Obreros mueren por bioetanol







Bernd Gräßler/Cristina Papaleo
Deutsche Welle
Servicio de radiodifusión internacional de Alemania



"Para nosotros, los campos de caña de azúcar son la madre de todas las enfermedades", dice Carmen Ríos en tono calmo. Carmen viene de un pequeño pueblo llamado El Viejo, en la provincia nicaragüense de Chinandega, bañada por el Pacífico. Allí se extienden los plantíos de Pellas, el imperio nicaragüense del azúcar, que, para Carmen Ríos son un sinónimo de la muerte.

Hace nueve años murió el esposo de Carmen, hace cinco años su hermano y, hace menos de un año, la muerte se llevó también a su padre. Sus dos otros hermanos están enfermos, y el diagnóstico siempre es el mismo: Insuficiencia Renal Crónica (IRC).

La misma Carmen Ríos tampoco está segura de no estar enferma, ya que los síntomas de la IRC aparecen cuando la enfermedad ya ha avanzado. Por eso le gustaría realizarse estudios médicos en Alemania, porque, si bien no trabajó en las plantaciones de caña de azúcar, sí respiró el humo que se genera al quemar las hojas impregnadas de pesticidas antes de cortarlas.

Calor, fuentes contaminadas y pesticidas

Carmen dirige hoy la Asociación Nicaragüense de Afectados por Insuficiencia Renal Crónica' (ANAIRC), una agrupación de más de 300 ex trabajadores de la caña de azúcar afectados por la enfermedad que se enfrentan a los intereses económicos de la familia más poderosa de Nicaragua, los Pellas. La ANAIRC presentó demanda contra la compañía y organiza un campamento de protesta en las cercanías de la central de la empresa azucarera, en Managua, además de impulsar un boicot en Internet contra la famosa bebida de los Pellas, el ron "Flor de Caña".

Las víctimas de IRC acusan además a la empresa nicaragüense Sugar Ltd. de que las labores en medio de un calor insoportable y sin agua potable, en medio de plantíos de caña de azúcar contaminados son la causa de que numerosos trabajadores rurales sufran de insuficiencia renal crónica en la costa del Pacífico, cerca de las ciudades de Chinandega y León.

Exigen indemnizaciones, mejores condiciones laborales y el fin del uso de pesticidas en los cultivos azucareros. Pero se enfrentan al problema de no poder probar, a través de un peritaje médico-legal, que el trabajo en los ingenios azucareros de San Antonio es el motivo de la enfermedad de miles de personas.

¿Cuál es la responsabilidad de los europeos?

Los indicios de que la insuficiencia renal crónica es causada por los pesticidas usados en la industria azucarera no sólo son suficientes para Carmen Ríos, sino también para numerosas organizaciones de cooperación al desarrollo en Alemania. Carmen Ríos se encuentra ahora viajando por Alemania, invitada por el Foro Nicaragüense de Heidelberg, y explica que "el auge del biocombustible en Europa lo pagamos en Nicaragua con nuestra salud".

"Porque los europeos son culpables de que, en lugar de maíz, trigo y arroz, se cultive cada vez más caña de azúcar con métodos perjudiciales para la salud". A esta conclusión llegan tanto los simpatizantes de Nicaragua como los enemigos de los biocombustibles, pero, sin embargo, no parece convencer a la Comisión Parlamentaria alemana para Cooperación Económica y Desarrollo, según lo percibido por los dos enviados de ANAIRC en Berlín.

Cuatro diputados alemanes, dos del Partido Socialdemócrata (SPD), uno de Los Verdes y uno del partido La Izquierda están presentes en las conversaciones. Brillan por su ausencia representantes de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), de la Unión Social Cristiana (CSU) y del Partido Liberal (FDP).

"Ron o biocombustibles le cuestan la vida a los nicaragüenses"

El deseo de los nicaragüenses de que los políticos alemanes se comprometan a prohibir totalmente la importación de bioetanol de Nicaragua a Europa, para detener así la proliferación casi exclusiva del cultivo de caña azucarera, no encuentra eco entre los parlamentarios. "Eso es imposible de realizar, y, además, la cuestión no tiene nada que ver con la reciente introducción de combustibles con un 10 por ciento de etanol en Alemania (E 10)", opina Sascha Raabe, diputado del SPD, quien añade que las condiciones de los trabajadores son las mismas, ya sea que el azúcar se use para el ron o para el biocombustible.

La opinión de Carmen Ríos sobre que el gobierno nicaragüense es demasiado débil y que, por eso, los europeos deberían presionar al grupo Pellas para que mejoren las condiciones laborales y medioambientales de los obreros nicaragüenses del azúcar tampoco es aceptada por los diputados. Ellos piensan que es responsabilidad del gobierno sandinista crear un marco que asegure la salud y la protección de los trabajadores.

E informan que el gobierno de Nicaragua ni siquiera ha firmado la Convención de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de casi 30 años de existencia, sobre protección y entorno laboral. Por eso no es posible enviar, por ejemplo, una comisión de investigación a Nicaragua para estudiar la situación. "Si los sandinistas pregonan que hacen todo por el pueblo, entonces deberían hacerlo", dice, no sin cierta petulancia, el socialdemócrata Raabe.

Embajador alemán en Nicaragua deberá informar

A los dos enviados de América Central les parece estar en la película equivocada. "Fue bastante duro", dice Carmen Ríos. A pesar de todo, los políticos alemanes están dispuestos a brindarles su apoyo, claro que a su manera. Por sugerencia de la diputada Karin Roth (SPD), se invitará al embajador nicaragüense para preguntarle sobre el cumplimiento, por parte de Nicaragua, de las normas de la Organización Mundial de la Salud.

Además, se solicitará información del gobierno alemán acerca de si el bioetanol de Nicaragua llega al mercado alemán y en qué medida Alemania puede influir, en el marco de consultas bilaterales, para que se respeten los estándares de salud laboral en la producción azucarera.

Es algo conocido que Nicaragua suministra bioetanol a Europa desde hace tres años. En la temporada 2009/2010 fueron cerca de 80 millones de litros. Según las normas de la Unión Europea, el biocombustible debe producirse respetando los cánones de sostenibilidad. Pero esos cánones no dicen nada acerca de la protección sanitaria de los que cosechan la caña de azúcar de la que se fabrica el bioetanol.

Si se enferman, los echan

La ANAIRC informa que se registraron 5341 muertos desde 2005, con una cifra actual de más de 8000 enfermos, dice Carmen Ríos. Según un estudio de la Universidad de Boston, el porcentaje de enfermos de IRC, sólo en las regiones de Chinandega y León, es diez veces más alto que en los EE.UU. El estado nicaragüense se ha ocupado, en parte, de aliviar un poco el sufrimiento de los enfermos en los últimos años.

En el hospital de Chinandega hay, entretanto, al menos 40 camas de diálisis, y el abastecimiento de medicamentos ha mejorado. La compañía azucarera Pellas difunde por Internet que no utiliza en la actualidad casi ningún tipo de pesticida, y que provee de vestimenta protectora a los obreros, que, según ellos, ya no tienen que trabajar bajo el fuerte sol del mediodía.

Pero Carmen Ríos dice que eso es mentira, que en los campos de San Antonio poco ha cambiado. Que las hojas se siguen quemando antes de cortar la caña, y que los trabajadores enfermos siguen informando sobre cuáles son los pesticidas con los que tienen que trabajar. Eso sí, la empresa Pellas somete a los obreros a frecuentes análisis de sangre. Pero sólo para saber si están enfermos, en cuyo caso, procede a despedirlos.

Carta Bodán



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