Arriesgada lucha anticorrupción en Brasil







Por José Velázquez
josevelazqueze@gmail.com

Washington,  DC


Transcurridos menos de  un año de la presidencia de Dilma Rousseff, dos acontecimientos políticos de impredecibles consecuencias y casi inéditos en la cultura política latinoamericana se destacan: una temprana lucha contra la corrupción institucional,  principalmente simbolizada por la destitución de hasta la fecha cinco ministros (con un posible sexto  en la figura del Ministro de Trabajo, Carlos Lupi) y una acelerada - aunque anticipada -  demostración de independencia para con su padrino político Lula da Silva. 

Este segundo acontecimiento ha sorprendido por ser un cambio sustancial en el gabinete sustituyendo a nombramientos realizados bajo perceptible influencia del ex presidente, cambio que se consideraba solo seria prudente en el segundo año del mandato presidencial.

Dado el peso geopolítico y económico que el gigante suramericano posee en America Latina y mundialmente como miembro del grupo de economías emergentes BRIC (Brasil, Rusia, India y China), es relevante preguntarse si esta estrategia política podría eventualmente provocar una crisis política interna que perturbase el admirable progreso económico y político logrado en las dos ultimas décadas. O peor aun,  extenderse al escenario internacional dificultando una posible contribución económica brasileña - vía FMI -,  a la actual crisis europea

Tal como sucedido en otros países de la región, mas recientemente Nicaragua  durante la administración del presidente Enrique Bolaños, la lucha contra la corrupción institucional suele acarrear perversas y torpes reacciones de parte de los individuos y partidos políticos afectados que fácilmente obstaculizan o inclusive destruyen bien intencionados programas de gobierno delineados para promover el desarrollo de la nación. 

Tanto ahora en Brasil como en aquel entonces y también ahora en Nicaragua - pese a la enorme diferencia política y económica que los separa – el común denominador en estas crisis es la obsesión de los partidos políticos y sus dirigentes en proteger sus intereses personales y en beneficiarse de la repartición del pastel gubernamental.  Ignoran por completo cualquier ideología o principio partidario y sin demora reaccionan irracionalmente, sin importar las consecuencias en el ámbito nacional.

En el caso nicaragüense esta reacción no se hizo esperar cuando el ahora casi extinto Partido Liberal Constitucionalista, en aquella época principal fuerza política del país y en control del Legislativo y el Ejecutivo,  optó torpemente por defender al ex presidente Alemán contra graves y comprobadas acusaciones de corrupción, declarándose opositor e iniciando una división del liberalismo cuyas consecuencias se han visto magnificadas con la reciente “masiva victoria” de Daniel Ortega.

En el caso brasileño, pese a que la Presidenta Rousseff posee una mayoría confortable en ambas Cámaras, ésta se constituye por una amplia alianza de partidos que se están viendo afectados directamente por la purga ministerial.  Bajo el llamado “presidencialismo parlamentario brasileño”  por su atomizada composición legislativa e inevitable creación de alianzas partidarias para gobernar, el apoyo legislativo a la presidenta esta irremediablemente condicionado a la repartición de ministerios y posiciones claves entre sus aliados. 

Consecuentemente la negativa presidencial de no interferir en las acusaciones iniciadas por los medios de prensa (tan demonizados bajo el gobierno de Lula) contra los abusos gubernamentales  comienza a causar grietas que ponen en riesgo la fundación sobre la cual depende la estabilidad y capacidad de gobernar de la Presidenta.  

El reto de Dilma Rousseff es continuar con esa lucha anticorrupción (que sin duda le ha generado amplio apoyo popular e inclusive un táctico respaldo por parte de algunos sectores de la oposición) y al mismo tiempo saber conducirla sin arriesgar su plan de gobierno solo posible con un sólido y monolítico apoyo parlamentario.  Cualquier duda sobre las posibles consecuencias de esa lucha anticorrupción institucional sugiero estudiar lo acontecido al ex presidente Bolaños.


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