Semana final de campaña en Brasil







El domingo 3 de octubre 135 millones de electores están habilitados para concurrir a votar en las elecciones presidenciales de Brasil.

La candidata del oficialista Partido de los Trabajadores, fundado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la exministra de la Casa Civil y exguerrillera izquierdista, Dilma Rousseff, lidera las preferencias, aunque su ventaja ha disminuido en los últimos días tras algunos escándalos de corrupción que afectaron su popularidad.

Si Rousseff no logra superar el 50 por ciento de los votos en la primera ronda, tendrá que enfrentar al segundo candidato más votado en una segunda ronda de elecciones el próximo 31 de octubre, donde el candidato opositor y exgobernador del estado de Sao Paulo, José Serra, del centrista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), parece ser el candidato más probable.

De acuerdo con la encuestadora Datafolha, el apoyo a Rousseff cayó a un 46 por ciento, desde el 49 por ciento de mediados de septiembre. Por su parte Serra recibió un apoyo del 28 por ciento.

Los escándalos de corrupción que rodearon a altos miembros del gobierno y del oficialista Partido de los Trabajadores, no migraron al centrista Serra, sino a la candidata del Partido Verde (PV) y exministra de Medioambiente, Marina Silva, quien obtuvo un 16 por ciento de las preferencias, comparado con un 14 por ciento en un sondeo previo.

"El sondeo de Datafolha muestra que estos casos especialmente afectaron a partes de la clase media", escribió Alessandro Janoni, director de encuestas de Datafolha, en el diario Folha de Sao Paulo.

El sondeo de Datafolha mostró que en un eventual balotaje Rousseff obtendría un 52 por ciento de los votos, contra un 39 por ciento de Serra.

El efecto Lula

Dilma Rousseff, exjefa de gabinete del presidente Lula da Silva, nunca fue candidata y por tanto nunca fue electa antes de ser electa candidata del oficialismo, propuesta por el propio presidente brasileño, de cuya enorme popularidad se ha beneficiado.

Sin embargo, incluso pese al efecto Lula, la candidatura de la representante oficialista perdió impulso tras la renuncia de la nueva jefa de gabinete de Lula, Erenice Guerra, quien a la vez era asesora de Rousseff, por acusaciones de corrupción. Pero la renuncia de Guerra, no fue el único problema para el oficialismo brasileño, sino que siguió a otro escándalo ético por el supuesto acceso ilegal de miembros del Partido de los Trabajadores a registros bancarios privados.

Rousseff apostó la campaña electoral, a las áreas más pobres del norte de Brasil, donde millones de personas se han beneficiado por los programas de bienestar social del gobierno de Lula da Silva. Muchos votantes simplemente dicen que votarán al candidato que el presidente les diga.

Si Rousseff ganara en primera ronda, significaría una consolidación muy fuerte del Partido de los Trabajadores, ya que Lula da Silva ganó sus dos elecciones presidenciales en segunda vuelta.

El último debate televisivo que se realizará el último día de septiembre, será también la última oportunidad para Serra para recortar más la diferencia con la que cuenta Rousseff. (Voanoticias.com)



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