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Diálogo: natural expectativa, inevitable especulación

Diálogo: natural expectativa, inevitable especulación








Por Edmundo Jarquín

Resulta totalmente natural la expectativa que ha levantado el eventual diálogo entre Ortega y la Conferencia Episcopal Nicaragüense, como inevitables las especulaciones que al respecto se hacen.

No es para menos. Se trata de un hecho de gran trascendencia, y no solamente porque los Obispos llevan siete años solicitando el diálogo, aunque el cambio de actitud de Ortega lleva a la especulación sobre las motivaciones de tal cambio.

La mayor trascendencia del anunciado diálogo procede de la circunstancia que en estos siete años la Conferencia Episcopal ha realizado numerosas reflexiones pastorales sobre los problemas sociales, económicos, institucionales y políticos de Nicaragua, que revelan una extrema sensibilidad frente a los mismos desde la perspectiva de una sociedad deseable y posible que, lamentablemente, no tenemos. Mientras tanto, Ortega ha venido adoptando decisiones, muchas de ellas basadas en la violencia represiva y rompiendo la legalidad, que han alejado a Nicaragua del modelo de sociedad deseable y posible que se perfila en las reflexiones pastorales de los Obispos, que se inspiran en la Doctrina Social de la Iglesia Católica.

Se han tratado de reflexiones pastorales sobre, en términos generales, la organización de la sociedad, a la luz del Evangelio, de la Encíclicas y pronunciamientos Papales, y de la Doctrina Social de la Iglesia, y no de formulaciones técnicas en ninguno de los campos en torno a los cuales se organiza la vida social. De ahí que resulte pertinente y totalmente entendible el límite que los Obispos han puesto frente a expectativas desmedidas ya sea en el terreno político, el económico o el institucional. Ellos, han dicho, no hablarán como políticos ni como técnicos, sino como pastores, lo cual es totalmente cierto. Pero, desde luego, el éxito o fracaso del diálogo se establecerá, fundamentalmente, si como resultado del mismo se genera o no una dinámica de negociaciones y decisiones orientadas a cerrar la enorme distancia entre la Nicaragua que Ortega ha construido y la Nicaragua que los Obispos han perfilado en sus reflexiones pastorales. Será el momento, entonces, de los juristas, los economistas, los sociólogos, los ingenieros y los políticos, de todos los sectores.

Los Obispos han establecido otro límite virtuoso. Han dicho que no van al diálogo a pedir cosas para la Iglesia. Ennoblece a la Conferencia Episcopal ese respeto por el Estado laico, y esa barrera anticipada que ponen a la cooptación corporativista. Pero sin duda en la mesa del diálogo estará la manipuladora violación del Estado laico por parte de la política del gobierno orteguista, que se ha venido apropiando de la Marianidad y del conjunto de la simbología del cristianismo en general y del catolicismo en particular, para la capitalización política partidaria desde la conciencia mágica. Diferente es la movilización desde la fe, que corresponde a la Iglesia Católica y las otras Iglesias Cristianas. Mientras los Obispos establecen un claro límite de respeto al Estado laico, queda por verse la actitud del gobierno frente a su intromisión en los campos de la Iglesia Católica y de las otras Iglesias Cristianas.

Los diálogos, cualquiera que sean las circunstancias en que se originan, tienen el potencial de generar dinámicas virtuosas. El éxito de los dialogantes se juzga por la capacidad de generar esas dinámicas virtuosas, para lo cual lo fundamental es identificar los límites de los que se parte, y removerlos.

Política de bolsillos, no de ideales

Esta semana trascendió otra noticia que confirma lo que Mónica Baltodano ha llamado ¨mutación¨ del FSLN producto de la ¨privatización¨ orteguista de esa organización. En este caso, la mutación de la política como como ideal a la política como bolsillo.

En La Prensa se informó, con documentación irrefutable, que uno de los dirigentes estudiantiles recibe un salario mensual de 700 dólares, pagado con recursos del Estado. Esto representa casi cinco veces el ingreso promedio por habitante de los nicaragüenses, y muchas veces más de lo que reciben la inmensa mayoría de pobres.

Lo anterior se suma a la información, nunca desmentida ni explicada por el gobierno, y sobre la cual también editorializó esta semana La Prensa, de que un diputado suplente del mutado FSLN, quien también fuera ¨dirigente estudiantil¨, ha formado empresas que al amparo de su influencia orteguista obtiene jugosos contratos del gobierno asignados directamente y de cuestionado cumplimiento.

¡Qué diferencia con los dirigentes estudiantiles que luchamos contra Somoza, de uno y otro signo ideológico, que nunca recibimos ni un centavo de nadie!

¡Y qué diferencia, aún mayor, con los jóvenes que se fueron al clandestinaje, y muchos murieron, por ideales que ahora no existen!

Pero también debemos decirlo: este fenómeno de la política como bolsillo, y no como ideal, es fundamentalmente de las nuevas élites del poder orteguista y de las claques que rodean a esa élites, pero no de la inmensa mayoría de quienes desde su humildad se identifican con ese sector político, igual que la corrupción de algunas élites liberales no salpicó a la inmensa mayoría de liberales que han seguido apegados a la política como ideal y no como bolsillo. Por eso, no lo dudemos, estar del lado de la política como ideal, es estar del lado de la razón, y la razón, como la fe, mueve montañas.

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