Daniel Ortega y la izquierda de los tontos







Por Julián Frech Ayub


El ex comandante Daniel Ortega ha querido continuar dando la imagen de pertenecer a la llamada izquierda del Siglo XXI. El ha viajado a Cuba, se relaciona con Chávez, Evo y Ahmadineyad etc., reflejando una imagen al mundo como si él aún fuera aquél idealista preocupado por el pueblo en la lucha de la década de los setenta. Pero todo es una farsa para mantener a algunos idealistas que inocentemente aún continúan apoyándole y de esa manera mantenerse en el poder practicando un modelo de dictadura que fue usual en el mundo capitalista de las décadas de los cuarenta, cincuentas, sesentas y setentas.

En pocas palabras, Ortega es el izquierdista de los tontos idealistas, dentro y fuera de Nicaragua, mientras en poco tiempo ha venido construyendo un majestuoso imperio capitalista, que ha convertido a su familia en propietaria de lujosas mansiones, hoteles, radioemisoras, televisoras, periódicos, medios digitales, importantes negocios agroindustriales y socio de empresas mineras, solo para mencionar algunos negocios.

La mayoría de estos negocios están a nombre y son manejados por algunos de sus numerosos hijos, o bien aparecen registrados a nombre de testaferros, principalmente cuando se trata de negocios en el exterior, como es el caso de las millonarias inversiones orteguistas en Costa Rica.

Ortega usurpó el nombre del FSLN, y lo convirtió en un partido familiar (con dirigencia élite) que agrupa a ‘’grandes y nuevos capitalistas salvajes’’ que encajan dentro del calificativo de ‘’OPORTUNISTAS’’. Su modelo ‘’DICTATORIAL’’ es una copia fiel de la dictadura de Somoza García, padre de la dinastía somocista que él ‘’supuestamente tanto odió y combatió’’.

El dictador Ortega reprime cualquier acto cívico de expresión popular con sus turbas, esas fuerzas de choque que arremeten con todo lujo de violencia contra las pacíficas manifestaciones opositoras y que durante los años 80’s fueron bautizadas por el mismo Daniel Ortega como “las turbas divinas de la revolución”.

En aquella época y durante el reclamo de la oposición ante las primeras acciones vandálicas de las turbas sandinistas, Ortega las defendió durante un discurso público diciendo: “Dicen que son turbas… ¿y qué?. Si, son turbas, son las turbas divinas que defienden en las calles esta gloriosa revolución”. Y así, Ortega, fuente de todo derecho en la Nicaragua sandinista, institucionalizó la violencia, la represión y la intolerancia frente a cualquier grupo disidente.

Esas mismas turbas son ahora dirigidas y organizadas por la esposa del dictador y poder “detrás del trono”, Rosario Murillo, y al igual que en los 80´s, hoy ejercen actos vandálicos y represivos contra la libre expresión, como también en su momento lo hicieron las tristemente célebres ‘’Turbas Nicolasianas’’ del dictador Anastasio Somoza García y que eran comandadas por su allegada oportunista, la famosa Nicolasa Sevilla.

Las turbas de antes, como las de ahora, reprimen las marchas pacíficas opositoras con bates de béisbol, garrotes, piedras, morteros caseros y otros objetos. Durante un reciente viaje a Managua, pudimos observar que  el envío de los policías antimotines se produce hasta que los hechos están consumados; y no solamente eso, sino que los antimotines llegan y en vez enfrentar a las fuerzas agresoras del orteguismo, hostigan, golpean e incluso detienen a los manifestantes de la oposición.

Ese es el doble juego que se practica en el gobierno del señor Ortega para simular que existe un actuar democrático, una democracia de “cascarón”, hueca, vacía de institucionalidad y sin equilibrio de poderes.  

Así pues, el Ortega se ha venido convirtiendo poco a poco en el ícono por excelencia del “capitalismo salvaje” de la neo izquierda latinoamericana, en el líder de la izquierda de los tontos.


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