¡Suba a bordo, carajo!







"Suba a bordo. ¡Es una orden!. Usted abandonó la nave, ahora mando yo. ¡Suba a bordo! ¿Está claro? ¿Me oye?", le reclamaba por radio el capitán Gregorio De Falco a Francesco Schettino, el capitán del Costa Concordia, mientras éste miraba desde tierra el hundimiento del barco. La dramática conversación de ambos capitanes que se filtró a los medios, no sólo destapó los extremos de la tragedia del crucero sino que abrió un debate nacional en Italia. Para los medios italianos y sectores de la sociedad, ambos capitanes, héroe y villano, reflejan dos caras del país.

Un juez ordenó este miércoles arresto domiciliario para Schettino. "De Falco, el capitán modelo", titulaba el Corriere della Sera. "Él es la verdadera Italia", acuñaba La Repubblica mientras en redes sociales como Twitter o Facebook se leían mensajes como: "Gracias a Dios que por cada Schettino que hay en Italia hay un De Falco". Hasta la frase del comandante del puerto de Livorno, "Vada a bordo, Cazzo! (¡Suba a bordo, carajo!), ha comenzado imprimirse en camisas.

De Falco, responsable de la capitanía del puerto Livorno, es un respetado marinero que ante la avalancha de calificativos de héroe ha preferido guardar discreción. "No soy un héroe. Mi voz era la voz de todos los marineros, la voz del mar, que exige respeto y no tolera errores", comentó el comandante después de que se filtrara la conversación este lunes. Para entonces Schettino ya estaba arrestado y la cifra de muertos ascendía a once. Desde el choque del Costa Concordia contra un arrecife de la isla de Giglio el pasado fin de semana, las actuaciones del capitán se han ido desvelando poco a poco, se informó en un reportaje de BBC Mundo. La evacuación de los 4.300 pasajeros del crucero se ordenó una hora después.

Carta Bodán


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