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Ahora que los poetas escasean…

Ahora que los poetas escasean…








Pablo Antonio Cuadra, poeta y escritor nicaragüense. / Imagen abc.es


A: Pablo Antonio Cuadra

Y veces me pregunto, si en verdad valdrá
la pena, dejar la vida entera en un papel
No se, no se. (José Luis Perales)


Por José Antonio Luna
Especial para "Nicaragua Hoy"

Ahora que los poetas escasean, como no ha sido siempre, y se ha puesto en boga-como si escribir fuera una moda- ser cuentista o novelista en la Nicaragua  de Rubén Darío; recordar textos ilustres, visionarios; es una legitima obligación para que las nuevas generaciones amantes de la lectura y ansiosas de romper con el control de los autoritarios de la literatura; puedan descubrir por si solas  a su poeta preferido a su novelista de cabecera a su ensayista predilecto. 

La creación fuente inagotable de poesía, es vital al momento de escribir un verso, al instante de dejar que el alma exprese su misterioso lenguaje.

Ahora que se ha dejado de escribir a mano-aunque algunos todavía practiquen este arte- porque la computadora está popularizada y los periódicos empiezan a perder la importancia del pasado; es necesario nutrir el alma de arte puro. Porque  en la Web (www)  se puede encontrar casi todo; pero solamente la buena poesía, el buen cuento, la buena novela sobreviven a la selección de los hábiles manipuladores de la literatura.
Porque ahora publicar un libro es una tarea más fácil que escribirlo. Está tan difundido el copy, paste, que algunos escritores en un día atiborran de cuartillas su computadora y preparar un libro en tiempo record, como si hacer libros fuera una creación mecánica. Y  tener el libro a tiempo es más importante que su calidad,  porque hay que presentarlo  en el venidero festival de poesía, porque el “intelectual” que a más festivales  asiste, venda mas, es más conocido. Y es “erudito” el de la bibliografía más extensa.

Ahora que cualquier personaje-solo por el hecho de tener dinero para una edición de lujo- escribe o da a escribir un libro para narrar su vida privada para  enriquecerse más; cuando los estantes de las librerías son inundadas por los llamados best sellers de famosos  de Hollywood,  cuando en las librerías los cocineros, modistos, belicistas, los deportistas, los cazadores  etc. están en el lugar mas visible; y las actrices porno y los narcotraficantes son éxitos de librería. Es urgente la buena poesía, el buen cuento... Y cuando cualquier lector de noticias de las cadenas de TV, mas famosas del mundo escribe sus experiencias periodísticas y cuando solapadamente la buena literatura, el buen escritor, el verdadero poeta es relegado por  los poseedores del famoso caballero: Don dinero. Urge la buena poesía pues, para no caer en lo superficial disfrazado de bueno,  en la barbarie.
Por ahora  la cantidad esta superado a la calidad fenómeno lógico a primer instancia, aunque al final de la partida; Cervantes, Shakespeare Whitman, Darío, Dante, Hugo, Poe saldrán  triunfadores de la mano  de los nuevos grandes escritores: Neruda, García Márquez, Frost etc. No olvidemos que  los mas tecnificados esta ganando la partida por ahora…pero solo es cuestión de tiempo. Como las hojas de otoño serán barridos por el viento. Y serán vendidos en los “garaje sale” del mundo a centavos el volumen.  

Aunque se masifiquen los poetas y escritores, al final solamente pasaran a la historia los verdaderos, los genuinos. Los hombres que con el dolor de su desesperación proyecten la misteriosa verdad que deja huellas profundas en las almas sensibles. Y sus versos marcan el ritmo de la literatura.

He aquí este texto visionario, hermoso, valioso de Octavio Paz (México 1914-199, premio Nobel de  Literatura  1990.  

                                       
LEGITIMA DEFENSA


La esplendida constelación poética que forman, entre otras obras admirables, Trilce, Altazor, Residencia en la tierra, Muerte sin fin, Nostalgia de la muerte, no parece haber sido substituida por un sistema estelar de magnitud semejante. Entre la luz de esos grandes nocturnos y la poesía solar que acaso se prepara ya en alguna parte de America, hay un espacio neutro. Hora indecisa. Más en los últimos años han brotado, aquí y allá, signos y anuncios de una nueva etapa poética. En Cuba el grupo de “Orígenes”: Lezama Lima, Vitier, Eliseo Diego. En Perú, en torno a la desaparecida revista Las Moradas animada por Westphalen, y César Moro. En Buenos Aires, la poesía luminosa y fácil de Enrique Molina (fácil en el sentido en que son fáciles de crecer del árbol, la vegetación del mar o la sucesión de imágenes del sueno), el decir concentrado y ascético de Guirri, el boscoso lenguaje-ora sombrío ora brillante-de Eduardo Lozano. En Chile, Nicanor Parra, Braulio Arenas, Anguita, Gonzalo Rojas…       

