Las migajas y los chingastes del orteguismo







Por José Ramón Gutiérrez Martínez
Nicaragua Sin Fronteras


Los campesinos dicen que “por las pintas se conoce el invierno”. En los mas de tres años del gobierno de Daniel Ortega ya tenemos “pintas” suficientes para hacernos una idea de cuál es el rumbo que quiere seguir. De casi todas las preguntas que nos hacíamos en enero 2010, al entrar a su tercer año la administración de Daniel Ortega, tenemos ya las respuestas sobre la mesa, Todo programa económico lleva una gran ventaja con fines políticos en Nicaragua.

Con el ascenso del presidente Daniel Ortega al poder, Nicaragua vio cómo se suscribieron los acuerdos del Alba y hemos visto también el enriquecimiento de su cúpula. Abundan los reportajes que denuncian la “dolce vita” de este grupo reducido de la población, al que yo bautizo como “los ortegarcas”. Entre ellos estaban Ortega y su familia, Bayardo Arce, el diputado Gustavo Porras, Orlando Núñez y la familia  Rivas Reyes, entre otros. La ayuda económica del gobierno orteguista esta centrada en el eje del partido y miembros de comprobada militancia,  además del pago de turbas y de políticos sin ética que se venden como una prostitutas.

Diferentes sectores empresariales, de la sociedad civil y políticos, han criticado de forma gallo gallina la falta de transparencia sobre el manejo de los recursos de Albanisa, por ser ésta una sociedad “privada extranjera” (en realidad una empresa mixta conformada entre Petróleos de Venezuela y Petronic gobierno). Todos sabemos como se usan estos fondos, pero nadie hace nada. Estos fondos son usados para mantener una continua y sistemática campaña electoral del FSLN y para pagar las turbas y reprimir a la oposición. También algunos políticos gozan de estos fondos cuando Ortega los compra en la Asamblea Nacional y votan en contra de institucionalidad de Nicaragua.

¡Nicaragua ya entró a una forma degenerada de gobernar!

Tenemos un gobierno que día a día degenera la democracia, envilece sus instituciones, corrompe y pervierte a quienes ingenuamente han depositado su confianza, desfigura todo intento sano por enrumbar al país hacia un equilibrio que pueda generarle prosperidad a la nación y la daña en multiplicidad de formas, en el plano de las relaciones internacionales, en la invasión intestina institucional, en la triquiñuela que se usa sistemáticamente y en forma dolosa en todos los procesos democráticos internos, en la compra y venta de la consciencia de los legisladores, la utilización cruel e indiscriminada de gente humilde e iletrada del país amalgamada con fanáticos y lacayos muchas veces con sicarios, enviados a las calles para representar fuerzas de disuasión, desmoralización y choque contra objetivos preestablecidos.

El mesianismo orteguista y sus discursos demagógicos manoseando sin pudor lo más íntimo de las instituciones del país, son los elementos de lucha política que se usan, no solo en contra del adversario y el enemigo, sino que son ingeniosos componentes, maquiavélicamente astutos y fraudulentos, que fundamentalmente se usan en contra de un pueblo humillado por el hambre y la miseria.

La política y la democracia no pueden ser el monopolio de los caudillos ni de la partidocracia prebendaria. Los ciudadanos, los empresarios, la sociedad civil, las iglesias, los jóvenes, las mujeres, los sindicatos, no sólo tienen el derecho sino además la obligación de presionar al orteguismo para que se produzca un cambio democrático en las instituciones y los partidos. Si Ortega viola la ley y la Constitución, hay derecho a ejercer la protesta cívica; callar equivale a complicidad.  Si las instituciones públicas han sido partid izadas por el pacto PLC-FSLN, la sociedad civil debe reclamar hasta ser escuchada y ofrecer una alternativa democrática real, sin pactos oscuros.

Los economistas afirman con certeza que la inflación es el principal impuesto al pueblo y que golpea con más fuerza a los más pobres. Eso significa afectar al 80 por ciento de la población. Las cifras oficiales muestran que en el 2009 la inflación fue del 9.45 por ciento, muy lejana de aquel 33,000 por ciento del primer gobierno de Ortega. Ahora, de nuevo con Ortega desgobernando el país, la inflación creció al 16.88 por ciento en el 2009 y este año esperan cerrar con el 15 por ciento. Esto significa un 34.41 por ciento de inflación acumulada.

Entonces, contrastando la realidad con los demagógicos y furibundos discursos del presidente Ortega sobre su supuesta “defensa de los pobres”, resulta que es pura mentira, pura demagogia. La verdad es que no defiende a los pobres. Durante estos tres años y medio, el gobierno orteguista ha engañado a los pobres y a toda la población. Y ha mentido a la comunidad internacional pidiendo ayuda para “supuestamente” defender a los pobres, dinero que ha invertido para enriquecer a la cúpula de su partido y “comprar” a los opositores indecentes con el propósito de consolidar su dictadura institucional.
Lo único que realmente el orteguismo ha defendido, con morteros, con machetes, con piedras, con la manipulación de las leyes y con funcionarios corruptos, como los magistrados del CSE, es su poder político y económico. Por eso se robaron las elecciones municipales y ahora vienen las presidenciales con reelección incluida, sin importarles el daño que causarían a la economía y a la democracia. Y los que más van a sufrir las consecuencias son los pobres. Pero Nicaragua tiene muchos hijos que la aman y gracias a su resistencia cívica y su lucha por la libertad y la democracia, Nicaragua volverá a ser República.



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