Cuba y el VI Congreso del Partido Comunista







Una confirmación de los mismos


Por Julio Ignacio Cardoze


Con el anuncio de Raúl Castro sobre la celebración del VI Congreso del Partido Comunista, estratégicamente celebrado al comienzo de la Semana Santa, cuando la atención de los latinoamericanos está, o en las procesiones o en las vacaciones, se crearon expectativas por los hipotéticos cambios prometidos para sacar a Cuba de la crisis económica, proclama hecha sin referirse a la crisis mayor que es la social y política que la esclaviza. Pero no hubo sorpresas en los resultados. Al final de cuentas todo quedó en hipótesis nada más. El VI Congreso Comunista solo sirvió para confirmar la sucesión dinástica de los Castro y la ratificación de los viejos radicales como Machado Ventura y el temible Ramiro Valdés en el poder. En el congreso no se habló de libertades ciudadanas ni de elecciones libres, solo de "relevo" y "sucesión" en los mandos y control del poder. Después de cincuenta y dos años Raúl Castro con la supervisión de Fidel tuvo que admitir, además de los errores, el fracaso de la revolución castrista, pues a pesar de tanto indoctrinamiento y lavado de cerebro a la juventud que desde niños son enajenados de sus familias y puestos bajo la tutela del Estado Comunista, no tienen jóvenes capacitados que los releven en el control del Estado.

Ciertamente el destino de Cuba es trágico desde que los Castro se apoderaron de esa antes progresista nación en 1959, por eso no nos sorprende que el único objetivo de ese congreso fue ratificar el absolutismo de los Castro bajo apariencias de cambio con pretensiones de garantizarla para sus sucesores dinásticos que como polluelos de buitres esperan en el nido con el pico abierto.

Aunque fueron comunistas desde antes de desembarcar del Granma, por estrategia organizaron el partido comunista hasta 1965 y celebraron el primer Congreso Comunista en 1975 y hasta ahora celebran el VI Congreso supuestamente para definir nuevos lineamientos y actualizaciones ideológicas como se ha hecho en China por ejemplo. Pero ni a China quieren imitar, se quedan estancados en la línea estalinista de siempre. Esa reluctancia a la actualización tampoco debe sorprendernos, en ese régimen los principios ideológicos son sobranceros, la única regla es la voluntad omnímoda de Fidel Castro y los designios que a él se le ocurren caprichosamente para el pueblo cubano.

Con el VI congreso no hubo cambio, el control quedó en la misma gerontocracia y radicales de siempre hasta que el tiempo los consuma. Uno se queda con la boca abierta cuando escucha a un octogenario Raúl Castro decir que "Resulta recomendable limitar a un máximo de dos periodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales". Suponemos que ha calculado a partir de la fecha del Congreso que aprueba esa medida su expectativa de vida y la de los otros jerarcas octogenarios en diez años más. De aquí a diez años la naturaleza indica que sus posibilidades de vida no son muchas. Se recetan, periodos específicos en el poder, cuando saben que a ninguno de los jerarcas le queda posibilidad de cumplirlos, una ley que les limita la reelección cuando ya no podrán hacerlo aunque quieran. Con esto Raúl se burla de su audiencia y le hace una broma de mal gusto.

El colorete, de las vaporosas promesas de apertura como ellos quieren, no como la ciudadanía demanda, es demasiado obvio. Ninguna promesa de reforma que no sea con apertura democrática y libertades ciudadanas puede tomarse en serio.

Fue patente en el Congreso Comunista, como en todos los congresos comunistas en la historia, que todo se desarrolló de acuerdo a un libreto y una agenda previamente aprobada, no se habló nada de democracia, no se mencionó la libertad de prensa, no se aludió a elecciones libres, no hubo mas candidatos que Raúl Castro Ruz para suceder a Fidel Castro Ruz. No se mencionaron las libertades ciudadanas ni los derechos humanos. Fue un asunto entre la familia Castro Ruz y sus empleados.

Fue evidente como los congresistas comunistas solo llegaron a escuchar y aplaudir, los delegados se mantuvieron en silencio y con la boca cerrada a pesar que Raúl Castro, de acuerdo a su cómico mea culpa, habló una y otra vez de los errores y fracasos que ellos mismos han cometido. Nadie se atrevió a secundar su aseveración. Ninguno de los delegados cayó en la trampa y seguro pensaron que en boca cerrada no entra mosca y así conservamos el puesto que nos garantiza ser comunista borrego. Nadie se atrevió a decir nada de la triste realidad nacional que se desmorona como se derrumban los edificios de la Habana histórica.

Hay que ser cubano y vivir su tragedia para entender lo que ocurre en Cuba, como el hambre, la tarjeta de racionamiento, la falta de libertad de movilización, para ir de una ciudad a otra hay que tener permiso de la policía, no poder vivir ni trabajar donde uno quiere y entender porqué hay miles que arriesgan la vida y la han perdido huyendo de la isla en el mar Caribe en frágiles improvisadas balsas, la separación de la familia.

Nunca se me olvida cuando en 1972 llego un equipo de peloteros cubanos a jugar Baseball a Nicaragua. Como es lógico los cubanos exilados que vivían y se habían establecido en Nicaragua fueron a ver jugar a sus compatriotas. Después del juego los invitaron a comer y sabiendo de sus limitaciones les dijeron que fueran a las tiendas a comprar para ellos y su familia lo que quisieran y llevaran a la Isla que ellos pagarían por todo lo que compraran. El ofrecimiento fue seguido por un profundo silencio y los pobres jugadores cubanos de Baseball no sabían que contestar, se veía que tenían ganas de ir a comprar ropa y cosas para sus esposas e hijos, pero algo en su interior los detenía, cuando de pronto después de verse entre ellos a los ojos, uno de los jugadores contesto: "Muchas gracias, les estamos agradecidos, pero mejor será que nos den ropa usada de ustedes y sus esposas y sus hijos, porque si llegamos de regreso a Cuba con ropa nueva, nos la quitan en el aeropuerto porque es prohibido." Yo estuve presente cuando ocurrió ese hecho y vi como a varios se les aguaron los ojos.

Los delegados comunistas al VI Congreso, por medrar en la entrañas del monstruo, saben perfectamente bien que el gobierno de los Castro está destruido, que ha fracasado y que los culpables de la carcoma y el chasco son Fidel y Raúl Castro… y nadie mas.


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