Murió un hombre solo







Orlando Zapata prefirió morir. Morir de hambre, en tres meses, que morir cada día durante 30 años en una cárcel cubana. Y murió solo, en un hospital, sin que en ninguna parte del mundo se encendieran miles, o al menos cientos de velas de solidaridad ni se alzaran, fuertes, las voces para exigir una negociación de sus demandas.



Por Marisel Sequeira


Lo que pedía era un cambio en las condiciones de las cárceles cubanas, algo inalcanzable en un régimen que trata de convencer al mundo de que no tortura, que respeta los derechos humanos, pero que nadie puede constatar.

En el fondo, lo que el albañil de 42 años pedía, probablemente, es que el gobierno de los hermanos Castro deje de detener gente por expresar lo que piensa, si no es lo mismo que piensa el régimen. Tenía que cumplir unos 30 años de condenas no por haber asesinado o robado, sino por desacato. Doscientos presos de conciencia como él son considerados "mercenarios" a sueldo de Estados Unidos para socavar el sistema socialista de la isla.

El régimen prefirió dejarlo morir. Hoy, un día después del deceso, Estados Unidos y Europa reaccionaron demandando la libertad de los presos de conciencia. América Latina calló, probablemente en aras de la unidad regional acordada en México el martes que dará paso a una comunidad de naciones.

En realidad, no sé porqué América Latina calló. Puedo entender que lo hagan los seguidores de ese socialismo de brújula chocha que lleva adelante el presidente venezolano, al que un estimado colega, venezolano también, llama un "nazi tropical". ¿Y los demás? Quizá reaccionen mañana o pasado. Me sentó mal ver a Lula en una foto, al querido Lula, al ex obrero Lula, feliz, celebrando con los hermanos Castro, sin decir nada sobre la muerte de uno de los de abajo.

No soy anticastrista, no soy anti de nada, soy pro, pero no puedo dejar de sentir cierta culpa, cierta desazón porque en estos tres meses no contribuí a que se supiera lo que estaba pasando con este hombre. He creído que Cuba es la última utopía, el bosque virgen de donde podemos sacar las semillas para un nuevo socialismo, más justo, más equitativo, más libre. Pero no tenemos derecho a esa utopía si el precio lo pagan los cubanos. Además, si el mundo quisiera que esa utopía se convierta en realidad, no podría lograrlo callando ante la atrocidad, ante el desprecio por la vida humana. Se convertiría entonces, como probablemente ya lo es para millones, en una pesadilla, una más de las que vivimos en este planeta.


Tomado de Informa-Tico.com


Comments