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¿Tienen los sandinistas su propia versión del Archivo de Odessa?

¿Tienen los sandinistas su propia versión del Archivo de Odessa?







Por Roberto Escobedo Caicedo

Frederic Forsyth es uno de los más laureados novelistas de todos los tiempos. En cada una de ellas destacan el suspenso con que mantiene a los lectores, por lo que se le considera gran maestro del thriller. Desde el "Día del Chacal" hasta el "Afgano", pasando por el "Archivo de Odessa", "Los Perros de la Guerra", "La Alternativa del Diablo", "El Negociador" y "El Testamento Negro", además de otras publicaciones menores, ha marcado un hito en la literatura universal. Todas sus publicaciones han merecido el honor del celuloide y de su proyección en la pantalla chica.

"El Archivo de Odessa", como bien explica el autor de esta novela de carácter histórico, no se refiere a nada que tenga lugar con el puerto ruso de Odesa en el Mar Negro, sino que es la abreviatura en lengua germana para designar la lista de los grandes verdugos nazis de los campos de concentración y exterminio, donde millones de personas inocentes fueron gaseadas con Zyklon B y luego cremadas en las instalaciones de Auschwitz, Treblinka, Sobibor, Majdanek, Belsen, Riga, Sachsenhausen, etc. Todos estos pertenecieron a las fatídicas Shutzstaffeln Totenkoepf Verbaende, que eran las tropas de élite de los guardias de asalto conocidos como "Las Calaveras", encargados de la custodia de los prisioneros en los campos de la muerte anteriormente mencionados.

Muchos de ellos lograron escapar de las manos de las tropas aliadas a medida que avanzaban por los países ocupados por la Alemania Hitleriana y el propio territorio alemán, ya sea empleando documentos legales pero con nombres falsos, utilizando el llamado "Pasillo Vaticano", terminando sus respectivos periplos en países sudamericanos, principalmente Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. Unos pocos, lograron refugiarse y establecerse en la España franquista.

Terminada la segunda guerra mundial con la capitulación incondicional de la Alemania Hitleriana, las potencias vencedoras establecieron la ineludible obligatoriedad de conceder una pensión de jubilación a los sobrevivientes de los campos de concentración y exterminio, lo que les permitía sobrevivir precariamente. Frederic Forsyth, para desarrollar su novela del "Archivo de Odessa", escoge a uno de esos judíos, Solomon Tauber, que sobrevivió a todas las torturas en el campo de concentración de Riga y que traba amistad con otro sobreviviente. Después de recibir cada uno de ellos su modesta pensión de ayuda concedida por la República Federal de Alemania, acostumbraban pasar el resto del día conversando en un parque cercano donde consumían una modesta comida.

Hasta que un día, el amigo de Solomon Tauber no se encuentra con él como era lo convenido. Lo espera durante horas y no se aparece. Decide dar parte a la policía y estos investigan que Tauber sí llegó como de costumbre a retirar su modesta pensión, por lo que dedujeron que había regresado de inmediato al lugar en que pasaba sus últimos días. Los vecinos informan a los detectives que ese día, Tauber se había suicidado, abriendo la llave del gas empleado para la calefacción y que se habían llevado sus restos.

Un periodista que ejercía la profesión al estilo, free lance, se interesa por el caso y en la policía le entregan una especie de diario que llevaba Solomon Tauber. En la última página explica por qué tomo la decisión de suicidarse. Cuando cruzaba una calle, de camino al parque para reunirse con su amigo, en una parada en la intersección de varias calles hay semáforos. Observa con mucha atención un lujoso Mercedes Benz que se detiene, con un chofer uniformado y en el asiento de atrás distingue muy bien al pasajero. Le recuerda la imagen de un viejo conocido, directamente responsable de todas sus desgracias, muy bien vestido y con un costoso sombrero. Se trataba nada más ni nada menos que del Oficial de las SS, Edouard Rosschmann, conocido como el "Verdugo de Riga", responsable de los asesinatos de miles de judíos, partisanos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, etc.