Y cerca de nosotros, en la pequeña Nicaragua, un grupo de poetas que recogen el ejemplo de Salomón de la Selva: Coronel Urtecho, el iniciador, que “si no ha creado muchos poemas, en cambio ha creado a varios poetas”; Joaquín Pasos, gran talento poético que antes de morir canto la rebelión de las cosas, como en el Popol Vuh; Pablo Antonio Cuadra y tres jóvenes: Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal y Ernesto Mejía Sánchez. Cada uno distinto. Cada uno poseído por su propia palabra poética, dueña de un pico que desgarra y de un ala que deslumbra. Mejía Sánchez inventa exorcismos para librarse de la suya, sin conseguirlo. Cardenal la hecha a volar, palabra colibrí. Martínez Rivas la pule como un arma. Cada uno distinto, pero todos inclinados hacia el abismo, porque “de lo seguro salieron a reposar en lo inseguro”, según dice Martínez Rivas. Atentos a esa palabra que “como lomo de paloma amarillea” y se resiste a la domesticidad y 

Vuela saca la uña duerme
Vive ahí
¿en donde?- ¡aquí aquí!, en el entornado
desierto mundo del amanecer.


Ahora tras años de vagabundeo (dudando siempre entre “aprender asentarse y empezar a tener una cara” o continuar la lucha con la poesía sin incurrir en el poema”, con un gesto contradictorio, hosco y cordial a un tiempo, Carlos Martínez Rivas, nos ofrece su primer libro: La insurrección solitaria. ¿Una nueva versión del poeta rebelde? Si y no. Rebelión y aislamiento pero también búsqueda y reconocimiento a si mismo y del mundo. A diferencia de otros rebeldes, Martínez Rivas no quiere ser dios, ángel o demonio; si pelea, es por alcanzar su cabal  estatura de hombre entre los hombres. Su rebelión es contra lo inhumano. La rebelión solitaria en legítima defensa, pues ahí enfrente, actual y abstracta como la policía, la propaganda o el dinero se alza

La ola de la Tontería, la ola
Tumultuosa de los tontos, la ola
Atestada y vacía…


El joven lucha contra la ola con uñas y dientes y palabras. Sobre todo con palabras, únicas armas del poeta. Palabras sacadas de su “propio negro corazón tornasol”. De si mismo saca los signos del poema, “las letras de hoy, los calamares en su tinta” y los ve saltar, negros sobre lo blanco del papel, y se hunde en ellos, y nada, traga amargura, rabia y amor, hasta que nace el canto “crédulo” e irritado”. Credulidad del canto puro, que entona con voz segura, aunque irritada, el poeta. Fidelidad a su palabra, “a su pentecostés privado”, mientras retornan “esos tiempos que el hombre ya ha conocido antes”. La poesía de Martínez Rivas es un canto de espera, un canto de presente entre los tiempos de antes y los venideros.

Esos tiempos de antes son los de la palabra en común que han de volver. Martínez Rivas escribe para ellos desde su hoy presente, desde su agujero de escorpión, desde su nido de águila. Escribe solo, “retirado a su tos” porque hoy “la juventud no tiene donde reclinar la cabeza”. Una y otra vez el joven se pone en pie, sale, rompe a hablar, toca con aire atónito el pecho de la gran diosa dormida, “piedra vestida por la sombra y desnudada  por el sol”.Y luego vuelve a si mismo, vuelve a lo mismo: al cuerpo a cuerpo con la palabra, a su vocación de asir lo inasible, a acechar el mínimo remolino de la savia que avanza y estalla en frutos. A lo mismo de siempre: a dar nombres hermosos al caos amenazante. Un joven mas entregado a la poesía; un nuevo, verdadero poeta -y la segura promesa de un gran poeta; y la lucha contra el amanecer y sus ruidos obscenos; y el empezar de cada día, inerme ante el idioma enemigo. Empezar y volver a empezar. La atroz y renovada profecía de Rimbaud: “Vendrán otros horribles trabajadores y comenzarán por los horizontes en donde el otro ha caído” Carlos Martínez Rivas es un de ellos.  

México, 1954.

(Octavio Paz, Las peras del Olmo, Seix Barral. Biblioteca breve, Primera edición 1957, Barcelona, España)

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