Chinchilla no cayó en la trampa







Por José Ramón Gutiérrez Martínez
Nicaragua sin Fronteras


Los nicaragüenses tenemos más de treinta años sufrir en carne propia la estrategia de las mil máscaras que utiliza Daniel Ortega para conducirse en su vida política, partidaria y personal.

Centenares de veces, a lo largo de esos años, Ortega ha pronunciado vehementes discursos de paz y reconciliación, mientras secretamente se prepara para asestar perversos y traicioneros golpes en contra de sus adversarios, aun cuando se trate de quienes fueron sus íntimos amigos personales o fieles compañeros de partido.

Durante la década de los 80,s, cuando estuvo al frente de Nicaragua (1979 -1990), sea como “coordinador” de la Junta de Gobierno o como presidente de la nación, Ortega suscribió cualquier cantidad de acuerdos y compromisos políticos, a nivel nacional e internacional, los cuales fueron solamente “papel mojado” cuya letra y espíritu jamás se cumplió. “Firmar me harás, cumplir jamás”, fue la frase que se acuño durante aquellos años para describir la naturaleza de los acuerdos orteguianos.

Por eso no causa sorpresa que la mandataria costarricense Laura Chinchilla haya rechazado con diplomática firmeza una “espontánea” invitación de Ortega para “esperar juntos” en la frontera común, la resolución de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, el próximo martes 8 de marzo, sobre las medidas cautelares solicitadas por Costa Rica, en el conflicto que enfrenta a ambas naciones desde octubre pasado.

La invitación de quien se ha autodefinido como “hermano” Kaddafi no tiene nada de “espontánea”. Es producto de una estrategia mediática dirigida al consumo interno, a sabiendas de que la misma será rechazada por improcedente. Busca dejar la imagen de que la intransigencia está del lado costarricense y que él es una mansa paloma que busca el diálogo y la paz. Pero es más fácil descubrir a un mentiroso que a un ladrón.

¿De dónde sale ahora este Ortega tan dócil y conciliador, cuando meses atrás desconoció la resolución del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), que con buena fe, transparencia y buena voluntad hubiese llevado a feliz termino este conflicto?

Los nicaragüenses que vivimos en el exterior tenemos una mayor claridad y percepción del desprestigio internacional que se siente, no hacia Nicaragua ni hacia los nicaragüenses, sino hacia sus gobernantes.

Como bien lo dijo hace poco don Fabio Gadea Mantilla, “queremos que Nicaragua vuelva a ser respetada internacionalmente”. Y eso solo será posible cuando Nicaragua sea gobernada por gente de valores, con principios, con valores morales, espirituales y familiares interiorizados, que se reflejen en la conducta social y política de nuestros futuros gobernantes. Ortega no puede dar nada de eso, sencillamente porque no lo tiene. Nunca lo tuvo, ni lo tendrá.

Lea la carta de respuesta de doña Laura Chinchilla a Daniel Ortega


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