Edén Pastora: ¿Revolucionario, oportunista o traidor?




Por Guillermo Pérez Salcedo
guipersal@yahoo.com


A raíz del regreso del Comandante Guerrillero, Edén Pastora Gómez, a su vieja alma mater, el FSLN, formalizada el pasado 22 de agosto del año en curso, cuando se cumplieron 30 años del asalto al Palacio Nacional, siendo condecorado y recibido como el "Hijo Pródigo" de la revolución popular sandinista por el Secretario General del partido de gobierno, Daniel Ortega Saavedra, se ha polemizado un poco sobre el mencionado personaje, ya que unos afirman que es un gran revolucionario; otros, lo consideran un oportunista y un gran vividor; mientras que para otro grupo es un consumado traidor.

Recuerdo que cuando saltó a planos estelares de la publicidad internacional por el asalto al Palacio Nacional y la aceptación de Anastasio Somoza Debayle de las exigencias del comando guerrillero: liberación de todos los sandinistas que cumplían condenas de prisión en la Cárcel "Modelo", de Tipitapa; pago de un impuesto de guerra, que nunca se supo a cuanto ascendió; lectura de un comunicado en cadena nacional de radio y televisión y el suminstro de un avión para conducir a los prisioneros liberados y a los integrantes del comando a otro país, preguntaron a Pastora Gómez, las razones por las cuales se había hecho revolucionario. Contestó que su padre fue asesinado por efectivos de la Guardia Nacional de Nicaragua y que por tal motivo, se hizo revolucionario.

Esa respuesta demuestra palmariamente que Pastora Gómez no tiene la menor idea de lo que es ser un revolucionario. Si se  integró por odio personal y para vengarse de quienes según él asesinaron a su progenitor al sandinismo en la cladestinidad, fue porque estaba en contra del régimen de Somoza Debayle, no porque fuera partidario de cambios profundos, radicales y trascendentales en el devenir del pueblo nicaragüense. Además, existen fuertes argumentos de que el éxito del asalto al Palacio Nacional se debe a que fue "consentido" por Somoza Debayle y el Estado Mayor General de la Guardia Nacional de Nicaragua, porque querían demostrar a través de la lectura de los comunicados, los objetivos comunistas perseguidos por los llamados Comandantes de la Revolución, creyendo ingenuamente que Mr. Jimmy Carter variaría su política respecto del régimen somocista.

Los que han estudiado los fenómenos revolucionarios definen una Revolución como el cambio profundo o transformación radical  respecto al antiguo régimen. Son los movimientos que traen cambios trascendentales  como la ruptura del orden establecido, afectando de forma decisiva a las diferentes estructuras sociales, políticas y económicas. Si no reúne esas características se trata de una Evolución, Transición o de una Crisis. Si carece del carácter trascendental, se la califica como una Revuelta, pero nunca como una Revolución. Además, las Revoluciones son procesos históricos que han llegado a cierto grado de maduración y desarrollo, caracterizándose por la participación masiva de la colectividad en el nuevo rumbo que imponen los acontecimientos. Los Revolucionarios son, entonces, los actores de las Revoluciones, los que las hacen, pero nunca los que se benefician de ellas, únicamente para su lucro personal y de las camarillas que los rodean.

Si Pastora Gómez se hubiera considerado un verdadero revolucionario, lo más probable es que hubiera dejado que se pudrieran en la Cárcel "Modelo", de Tipitapa, los miembros de lo que luego se llamaría, Dirección Nacional del FSLN o que esperaran tranquilos el triunfo de la revolución, de la que él pudo ser uno de sus máximos actores y dirigentes. Pero al participar en el asalto al Palacio Nacional y exigir la liberación de los dirigentes sandinistas detenidos, reconocía su condición de simple compañero de ruta de quienes dirigían las tres tendencias del FSLN. Otro argumento que abona la tesis que no es revolucionario, sino un aventuero.

