Jesús versus Barrabás







Por Jorge J. Cuadra V.


Todavía estaba caliente el cadáver de Orlando Zapata en algún rincón de la martirizada Cuba, cuando Felipe Calderón, Presidente de los Estados Unidos de México, se estaba dando de abrazos en la cumbre de Cancún con el dictador, terrorista y sicario internacional, Raúl Castro Ruz, quien a su vez fue el Delfín, Príncipe de Asturias, Príncipe de Gales o Archiduque de Austria más viejo de la historia, ya que heredó la corona de Hatuey encasquetada en la testa de Fidel I a los setenta y cinco años, para mientras se decide el oscuro y misterioso príncipe heredero de la casa Díaz Balart, a ponérsela en su cabeza.

México se las da de paladín de la democracia, pero es para la exportación. No hay que olvidar que si bien es cierto en México no ha habido una dictadura caudillista después de la de Don Porfirio Díaz, si la hubo partidista con el PRI en el poder por más de setenta años. Por eso esa afinidad con la dinastía de los Castro Ruz, que no murió con la partida del PRI, sino que continuó con el PAN como pan nuestro de cada día.

Cuantas veces se repite en el mundo la escena de Poncio Pilatos frente a Jesús y Barrabás, cuando este venció a aquel en la lucha por la libertad. Y siguió ganando Barrabás sin importar la época ni los personajes. A quien quieren que suelte, a Jesús o a Barrabás, grita el caudillo en el más refinado escenario de populismo y la respuesta es siempre la misma: ¡¡¡A Barrabás!!! Es por eso que Barrabás estaba abrazado con Calderón en un solo amor “por la paz y la justicia” mientras Jesús era enterrado entre lágrimas y rabia por “vago y delincuente” en el suelo mancillado que un día pisó Martí.

Manuel Zelaya, presidente constitucional de Honduras, se dio a la tarea de preparar su reelección para servir mejor los intereses del padre del socialismo del siglo XXI, mediante la imposición de una cuarta urna en los comicios electorales que se avecinaban y el pueblo hondureño, con una sola voz le dijo no y lo sustituyeron con el apoyo del Congreso Nacional, de la Corte Suprema de Justicia, de las Fuerzas Armadas, del Partido Liberal, de la Iglesia Católica y del pueblo en general.

El mundo se le fue encima a Honduras y al presidente interino, Roberto Micheletti, miembro del Congreso y dirigente importante del partido Liberal, en un potpurrí internacional de repudio en donde se mezclaron moros y cristianos para beneficio de los primeros que se dieron el lujo de hablar de democracia y de respeto a los derechos humanos, siendo el más gritón el heredero interino de la corona de la Perla del Caribe, el nefasto Raúl Castro, artífice de la revolución del 59, que trabajando desde las sombras implantaba el terror en toda la isla, mientras Fidel Castro  se encargaba de propagar la buena nueva en el corazón de Harlem, deslumbrando a unos gringos ingenuos desde el Hotel Theresa. Por eso se dice que sin Raúl no hubiera habido Fidel triunfante, así como sin la  Noche de San Bartolomé no hubiera habido catolicismo en Francia.

Roberto Micheletti, héroe de la democracia latinoamericana, no puede entrar a Nicaragua porque se lo prohibió el gobierno, sin embargo, Hugo Chávez, dictador de Venezuela y padrino del neocomunismo latinoamericano, es recibido con flores y abrazos. Orden de captura para el demócrata y condecoraciones para el tirano. Dice el Canciller Samuel Santos, que Micheletti no puede entrar a Nicaragua por golpista y delincuente, pero Hugo Chávez,   golpista y delincuente, tiene las puertas abiertas y es recibido como héroe bajo los acordes de la Marcha triunfal. Don Samuel Santos no es ni olvidadizo, ni ignorante, pero tiene doble moral, doble discurso y obedece órdenes del señor del Ejecutivo. Don Samuel, así como la foto de Edén Pastora, con los brazos abiertos en el avión que lo llevó a Cuba después de la toma del palacio nacional, le dio la vuelta al mundo, así la foto del teniente golpista, Hugo Chávez, a bordo de un tanque de guerra subiendo las gradas del palacio de Miraflores, se la dio también, pero parece que usted no la vio. Lo que es bueno para el ganso, es bueno para la gansa señor Canciller, pero para usted, Roberto Micheletti, que no es golpista ni dictador, es un delincuente y Hugo Chávez, que si es  golpista y dictador, es un héroe. Micheletti a la cárcel y Hugo Chávez en honrosa libertad. Jesús tras las rejas y Barrabás a las calles.

Al saber Micheletti las disposiciones del Gobierno por su venida a Nicaragua, dijo con toda razón: “Daniel Ortega me tiene terror.”



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