Solomon Tauber sufre tremendo trauma al comprobar la vida miserable que lleva con la de su antiguo verdugo, rodeado de toda clase de lujos. Llega a la conclusión que la justicia que había estado esperando durante tantos años, nunca castigará a Rosschmann. Es, entonces, cuando decide suicidarse, cerrando el diario que llevó preparando durante tanto tiempo. Pero el periodista lo lee completamente, llegando a la conclusión que por un relato incluido cuando las tropas alemanas se retiran de Riga ante el avance del Ejército Rojo, fue el propio Rosschmann quien asesinó a su progenitor, que era Capitán de la Whermacht o sea del Ejército Alemán. Se consagra a partir de entonces a tiempo completo a buscar el "Archivo de Odessa", donde están las listas de los verdugos nazis prófugos de la justicia internacional, con sus alias, empresas y direcciones. Hace público dicho Archivo, provocando la estampida de los verdugos nazis que se encontraban en sudamérica y España. El propio Roschmann decide esconderse en lugares selváticos de Brasil o Paraguay, perdiendo sus empresas en Alemania y España. Forsyth es amenazado de muerte por los verdugos nazis sobrevivientes, pero nunca logran asesinarlo.

A partir del 19 de julio de 1979, una gran cantidad de falsos revolucionarios sandinistas se dedicaron a imitar a las Tropas SS de la Totenkoepf Verbaende, con los miles de prisioneros políticos que eran capturados como presuntos somocistas, por haber sido denunciado por oportunistas, enemigos personales y sus propios vecinos que querían "recuperar" sus pertenencias. Surgió así el famoso y fatídico Sistema Penitenciario Sandinista (SPS), a siendo su primer Director General un antiguo somocista, Francisco de Asís Fernández Arellano, alias "Chichí", el que se rodeó de una cohorte de psicópatas, destacando entre ellos Federico López Argüello, Valerio J. González C., alias "Antolín", etc., mientras en la superestructura del terror, estaba el fundador y primer Director General de la Dirección General de Seguridad del Estado, Hugo Torres Jiménez y sus más cercanos secuaces, Raúl Cordón Morice, alias "El Negro"; Enrique Gorriarán Merlo, alias "El Pelado"; Hugo Irurzún, alias Capitán "Santiago", el Ché Walter; el Ché Manuel, etc.

En la Cárcel "Modelo", de Tipitapa, que constaba de celdas individuales para 1 mil quinientos detenidos, mantenían en el mayor hacinamiento, muertos de hambre, carentes de asistencia médica, con el agua potable racionada y sin que permitieran que los familiares de los reclusos les llevaran alimentos, artículos de aseo personal, totalmente aislados del mundo enterior, más de 10 mil prisioneros. Los interrogatorios se hacían al filo de la media noche, abundando la torturas de toda índole, lo que provocó la muerte de muchos de ellos, además de las ejecuciones extrajudiciales. Otro tanto ocurría con los galerones de la Zona Franca Industrial, adyacentes al aeropuerto internacional "Las Mercedes". A estos hay que agregar los que se encontraban en las mismas condiciones a los detenidos en cárceles departamentales y en casas de seguridad, previamente confiscadas a sus legítimos propietarios.

Como amo y señor de esos campos de muerte y exterminio se encontraba Francisco de Asís Fernández Arellano, alias "Chichí", natural de la ciudad de Granada. Era el que estableció las medidas punitivas que debían aplicarse a todos los detenidos. Los recursos de Habeas Corpus eran letra muerta. El tiempo de detención para propósitos de investigación eran indefinidos. Cuando comenzaron a funcionar los famosos Tribunales Populares integrados por delincuentes del fuero común, los primeros que comparecieron procedentes de esas cárceles, parecían cadáveres ambulantes, similares a los que se encontraron los soldados británicos y norteamericanos cuando llegaron a los campos nazis de Auschwitz y Birkenau con los sobrevivientes que estaban vivos en condiciones infrahumnas y que no lograron gasearlos por falta de tiempo. Fue entonces cuando el General Eisenhower, Comandante Supremo de las fuerzas aliadas en Europa, ordenó que filmaran y fotografiaran todos esos crímenes de lesa humanidad, para que luego no dijeran que eran mentiras para desacreditar el régimen hitleriano.

