22 de enero, el recuerdo de una masacre







Por Roberto Samcam

Versión HTML


El día de mañana domingo 22 de Enero, se cumplen 45 años de la masacre perpetrada por la Dictadura Somocista al pueblo opositor nicaragüense, que se manifestaba en las calles de Managua, coincidentemente también un día domingo, exigiendo el fin del gobierno autoritario, anti democrático y dictatorial, encarnado en la figura de Anastasio Somoza Debayle, quien estaba amparado en la institución castrense a su servicio personal: la Guardia Nacional; apañado por un partido al que había convertido en una agrupación partidaria al servicio de su familia: el Partido Liberal Nacionalista; respaldado por las Instituciones del Estado a las que había cooptado a mas no poder para ponerlas su disposición, de su familia y del grupo de adláteres que conformaban la cúpula gobernante y con la complicidad de una clase empresarial, que en el mas oportunista “comed y comamos”, siempre, o casi siempre, compartía el festín con el dictador.

Corrían los primeros días de aquel Enero fatídico de 1967 y la oposición política agrupada en la Unión Nacional Opositora, UNO, preparaba una multitudinaria manifestación en la Avenida Roosevelt, demandando la suspensión temporal  de las elecciones debido a la falta de garantías del proceso electoral. Entre otras cosas se exigía una reforma a la Ley Electoral, reestructuración del Tribunal Nacional de Elecciones y la garantía de que los comicios fueran creíbles, libres y transparentes. Para el 5 de Febrero siguiente estaban previstas las elecciones en las que los principales contendientes eran el Dr. Fernando Agüero Rocha por la UNO y el General  Anastasio Somoza Debayle por el oficialismo. Meses atrás había fallecido el Presidente de Nicaragua, el Dr. René Schick Gutiérrez, 8 meses antes de la finalización de su mandato y había sido sustituido por el Dr. Lorenzo Guerrero Gutiérrez para finalizar el mismo. Somoza Debayle, General de División, era el oficial de más alto rango en la Guardia Nacional y había depositado en la Presidencia de la República la Jefatura de la misma, una mera formalidad, pues de hecho era él quien tenia control absoluto del cuerpo armado.

De acuerdo a las crónicas de la época, la situación se salió de control cuando un supuesto francotirador abatía al Teniente Sixto Pineda Castellón, desatándose el maremágnum que concluiría con un número de muertos que al día de hoy nadie ha podido cuantificar. Se habla de 1000 a 1500 los caídos en esa masacre. Convenientemente, los servicios de inteligencia del dictador informaban que el francotirador era David Tejada Peralta, Ex Teniente de la GN y militante sandinista. Dentro de los que fueron detenidos posterior a la masacre, algunos de ellos refugiados en el Gran Hotel, se encontraban el Dr. Fernando Agüero, el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, asesinado 11 años después a pocas cuadras de aquí, Herty Lewites, Edén Pastora, Samuel Santos, Danilo Aguirre Solís, entre otras personalidades políticas.

Tal a como se esperaba, las elecciones se llevaron a cabo, fraude de por medio, y el triunfador de las mismas resultaba quien también ya se esperaba, Anastasio Somoza Debayle. Era el epílogo de la crónica de una muerte anunciada, pues todos sabían que el fraude preparado por Ortega… perdón, por Somoza, no dejaba al Dr. Agüero la mínima posibilidad de triunfo, independientemente del arrastre que concitaba el líder conservador y el mayoritario repudio al somocismo que embargaba al pueblo nicaragüense. Se imponía la voluntad continuista de la familia Somoza, quienes, para guardar las apariencias, respetaban en estos casos el marco constitucional, al poner de por medio entre cada reelección, a un títere. Dos meses después, el 13  de Abril, moría el segundo de la dinastía, Luis Somoza Debayle. Cuatro años más tarde, el Dr. Fernando Agüero Rocha suscribía el pacto del Kupia Kumi con Anastasio Somoza.

¿Qué motivó la existencia del 22 de Enero de 1967 en la historia negra de nuestra patria? Primero, habría que señalar la ambición desmedida de un dictador, de una familia y de una cúpula de incondicionales, que vieron en el uso y abuso del poder, la vía más fácil y rápida para su inmoral enriquecimiento a costa del erario público.Segundo, el afán continuista y reeleccionista de los Somoza, para poder garantizar la permanencia en el poder y el acceso a las generosas arcas del estado. A esto se le sumaba el correspondiente mesianismo, que vinculaba dicha permanencia en el poder a una especie de destino manifiesto, a casi un mandato divino de ejercer el poder por siempre y para siempre. Tercero, una clase política, propia y ajena, parasitaria, tradicionalista, medradora de las migajas del festín, pactista, prebendaria, ventajista y sinvergüenza. El partido convertido en propiedad familiar, al servicio de la familia. La oposición, vía pacto, rendida por unos cuantos pesos. Cuarto, una casta empresarial afanosa del florecimiento de sus negocios, lo cual no era discutible, pero si esto implicaba el cercenamiento de las libertades más elementales de los nicaragüenses, no solamente era discutible, sino condenable, ya que se volvieron cómplices o colaboradores necesarios para que también haya florecido la dictadura. Quinto, el desmantelamiento de la institucionalidad del país, convirtiendo a las instituciones en reductos partidarios, por un lado, en minoría, los conservadores, por el otro, en mayoría, los somocistas. Un reparto de roles conveniente para ellos, pero no para el país. Sexto, la institución armada convertida en una guardia pretoriana al servicio exclusivo del dictador, confundiendo, por conveniencia y necesidad, los intereses partidarios, personales y familiares, con los intereses nacionales. Y finalmente, un pueblo cansado de luchar infructuosamente, de ser traicionado por la clase política, de sentirse a merced del dictador al ver truncada la posibilidad legal y constitucional de cambiarlo por la vía de los votos, ya que, o no se contaban bien o simplemente eran escamoteados en elecciones fraudulentas. Un pueblo mediatizado por la sensación de la bonanza económica, cierta o no, pero que la predicaban hasta la saciedad los corifeos del régimen. El decálogo Goebeliano siempre en acción.

Al volver la vista atrás, a 45 años de distancia, la historia parece repetirse. El mismo escenario continuista con diferentes actores. Esta vez, posiblemente, el modelo de represión mas sutil o quizás mas selectivo. Los mismos errores del somocismo, quizás ahora cometidos con mayor desparpajo. La misma, o peor aun, ambición de poder y de riquezas. El mismo esquema fraudulento para revertir la voluntad popular. Ojalá y que este Deja Vú de la historia no repita el triste final, pues 12 años después de la masacre del 22 de Enero, el pueblo entero se levantaba en montañas, campos y ciudades para dar al traste con la dictadura somocista, aunque por lo visto, desaparecieron los Somoza pero no el espíritu del somocismo, que se pasea victorioso en nuestro país. 

Del Blog de Roberto Samcam


Comments