Divide, Fabio, y Ortega vencerá







Por Jorge Salaverry
Ex Embajador de Nicaragua en España


De los resultados de las tres últimas elecciones generales se desprende una lección muy clara: el liberalismo unido es invencible; dividido es perdedor. Hagamos memoria: en 1996 y en 2001 el liberalismo unido en torno al PLC triunfó de manera aplastante en ambas ocasiones. Sin embargo, en 2006 perdió porque Eduardo Montealegre destruyó la unidad del partido. Cualquiera otra pretendida explicación, como la del cacareado 35%, no se sostiene, y la prueba es que aunque el 35% estaba ya vigente en 2001, el liberalismo triunfó ¡porque estaba unido!

En aquella abyecta labor de demolición Montealegre tuvo importantes colaboradores; entre otros, el metiche embajador americano Paul Trivelli, algunos medios de comunicación nacionales, el mismo Presidente Bolaños, y un “gran capital” al que el embajador amenazaba con quitarle las visas de entrada a Estados Unidos si no apoyaban a Montealegre. ¿Y qué lograron? Darle el triunfo a Daniel Ortega.

No obstante, ese gravísimo daño podría haberse reparado fácilmente en 2011 si tan solo Montealegre hubiese dejado que el PLC recuperara su victoriosa unidad. Pero en vez de eso, lo que hizo fue mantener y ahondar la división lanzando con calculada irresponsabilidad la candidatura de Fabio Gadea ¡en contubernio con un grupito de sandinistas!

A principios de este año Gadea pretendió ser ungido de dedo candidato del PLC. Su disparatada pretensión fue respondida con una invitación a medir fuerzas con Arnoldo Alemán en unas elecciones primarias internas. Se le ofreció, además, total libertad de organizarlas y supervisarlas como quisiera. Pero a Gadea le temblaron las canillas y no aceptó; abandonó el partido que lo hizo diputado durante 15 años; se cambió de camiseta y dejó que lo hicieran candidato de dedo del “panchosandinismo”.

Arnoldo Alemán como político y como presidente ha cometido errores, pero creo de verdad que sus aciertos superan sus errores. No olvidemos que fue él quien con el PLC reavivó el liberalismo y lo hizo triunfar en dos elecciones seguidas, a la vez que mantuvo a Ortega y al sandinismo fuera del Poder Ejecutivo.

Durante su gobierno la economía nacional creció con fuerza y se respetaron las libertades civiles, políticas, económicas y sociales. No intentó reelegirse violando la Constitución, y le dejó el terreno bien abonado a don Enrique Bolaños para que triunfara holgadamente como candidato del PLC.

Ahora como candidato legítimo del PLC,  Alemán no lleva como compañero de fórmula a un sandinista defensor del aborto terapéutico; Fabio sí lo lleva. Y si Ortega es hoy un candidato anticonstitucional se debe exclusivamente a que Alemán y el PLC le negaron los votos que necesitaba para reformar la Constitución.

Además, Arnoldo es un líder político hecho a sí mismo; no es una creación de la Embajada Americana, ni del “gran capital”, ni de los medios de comunicación, algo de lo que no pueden presumir ni Gadea ni Montealegre.

En consecuencia, el votante liberal tiene esta vez dos opciones: o votar por el “panchosandinismo” y repetir la división del voto que hizo que perdiera el liberalismo y que ganara Ortega en 2006, o votar por el PLC, un partido genuinamente liberal que ha triunfado arrolladoramente en dos contiendas electorales y que desde el gobierno demostró su capacidad de generar empleos, de hacer crecer con fuerza la economía y de gobernar para el bien de todos sin atropellar la libertad de los ciudadanos. Por favor, estimado lector, piénselo bien.


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