El 20 de julio de 1979, cuando en las escalinatas del Palacio Nacional, los miembros de la Direción Nacional del FSLN y sus dóciles marionetas de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional celebraban el triunfo de "su" revolución, cuando Alfonso Robelo Callejas, mareado por los aplausos de todos los oportunistas concentrados en la Plaza de la República, declaraba: Este entusiasmo popular es un plebiscito que nos legitima para ejercer el poder popular. ¡No más elecciones!, fue entonces cuando Pastora Gómez, tomó el micrófono y pronunció las siguientes palabras: Nunca permitiré que esta Revolución sea traicionada. Me constituyo en su Fiscal.

No fue nunca Fiscal de la misma. El cargo que le asignaron, Vice-Ministro del Interior, no satisfizo sus ambiciones de mando y de dinero. Al poco tiempo fue nombrado Comandante en Jefe de las Milicias Populares Sandinistas. Fue en tal carácter y cuando la prensa sandinista denunciaba a diario supuestas intervenciones militares del imperialismo yanqui, que el Fiscal frustrado declaró con el mayor descaro: Si los imperialista yanquis invaden Nicaragua, no dejaremos piedra sobre piedra. Tan sólo el rótulo heroico. ¡Por aquí pasó el FSLN!

Al poco tiempo simuló desertar de las filas de los aparatos represivos del sandinismo, integrándose a los grupos de vividores disfrazados de "contras" que operaban en territorio costarricense. Muchos ingenuos creyeron que su retiro de las filas de la revolución provocaría deserciones masivas en el ejército popular sandinista. No hubo tal y en Costa Rica, los envíos de armas realizados por los patrocinadores financieros de la contra, nunca los utilizó para combatir a sus antiguos compañeros de fechorías. Se las vendía al dictador panameño, Manuel Antonio Noriega, el que a su vez las revendía al FMLN. Esto salió a relucir cuando juzgaban en Miami a Noriega y también lo revela en su libro, "Aguilas Negras", el escritor norteamericano, Larry Collins.

Cuando se inició en Nicaragua el llamado "período de transición a la democracia", el que todo indica está a punto de terminar por las traiciones hechas a los verdaderos "Paladines de la Libertad", Pastora Gómez creyó que podría incursionar con éxito en la política nacional. Ni siquiera pudo participar, porque es ciudadano costarricense y se declaró en huelga de hambre, de esas que al final los que la hacen más bien han aumentado de peso. Procuró medrar de los gobiernos neoliberales de turno, no consiguiendo más que migajas porque lo tenían bien ubicado como vividor y aventurero.

Tuvo que esperar el regreso de Daniel Ortega Saavedra al poder a través del ejercicio irresponsable del sufragio universal, para acercarse de manera pública a los falsos revolucionarios convertidos hoy en millonarios, gracias a la estrategia que les permitieron desplegar los gobiernos neoliberales, "gobernar desde abajo". Fue aceptado por la nueva cúpula del FSLN, integrada por empresarios y oportunistas de todo pelaje. Para compensar la humillación sufrida, le condecoraron en el aniversario número 30 de su asalto "consentido" al Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978. Fue su premio de consolación y un nombramiento de funcionario de tercera categoría en el Departamento del Río San Juan.

Queda confirmado, pues, que Edén Pastora Gómez nunca ha sido ni será un revolucionario. Es un oportunista que procuró medrar a expensas de los sufrimientos y privaciones impuestas al pueblo nicaragüense como necesidades estructurales de la revolución popular sandinista. Es un vividor, porque todo el tiempo ha sido pensionista del Estado o de servicios de inteligencia extranjeros. Finalmente, es un traidor, porque traicionó a la revolución que juró mantener su pureza de ideales, convirtiéndose en Fiscal de la misma, cuando lo cierto es que regresó, como dice el tango gardeliano, "Siempre se regresa al primer amor...", el FSLN y sus corruptos dirigentes.

El laureado escritor británico George Orwell, en su "Teoría de la Antigüedad", nos dejó una frase lapidaria que refleja muy bien la reconciliación de Edén Pastora Gómez con los corruptos dirigentes del FSLN: Todos los cerdos son iguales, pero algunos cerdos son más iguales que otros.