¿Por qué no se unieron?







Por Mauricio Blandón N


Frecuentemente, la gente se pregunta por qué la oposición de Nicaragua no se constituyó en un bloque unido para las elecciones presidenciales de noviembre. Dada la dificultad de responder certeramente tal cuestión, se puede utilizar el recurso de la conjetura, esto es, el método conocido popularmente como “atar cabos”. Así, por ejemplo, ante la imposibilidad de estar seguros en un cien por ciento de que el agua está caliente, si vemos salir vapor de la cafetera entonces concluimos inmediatamente que el agua ya hirvió. Otro ejemplo: no hace mucho, un reconocido miembro de la clase política utilizó la singular frase de que “la calle está dura”, refiriéndose al gran apego de los políticos por altos puestos de trabajo en el Estado y lo que representan (excelentes salarios y prebendas, seguridad personal hasta contra los zancudos, chofer y gasolina, etc.). Siguiendo el método “atar cabos”, deduciríamos que a los políticos nicas los mueve fuertemente el factor económico y su status social.

A esto podríamos agregar las sorprendentes declaraciones que dieron dirigentes de algunos grupos políticos a principios del proceso electoral sobre negociaciones de adhesión con los partidos mayoritarios. Afirmaron, sin sonrojo, que un partido había “ofrecido más que otro”, como si se tratara de transacciones mercantiles y no de negociaciones políticas.

Dice don Emilio Álvarez Montalbán, en su libro Cultura Política Nicaragüense: “debe tomarse en cuenta que la atracción por formar parte del poder está asociado con el deseo, en la mayoría de los casos, de hacer una carrera política que les asegure un modus vivendi.”  Además, no olvidemos que la oposición al régimen actual está compuesta por hombres de gran trayectoria. Son políticos con mucha experiencia. Entonces es obvio que saben lo que están haciendo y sus decisiones son racionales e inteligentes, ¿verdad? En la actual coyuntura, existen grupos opositores que en las encuestas no alcanzan el 10% y otros que no llegan ni al 2% del voto posible, mientras que otra agrupación repunta con un soberbio 30%. Si los intereses de la oposición fueran ideológicos, entonces sería lógico esperar que el pequeño renunciara para que el mayor tenga más probabilidades de triunfo. Para cerrar el panorama, está el contenido político del proverbio “divide y vencerás”. Al partido gobernante le conviene una oposición dividida para ganar. Por ello, entre bastidores mueve sus influencias sobre los grupos pequeños con algunos señuelos político-económicos.
 
Obviamente, podríamos conjeturar sobre las razones que tuvieron los llamados partidos de la oposición para no unirse. Incluso, posiblemente consideramos que una fuerza poderosa les impidió ver la luz al final del túnel. De ser así, podemos dividir a la supuesta oposición al partido gobernante  en dos: la verdadera, con posibilidades reales de vencer al adversario --encabezada por Fabio Gadea--, y, la otra, cuyo fin estaría fuera del campo ideológico y obedecería más a intereses personales que a aspiraciones colectivas, o sea, estaría más ligada al mencionado concepto de lo duro que está andar por sus “calles”.



Comments