales hay dos momentos: 1.- La elección en la Asamblea Nacional y 2.- La toma de posesión. Si los electos no toman posesión entonces continúan en sus cargos los funcionarios a quienes se les venció su período. Así de sencillo es lo que establece el arto. 201 Cn.

De la lectura del arto. 201 Cn, se deduce que los funcionarios a quienes se les venció su período no tienen derecho a continuar en sus cargos mientras la Asamblea Nacional no elija; que es la interpretación falsa y equivocada que sostienen quienes se mantienen en sus cargos.

Si se acepta la vigencia del arto. 201 Cn. tiene que aceptarse que no pueden continuar en sus cargos los funcionarios a quienes se les venció su período aunque la Asamblea Nacional no haya electo a quienes deben sustituirlos. Que es el criterio falso de quienes continúan ejerciéndolo a pesar de que se les venció su período. Un ejemplo ilumina la inteligencia de Castro: Si la Asamblea Nacional elige a Juan y a José en sustitución de los magistrados Solís y Cuadra, sólo que Juan y José no toman posesión de sus cargos, Solís y Cuadra pueden continuar ejerciéndolo. Ahí tiene Edwin Castro la aclaración que precisa que con gusto le sirvo para que no crea que los funcionarios a quienes se les venció su período pueden continuar ejerciéndolo: Es al contrario, mientras la Asamblea no elija están obligados a retirarse del ejercicio de sus cargos.

Y tiene que aceptarse que el decreto 3-2010 que los autoriza a continuar en sus cargos es ilegal, porque contradice al arto. 201 Cn. Me refiero a Castro porque el doctor Solís entiende perfectamente lo relacionado. En medio de la decepción de ver a Castro dando cátedra surge la esperanza: Esos jóvenes que lo escuchan pronto descubrirán los falsos sofismas que el malabarismo político-partidario quiere que aceptemos como verdad y marcharán junto a su pueblo enarbolando la bandera de la libertad y de la justicia social, siguiendo el ejemplo de Manolo Morales Peralta, el constitucionalista, el abogado competente que los condujo anteriormente con su enseñanza a destituir tiranos; no serán las galimatías de Edwin suficientes para enervar esas ansias libertarias que en el pueblo nicaragüense forjó Manolo con su sapiencia, su vida y su ejemplo. En la historia las contradicciones resaltan, Manolo Morales y Edwin Castro (el grande) sintieron una repugnancia incurable en contra de los tiranos y de la reelección; Edwin hijo adora a la tiranía.


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