Entonces, los verdugos sandinistas ordenaron que se aplicara la "operación repasto", consistente en alimentar a los prisioneros, pero a expensas de sus familiares. Fue cuando permitieron que les llevaran alimentos, medicinas, ropa y artículos de aseo personal para que estuvieran un poco presentables para su comparecencia en los Tribunales Populares, donde todos eran condenados en medio de la mayor indefensión, en auténticas parodias de juicios a 30 años de privación de libertad.

Para maquillar tales crímenes que repugnan a la conciencia de todas las personas civilizadas, la Dirección Nacional del FSLN y sus títeres de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, decidieron crear la Comisión Sandinista para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, designando como Presidente de la misma a la Doctora, Vilma Núñez de Escorcia, la misma que hoy tiene igual cargo en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH). Sus funciones eran presentar en los organismos internacionales, como Amnistía Internacional y la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, que el régimen sandinista respetaba celosamente los derechos humanos de todos los prisioneros y que todas las denuncias hechas al respecto, por el Licenciado José Esteban González, Secretario Ejecutivo de la Comisión Permanente de los Derechos Humanos, de Nicaragua, como vulgar propaganda del imperialismo yanqui. Con la Doctora Núñez de Escorcia colaboraba estrechamente otro verdugo sandinista, Omar Cabezas Lacayo, actual Procurador de Derechos Humanos de Nicaragua.

Guillermo Mendieta Chávez, fue Coronel de la Guardia Nacional de Nicaragua y por sus actividades conspirativas, fue dado de baja por conveniencia de la respectiva institución. Colaboró con los sandinistas, siendo su delegado ante los grupos de terroristas palestinos, iraquíes, iraníes, etc. Cuando se dio cuenta que sus antiguos compañeros de armas estaban siendo sometidos a toda clase de torturas y ejecuciones extrajudiciales, rompió con sus nuevos compañeros de aventuras. Escribió un libro, "Militares Centroamericanos: Centuriones a Sueldo". Denuncia que los "ajusticiados" eran enterrados en fosas clandestinas ubicadas en terrenos de la finca "América", situada en las inmediaciones de la Cárcel "Modelo" de Tipitapa, propiedad de la familia Bárcenas Levy. Este es un testimonio rendido por uno de los que colaboró muy estrechamente con los sandinistas, tanto durante el período de la clandestinidad como en los primeros años de la dictadura terrorista del FSLN.

La lista de los verdugos y genocidas sandinistas que esperan su merecido castigo, como Hugo Torres Jiménez, primer Director General de la superestructura del terror, la DGSE; Vilma Núñez de Escorcia, Presidente de la Comisión Sandinista para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos; Omar Cabezas Lacayo, Procurador de Derechos Humanos de Nicaragua y, sobre todo, Francisco de Asís Fernández Arellano, alias "Chichí", primer Director General del Sistema Penitenciario Sandinista, es interminable. Todos estos y muchos más han de figurar en la lista de verdugos sandinistas del equivalente del "Archivo de Odessa".

¿Cómo es posible entonces, que "Chichí" Fernández, figure ahora como el organizador de la Feria Internacional de la Poesía, como Edouard Rosschmann, el verdugo de Riga, poderoso industrial que hizo su capital en la República Federal de Alemania, no hayan recibido todavía su merecido castigo?

Más temprano que tarde se conocerá en Nicaragua la versión nicaragüense del "Archivo de Odessa". Se conocerán entonces los nombres de todos los que hicieron posible el régimen de terror indiscriminado que implantaron en nuestro país los falsos redentores de todos los humildes y explotados. Saldrán a relucir los nombres de altos funcionarios del Estado,  Oficiales de la Policía y Ejercito Popular Orteguista, ejecutivos bancarios, empresarios privados, etc.

Posiblemente, los miembros de la organización que escogen al que le adjudicarán el premio español, Príncipe de Asturias, investigaron quién es Francisco de Asís Fernández Arellano, alias "Chichí", por lo que decidieron no concederle al mencionado Festival de Poesía, tan alta distinción internacional en el mundo de las letras. 

¿Cuántas victimas del terror desatado por los nueve Comandantes de la Revolución Popular Sandinista y sus títeres de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, cuando miran a los antiguos verdugos vivir en lujosas mansiones de varios pisos, con piscinas, desplazándose en lujosos coches Mercedes Benz y camionetas último modelo, no habrán pensado también en el suicidio, como antaño lo hiciera, Solomon Tauber?


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